Rincones de Bilbao. Imagen de la ciudad futura. Por: Iasone Cañada. El Arte y la Técnica. Lawrence Malstaff. Por Pilar Moreno.

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Hoy es un día frío y soleado, de los que apetecen. Un día en que pasear es una delicia. Coincide que últimamente, mi recorrido atraviesa una zona de obras ubicada en un lugar muy especial. Cerca del Guggenheim, del museo de Bellas Artes, del parque, de la Ría, y a un paso de Deusto ( Iasone Cañada).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Se define el arte como el medio de expresar ideas y emociones. La intención del artista con su obra es involucrar al espectador provocando su sensibilidad.

Una muestra de esto lo presenta Lawrence Malstaf, ganador del premio Witteveen-Bos para “Arte y Técnica 2008”, en la iglesia Bergkerk en Deventer, Holanda.Ya desde el primer momento Lawrence Malstaf consigue despertar la curiosidad y el interés con cada una de sus obras expuestas ( Pilar Moreno).

 

 

 

 

 

 

 

Bilbao:  Obras y otras expresiones Callejeras. Imagen de una Ciudad. Por: Iasone Cañada Zorrilla.

 

 

 

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Extraordinario enclave. ¿Qué construirán ahí? Como es un camino que generalmente hago en autobús, mi atención vuela sin otro quehacer que disfrutar del viaje. Por eso me he quedado pensando ¿Qué me gustaría que se edificara en tan hermoso lugar? ¿Si tuviera una varita mágica, que sueño podría realizar? Viajar en autobús tiene de bueno, que el trayecto, dure lo que dure, es un tiempo para una misma. Sin presión ni agobios, dedico pues estos momentos, cada día, a pensar en ese posible sueño… que difícil encontrar la respuesta. ¿No es acaso la ciudad en la que vivo? ¿Cómo no sale la respuesta al instante?…

 

 

 

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Borro las prohibiciones psico-sociales y me lanzo a buscar la respuesta sin más. ¿Que me falta en Bilbao? Vivir en una ciudad como ésta, en un piso, supone una cadena de situaciones que sin quererlo, me pueden asfixiar. Las normas de conducta, de vecindad, de comunidad, necesarias para el buen hacer diario, pueden ser claustrofóbicas y arruinar la salud. Si me levanto temprano, ya en mi conciencia semidormida esta la alerta naranja de “no hacer ruido”. Aunque esta norma, según quien te ha tocado al lado, arriba y abajo, tiene que perdurar las 24 horas del día, hay momentos de máxima alerta. Y esa alerta deteriora mi salud ya que pone un piloto exterminador en muchos de los actos cotidianos, que debiendo ser espontáneos hay que pensarlos…TODOS. Cuidado de no derrochar el agua, separar la basura, elegir que se desayuna, come y cena con osadía por aquello de “los males de la edad”, tan variados y terribles. Buscar una hora para andar… Puede ser que una necesite llorar desgarradoramente o gritar furiosa, pero tampoco. ¡Vaya revuelo! ¡Que pensaran en el vecindario! Todo se oye al fin y al cabo.

Miro al cielo, que también está en obras. O eso parece.

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Así que… ¿que me gustaría que se construyera allí? Me gustaría un edificio que ofreciera la posibilidad de explotar sin molestar a nadie. Un espacio donde ser y estar como me de la gana y donde sentirme libre, voladora. El edificio por fuera sería de formar suaves y precisas…Hummm lo imagino al estilo de Gaudi. ¡SI! Esas formas, esos colores, esas mezclas de materiales y vidrieras…ese diseño de interior sinuoso y sorprendente. Siempre distinto para cada rincón, tan bello, tan extraordinario. Tan único. (Ojala hubiera conocido a Gaudí. Cuando veo, ando y toco sus edificios, le siento como un alma gemela, con el don de materializar mis utopías más extraordinarias…)  

Por dentro lo imagino como un paseo que ofrece lo que cada cual necesita. Esta la música, el arte, los 5 elementos, la naturaleza. Como una selva dentro de otra selva, que es esta ciudad (o cualquier otra). Y escondidos por los rincones y ya a un nivel mas practico, unas salas en las que cada cual elige la manera en que necesita expresar aquello atrapado dentro de una misma.

 

 

Atrapado en la garganta, en las manos, en cada célula de su ser.

Puede ser que una necesite romper cientos de platos, o lanzarse atada a una goma y rebotar por las paredes acolchadas.

O quizá coger una guitarra eléctrica, adecuar la vestimenta y la voz y delante de un micrófono, sentirse la reina del escenario.

O… llorar y gritar todo aquello que capa a capa ha ido ocupando un lugar en el alma, haciéndola pesada y dolorosa.

Un edificio, pues, en el que una entra de una manera con la esperanza y la determinación, de salir de otra.

 

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Cuando este futuro psico-edificio-social, algún día se construya y este lleno de gente, por fuera se verá un resplandor que cual arco iris, iluminara los corazones de la ciudad en un segundo. Al ritmo de las almas libres, prestas para lo que tenga que llegar.

Un nuevo latido formara parte de la singular arquitectura humana que lo habita.

 

 

 

 

 

 

 

El Arte y la Técnica. Lawrence Malstaff.  Otra Manera de Sentir el Arte. Por : Pilar Moreno.

 

   (El artista en 2002 en Copenhague)*

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Se define el arte como el medio de expresar ideas y emociones. La intención del artista con su obra es involucrar al expectador provocando su sensibilidad. En este caso podemos decir que el arte experimenta con los sentidos y estos, el oído, el olor, el tacto e incluso el gusto son los que juegan un papel importante en su apreciación. Otra manera de sentir el arte es desde el impacto que puede tener lo expuesto en el espacio donde se encuentre, a través de vibraciones, energías, aires, sonidos o movimientos. Una muestra de esto lo presenta Lawrence Malstaf, ganador del premio Witteveen-Bos para “Arte y Técnica 2008”, en la iglesia Bergkerk en Deventer, Holanda. La mayoría de sus obras tienen como finalidad ser “vividas” y hacen experimentar al visitante la sensación de “estar en el centro” -being in the middle- de esa vida, siendo una parte de lo que acontece, y experimentarlo desde el interior de lo presentado como protagonista activo. Con ayuda de nuevas tecnologías da a conocer la armonía interactiva existente entre el objeto y el hombre, uniendo el mundo tecnológico con un deseo romántico de intensificar nuestras experiencias. El significado, las formas o el material no es el principal elemento de lo expuesto, sino el poder que tiene como catalizador de sensaciones a través de mecanismos invisibles de movimientos.

 

 

Lawrence Malstaf nació en 1972 en Brujas, Bélgica, y estudió Diseño Industrial en el instituto Henry van de Velde en Amberes, y ha expuesto en un gran número de ciudades europeas, Paris, Barcelona, Viena, Copenhague, Ámsterdam. Su obras están entre lo plástico y lo teatral; quien las visita experimenta situaciones concretas o abstractas, pero una vez que están en funcionamiento te sentirás transportado a un mundo de milagros, donde las experiencias más raras te estarán esperando.

 

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Ya desde el primer momento Lawrence Malstaf consigue despertar la curiosidad y el interés con cada una de sus obras expuestas. En la nave central de la iglesia están dos cintas transportadoras en movimiento que me hacen pensar en las que se emplean para el equipaje en los aeropuertos, pero en lugar de maletas soy yo la que tendida de espaldas me veo reflejar en dos grandes espejos colgados encima de las cintas. Es la “máquina de relajación”, nombrada así por la inquieta y provocadora lentitud de funcionamiento de las cintas, en contraste con lo acelerado con que efectuamos cualquiera de nuestras ocupaciones diarias. Un poco más adelante se encuentra el “Observatorio Nemo”. Sentada en un sillón en el interior de un enorme cilindro transparente, pulso un botón y pongo en marcha un tornado de bolitas blancas de poliestireno. Es como sentirse en el centro de un ventarrón que gira a mi alrededor con un zumbido refinado. En otra de las naves de la iglesia, me sobresaltan los movimientos inesperados e imprevistos de una larga tira de metal que se retuerce lentamente, y que me hace imaginar un animal en acecho. Cada sonido que produce el metal se refuerza en el espacio abierto de la iglesia.

 

bergkerk11 Son obras que exigen espacio, y lo expuesto en Deventer nos deja ver una parte importante del trabajo de Malstaf. Pero no todo son piezas grandes: en la habitación de la torre de la iglesia hay una pequeña instalación con agua en movimiento donde se proyecta un retrato del siglo XVII de una mujer. Su boca es el centro del remolino que forma el agua, y la sensación es de ser arrastrados hasta el interior. También aquí están los sentidos despiertos por el movimiento y el sonido del agua.

 No son pues imágenes estáticas o instantáneas las de esta exposición; son mecanismos que inician un proceso y ponen en movimiento agua, aire, materiales, sonidos. Son instalaciones vivas que realizan sus funciones en el momento que determina el visitante con un resultado que varía cada vez. Como dice Lawrence Malstaf : “se puede comparar con las olas del mar, no hay ninguna igual, son todas diferentes. Así es también el mundo que nos rodea, la vida no la puedes dominar y tenemos que ir adaptándonos continuamente a largos o cortos momentos de tensión”.

 

 

 

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* La fotografía del autor está tomada de esta  web .*

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