Significado y Realidad: Solo Palabras. Por: Macías Berenguer Ivars

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Las palabras se ciñen a la realidad, (de ahí que el esquimal tenga distintos términos para nombrar la nieve), y las nuevas realidades también crean vocablos, (de ahí los neologismos y las discusiones que engendran los mismos… Tenemos el lenguaje figurativo con el que acicalamos las ideas o les ponemos antifaz, y los eufemismos, con los que bruñimos la denotación hosca. No obstante, no os llevaré por estos derroteros. (Macías Berenguer).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Significado y Realidad: Solo Palabras. Por : Macías Berenguer Ivars.

 

     -Niña, ¿te vienes conmigo?-   

                                                                                                    la palabra nunca pudo

                                                                                                    escaparse de la boca,

                                                                                                    así que el mozo estuvo

                                                                                                    coleccionando pestañas,

orzuelos, legañas…mudo

en su pompa de miradas,

resignado al pan duro

del amor óptico. Cuando

en la garganta hay un nudo,

en la torre de papel

al poeta dan indulto.

 

 

imagen_043 Observaba a Tula, la mascota de mi hermana, una morcilla peripatética que ronca, un bulldog francés sobrealimentado, un gorrín atrapado en cuerpo de can. Le pusieron éste nombre en honor a la obra del señor que aparecía en los billetes verdes de mil. Cuentan que Pérez Galdós se disfrazaba de doctor para zambullirse en las miserias cotidianas de los hospitales y retratarlas en sus libros. Yo miro a la perra y, si vosotros conocéis la raza, me entenderéis si digo que es de una belleza grotesca, de realista tiene poco y aunque me zambulla en ella, en su esencia, me faltan palabras para describir semejante palmito. No puedo compadecerla por no poderla describir, es decir, podría intentarlo de una manera menos que más exacta, y así la perra, en ese espacio hueco en el que no se deja calificar, se ausentaría a la zaga de su propia realidad perruna y ¿personal? Yo como espectador que quiere transmitir la idea me pierdo en la ambigüedad, ella sin embargo no, ella consigue ser cada día, es un logro en pos de la existencia, olisqueando heces ajenas o comiendo mandarinas. ¡Qué palabras encuentro en el diccionario para referirme a una fea tan hermosa!

 

 

 

Hace unos días, paseando a Tula en compañía de mi madre, nos topamos con una amiga de la familia a la que yo desconocía, es más, nos desconocíamos mutuamente. La recién llegada saludó efusivamente a mi madre la cual nos presentó ipso facto. La perrita está para atestiguarlo.

– Este es mi hijo.

Fue una introducción escueta pero certera. Aquel era yo. Dejé caer un hola y volar una sonrisa. La mujer me miró de arriba a abajo y tras analizar mis desaliños varios, exclamó:

– ¡Pero qué guapo es!

Yo sonreí boquituerto y encogido, mi madre explotó en una carcajada y me dejó todavía más esmirriado, deshecho sobre el pavimento.

– Mujer, es muy guapo… 

No se podía dar por vencida con un cumplido tal, así que necesitó está última frase para poner la puntilla. La que había sido mi madre hasta entonces echó un vistazo despectivo hacia mi nariz y replicó:

– Menos lobos, caperucita. Guapo no es, Conchi, llámalo de cualquier otra manera, pero guapo no es.

Tula observaba la escena sin perder dato y de su cabeza se intuían un signo de interrogación y un hueso. Bizqueaba en ángulo obtuso, no sabía qué era más atractivo, si la duda o la pitanza. Yo yacía por fin muerto.

Al llegar a casa y tras tener una discusión sobre cánones de belleza, parecidos razonables en la familia y por ende, afecto y respaldo entre los miembros, enterramos el hacha de guerra y cada uno marchó a sus cosas. Yo cogí a Tula y me la llevé a mi cuarto.

Una vez allí, en la habitación, agarré a la perra de los carrillos y mirándole a los ojos fijamente, le pedí me contara el secreto de las palabras, que me contara por qué ésta necesidad para delimitar conceptos y por qué, precisamente, el limitarnos nosotros mismos cuando el desatino del dardo en la diana, cuando nuestra búsqueda es infructuosa, cuando yo lo llamo verde grisáceo y tú lo llamas gris verdoso.

Me hubiera gustado que Tula me tomara el testigo en las siguientes líneas, pero muy a mi pesar, pestañeó y me chupó lo que nos sale entre los dedos de los pies, cuando el sudor y las bolas de los calcetines se alían y encuentran madriguera, eso que alguien llamó gorrominos aunque no sea la palabra verdadera.

  ( Gato: Clara Gil Bordallo)

gato

El describir caduca y el pintar embalsama: Es una idea que aparece en el último libro de Saramago, “El viaje del elefante” y que no he podido eludir.  Partamos del espectador. Si toda realidad es subjetiva, con el punto de vista, o seremos más claros o crearemos más posibilidades de error en la recepción del mensaje; la pragmática de la lengua y su doble filo, la influencia de la desnudez y el velo cuando hablamos.

Las palabras se ciñen a la realidad, (de ahí que el esquimal tenga distintos términos para nombrar la nieve), y las nuevas realidades también crean vocablos, (de ahí los neologismos y las discusiones que engendran los mismos), por cierto, ¿qué  son los nanosomas con pro-retinol?… Tenemos el lenguaje figurativo con el que acicalamos las ideas o les ponemos antifaz, y los eufemismos, con los que bruñimos la denotación hosca. No obstante, no os llevaré por estos derroteros.

Me encanta la lengua inglesa por lo acertada, lo concisa que puede llegar a ser. Hay un verbo por ejemplo, “tantalize”, que significa “estar tentado antes de sentir el desengaño”. La palabra proviene de la triste historia de Tántalo, un rey de la mitología clásica. Éste, había disgustado a los dioses por algún motivo que no viene al cuento y como castigo fue condenado a estar de pie eternamente con el agua al cuello, literal. Mientras, por encima de su cabeza pendían ramas de árbol rebosantes de frutas. Cuando se agachaba, el agua desaparecía y si trataba de alcanzar la fruta, el viento agitaba la rama y el dulce manjar salía volando. El artista percibe su alrededor y es tentado a canalizarlo, pero no sabemos si acierta al describirlo.

El poeta persigue el máximo de significado en el mínimo de palabras, así es como se demuestra la riqueza léxica y el ingenio, pero desafortunadamente, lo que hoy nombramos como invierno florecerá, lo que yo nombro como tú en ti es yo, ¿os vais a fiar de un poeta si le pesan las alas?…

                                                                                                                    ( Buenísima… Clara Gil Bordallo)

buenisima

Para echar más manzanas al asador, el pintor en el lienzo nos hace una instantánea y ahí se queda. Como dice Saramago: “De los árboles pintados no caen hojas”.  Y cuando hablo de pintura podría incluir otras disciplinas como la escultura o la fotografía. ¿Fallan los artistas en la expresión?, ¿se fosiliza la obra en cuestión y no se adecua a una realidad cambiante?

– Da igual,-dice el listo- la necesidad de expresión y su materialización la hacen válida, aunque el producto quede como pavesas a merced del viento, de la calle.

 

 

 

 ( Remite Incierto: Adela Martín Arroyo)

remite-inciertoSaramago sin embargo, en sus divagaciones no nos dice nada de la música la cual considero una interpretación más que loable de la realidad. A mi poco entender, cuando llega la música, sobran las palabras.

Nos alimentamos de quimeras como Tántalo, que tuvo una eternidad para no rendirse o para rabiar, y así andamos, cada uno en su isla desierta y todos rodeados por un océano ignoto al que llamamos realidad porque no lo conocemos. Por pitos o por flautas, alquimistas insensatos, nos atrevemos a nombrarlo.

 

 

Me gustaría insertarme en un paisaje, en una mente, para que este escrito fuera en vano. Y en la mente de Tula por ejemplo, que me miraba sonriendo aunque no sonriera, me caí la noche en que empecé a fermentar este escrito. Con banda sonora invernal de fondo me llamó “feo”, se quedó durmiendo y todo lo que habéis leído no vale para nada.