Duke Ellington, el Aristócrata del Jazz. Por. Alfredo Rodríguez. La Bossa Nova. Por: María Luisa Tamarit.

 

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Los modales refinados de Edward Kennedy Ellington (Washington D.C., 1899 – Nueva York, 1974), le valieron de joven el apodo de “Duke” (Duque) que ya no le abandonaría nunca, y con el que se conoce a una de las leyendas del jazz, que junto con los no menos legendarios Louis Armstrong y Charlie Parker, formó un triángulo fundamental en la historia de este movimiento musical. ( Alfredo Rodríguez).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Para algunos críticos, la Bossa Nova nació oficialmente hace cincuenta años, concretamente, en agosto de 1958, cuando la compañía discográfica Odeón lanzó al mercado un disco sencillo con las canciones “Chega de Saudade” (Basta de nostalgia) y “Bim Bom”. Interpretada por João Gilberto y escrita y musicada, respectivamente, por Vinícius de Moraes y Tom Jobim, “Chega de Saudade” revolucionó con sus notas pausadas las preferencias de los sectores urbanos de clase media y alta de Brasil, que inmediatamente la catapultaron hacia los primeros puestos de las listas de éxitos musicales del país. ( María Luisa Tamarit).

 

 

 

 

 

 

 

 

Duke Ellington, el Aristócrata del Jazz. Por:   Alfredo Rodríguez.

 

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Sin preocupaciones económicas en su familia (en unos lados se dice que su padre era mayordomo en la Casa Blanca, y en otros que tenía el mismo trabajo en una casa pudiente), Ellington se convertiría con el paso de los años en un compositor enormemente prolijo, hasta el punto de que se cifran sus composiciones en unas 2.000, eso sin contar las que fue escribiendo en cualquier papel que caía en sus manos, y cuya influencia musical se sigue proyectando en nuestros días.

Pronto empezó a adentrarse en el mundo de la música gracias a lecciones de piano, y con 17 años tendrá lugar su debut profesional, y empieza a ver la posibilidad, que se concretará poco tiempo después, de dejar los estudios para dedicarse de lleno a la música. La primera formación de Duke Ellington serán los Duke’s Serenaders, que después se transformarían en The Washingtonians. A esas alturas, en los albores de los años 20, todavía sigue vinculado a su ciudad natal, hasta que se siente atraído por el ambiente musical de la ciudad de Nueva York, a la que se traslada en 1923.

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Allí empezará a tocar en algunos de los clubes de mayor renombre, hasta recalar en el mítico Cotton Club, un local ubicado en el barrio de Harlem y regentado por el mafioso Owney Madden, en el que se codeaba toda la alta sociedad blanca de la ciudad y en el que desarrollará el conocido como jungle style (estilo jungla), nombre que le viene por la imitación tanto con las voces como de los instrumentos, de sonidos africanos y que daban un aire exótico a los temas.

Las retransmisiones que se hacía por radio en directo desde el Cotton Club, introdujeron la música de Ellington y su grupo en muchos hogares y eso les convirtió en un grupo muy famoso que, cuando dejó el club, ya era un grupo consolidado y muy maduro musicalmente hablando. Eran los años dorados de las big band, entre las que también destacaban y la de Benny Goodman, Glen Miller o Lionel Hampton, por citar sólo tres, y en los que Ellington ya había dejado tras de sí temas tan inolvidables como Mood Indigo o Sophisticated lady.

 

 

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Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, marcaron el declive de las big band, lo que no arredró a Duke Ellington, que se empeñó en seguir al frente de su grupo al que mantenía gracias a los ingresos que recibía por los derechos de autor de sus temas, lo que no impidió que algunos de los mejores músicos se fueran en busca de otros horizontes musicales. Con la formación renovada, Ellington es invitado a participar en el Festival de Jazz de Newport en el año 1956, en lo que marcará el resurgimiento del ave fénix de sus cenizas.

Según nos dice la excelente página apoloybaco: “Con estos músicos y cierto escepticismo, Ellington es invitado a actuar en el Festival de Jazz de Newport de 1956. Lo que pasó aquella noche está escrito en los anales del jazz. Duke Ellington, sacó de su chistera creativa dos temas compuestos en 1937, Diminuendo in Blue y Crescendo in blue y decidió encima del escenario servirlos unidos, separándolos simplemente con un interludio a cargo de Gonsalves. Y ahí se produjo el milagro. Los arrolladores veintisiete “chorus” seguidos de jazz puro y duro que improvisó el saxofonista, empujado por una rítmica ejemplar le dieron la vuelta al historia. Las sillas volaban por encima de las cabezas de los atónitos y rugientes espectadores y a la mañana siguiente toda la prensa anunciaba en grandes titulares “Ellington ha vuelto” .

A lo largo de los años de su carrera musical, Ellington no dejó de componer en ningún momento, y no sólo temas de jazz, sino que también nos ha dejado baladas, blues, música para ballet y conciertos sacros, algo a lo que también ayudó la diferente procedencia de los músicos de los que se rodeó y su propia habilidad para absorber todo lo que acontecía musicalmente a su alrededor. “Tanto apreciaba Ellington las personalidades musicales de los miembros de su banda, que escribía cada parte de una composición para resaltar el talento y la habilidad de músicos específicos, mezclando con gran imaginación las ideas de ellos con las suyas”, escribe Roberto Barahona en un artículo publicado en el periódico chileno El Mercurio el 18 de abril de 1999.

Un cáncer se llevó por delante la vida de Duke Ellington, terminando con una leyenda viva convertida en leyenda imperecedera.

 

 

 

 

 

 

Los Sonidos de Brasil. -IV- La Bossa Nova. Por: María Luisa Tamarit.

 

gnatalliPara algunos críticos, la Bossa Nova nació oficialmente hace cincuenta años, concretamente, en agosto de 1958, cuando la compañía discográfica Odeón lanzó al mercado un disco sencillo con las canciones “Chega de Saudade” (Basta de nostalgia) y “Bim Bom”. Interpretada por João Gilberto y escrita y musicada, respectivamente, por Vinícius de Moraes y Tom Jobim, “Chega de Saudade” revolucionó con sus notas pausadas las preferencias de los sectores urbanos de clase media y alta de Brasil, que inmediatamente la catapultaron hacia los primeros puestos de las listas de éxitos musicales del país.

 

 

 

 

 La Bossa Nova no brotó por generación espontánea. Antes de que “Chega de Saudade” pasara a la historia por ser la canción que marcó un antes y un después en el panorama musical brasileño, ya había indicios de que la música buscaba nuevas formas de expresión. En los años cuarenta, tenemos algunos ejemplos de la influencia de este género emergente en la obra de Dorival Caymmi, considerado uno de los precursores de la Bossa Nova, y en los arreglos que compuso el guitarrista Radamés Gnatalli para la samba “Copacabana”, grabada en 1946 por Dick Farney. El álbum “Canção do Amor Demais” (Canción de demasiado amor), grabado en 1957 por Elizeth Cardoso y con arreglos de Vinícius de Moraes y Tom Jobim, constituyó, de hecho, la primera presentación oficial de la Bossa Nova, aunque la verdadera eclosión llegaría un año después.

 

El nuevo escenario de la música brasileña fue adquiriendo forma poco a poco. Desde bastantes años antes de aquel mítico agosto de 1958, diversos grupos de compositores con afán renovador se venían reuniendo en sus hogares para hacer una música de trasfondo poético en la que se concediese un gran valor a la palabra. La idea de aquellos músicos era rebelarse frente a las tradiciones heredadas y reivindicar una nueva forma de expresión musical más intimista y profunda como una vía para alejarse de las vacías letras de las canciones folclóricas. “Un banquito y una guitarra” era la expresión que mejor sintetizaba la propuesta de aquellos jóvenes de la clase media carioca que se reunían en los apartamentos de la Zona Sur de Río, junto a las playas de Copacabana e Ipanema, para convertir poemas en melodías y melodías en poemas.

   Nara Leao por: Renata Cortéz)

03Algunas de las fiestas más animadas de aquellos años se celebraron en el apartamento familiar de la futura cantante Nara Leão (1942 – 1989) cuando no era más que una adolescente apasionada por la música. En aquella vivienda de la Avenida Atlántica de Copacabana, convertida en el punto neurálgico de las noches musicales de la Zona Sur de Río, se daban cita algunas jóvenes promesas de la música como João Gilberto, Carlos Lyra, Roberto Menescal o Luiz Carlos Vinhas, por citar solamente algunos. La propia anfitriona se convertiría años más tarde en una de las musas de la Bossa Nova.

 

Poco a poco, la vida musical de Río de Janeiro fue ganando terreno a los ambientes privados y empezó a extenderse a los clubs nocturnos. Una nueva generación de autores comenzó a actuar en las salas de fiesta de Ipanema y Copacabana para dar a conocer ese nuevo género musical. Fue en esos clubes donde actuaba Tom Jobim antes de convertirse en uno de los compositores más importantes del siglo XX, a la altura de figuras como Duke Ellington o Cole Porter.

 

Después del éxito de “Chega de Saudade”, João Gilberto grabó tres discos de larga duración que fueron manifiesto y prontuario estético, al mismo tiempo, de este género emergente. 

 

Se podría decir que la Bossa Nova fue creciendo y madurando gracias a una intensa labor de fondo. Roberto Menescal y Carlos Lyra enseñaban durante el día a tocar la Bossa en la escuela de música que abrieron, y en la noche eran ellos los que la interpretaban en las salas de fiesta de la Zona Sur, igual que hacían otros pioneros. Por su parte, el periodista Ronaldo Bôscoli, habitual también de las reuniones en casa de Nara Leão, se ocupaba de organizar los espectáculos que difundirían este movimiento en otras barriadas de Río y en algunas ciudades grandes, como São Paulo. Aquel trabajo constante no solo dio a conocer la Bossa Nova entre el gran público, sino que despertó la afición por este género y atrajo nuevos adeptos. Esta capacidad de atraer músicos nuevos fue, probablemente, el mayor triunfo de aquellos jóvenes en la lucha ideológica que mantuvieron en los años sesenta, cuando los tradicionalistas acusaban a la Bossa Nova de ser un mero pastiche del jazz (lo que dio lugar al disco “Influência do Jazz”, grabado en 1963 por Carlos Lyra). Dichas acusaciones se disiparon cuando algunos intérpretes estadounidenses de jazz manifestaron haber sido influenciados en sus composiciones por João Gilberto y Tom Jobim.

 

La Bossa Nova vivió su bautismo de fuego en 1962 en un histórico concierto celebrado en el Carnegie Hall, en Nueva York. Fue en este mismo teatro donde se conmemoraron hace apenas unos meses sus cinco décadas de vida. Una noche de junio de 2008, João Gilberto subió de nuevo al escenario del Carnegie Hall para recordar, con su estilo contenido de cantar y de tocar la guitarra, el cambio de rumbo que experimentó la música brasileña hace cincuenta años. La grabación, en 1963, del álbum “Getz/Gilberto” lanzó definitivamente la Bossa Nova al mercado de la música internacional. “The girl from Ipanema”, una de las piezas clave de este disco, fue la artífice de este éxito. Cantada por Astrud Gilberto y acompañada por la guitarra de João Gilberto y el saxo de Stan Getz, esta versión en inglés de la “Garota de Ipanema” de Jobim alcanzó una popularidad sin parangón en la historia musical contemporánea.