Literatura y Cine. II. Altman, Carver, González Iñárritu. Por: José Julio Perlado

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“Considero la obra de Carver un solo cuento, pues sus cuentos son todos incidentes, cosas que ocurren a la gente y que provocan que sus vidas tomen un nuevo cariz”, señalaba el director cinematográfico Robert Altman al prologar “Shorts Cuts” – “Vidas cruzadas“-, el conjunto de narraciones cortas de Raymond Carver que en 1993 Altman trasladó a la pantalla.

La multiplicidad de historias – el tráfago de ciudades y de personas que al menos en dos novelas memorables se llevó a cabo en la literatura de siglo XX con “Manhattan Transfer” de Dos Passos y “Berlin Alexanderplatz” de Alfred Döblin -la han ido recogiendo ciertas películas modernas para ofrecer al espectador mosaicos de existencias entrelazadas,  diversidad de  puntos de vista en un mismo relato o variados enfoques y ángulos de un mismo tema.  ( José Julio Perlado).

 

 

 

Literatura y Cine. II.  Altman, Carver,  González Iñárritu. Por: José Julio Perlado.

 

 

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En la historia del cine resaltan las versiones que de un mismo hecho fueron contando distintos personajes, como sucedía en “Rashomon“, realizada en 1950, la película de Akira Kurosawa que se basó en la narración de Akutagawa Ryûnosuke. En torno a esa gran puerta de entrada  – Rashômon – en la capital Kyoto, en la época de Heian –  puerta situada  en el extremo sur de la avenida de Suzaku que conducía al Palacio -, tienen lugar las cuatro versiones sucesivas de algo que ocurrió: el asesinato de un hombre y la violación de su esposa. Pero en “Vidas cruzadas” de Altman la cuestión es distinta. En el mapa social de Los Ángeles, una serie de retazos de vidas atraviesan la película dejándonos una primera impresión de inconexión, para ir poco a poco enlazando sus extremos hasta mostrarnos otro mapa de débiles pero exactas uniones en una ciudad amenazada por terremotos e insectos. “A la hora de concebir el mosaico que compone la película “Short Cuts” (Anagrama), basada en estos nueve cuentos de Carver y en el poema “Limonada” – señaló Altman -, he tratado de hacer lo mismo: ofrecer al público una visión. Sin embargo, la película podría seguir eternamente, porque es como la vida misma. (…) Quizá estas vidas se derrumben. Quizá vivan un traspiés que acaba en desastre. Quizá tengan que seguir adelante sabiendo cosas que en realidad no desean saber los unos de los otros. Tratan más de aquello que no sabemos que de lo que sabemos, y el lector va llenando las lagunas, mientras reconoce un murmullo subterráneo”.

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Es, como antes comentábamos, la multiplicidad de historias dentro de una historia misma, el paseo cinematográfico por una “película de películas”, algo que también en la literatura última se ha intentado conseguir, a veces con aciertos y a veces no. Aunque está claro que la mirada omnisciente de la novela del siglo XX – el autor que lo domina todo – ha quedado reemplazada hace ya tiempo por los ángulos de mirada de cada personaje, ahora se ha añadido algo más. La línea de narrativa  a la que estábamos acostumbrados en la literatura queda rota en ciertas novelas actuales y la trama y el hilo de esa narración aparecen sustituidos  (puesto que el concepto de linealidad siempre implicaba un comienzo y un fin), y ahora pueden plantearse muchos principios y muchos posibles finales. Se nos ofrecen, por tanto, textos conectados en el campo de la literatura, lo mismo que sucederá en el cine, donde se nos presentan también recortes de historias que configuran enlazadas una historia común.

 

 

 

 

 

 

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  Pienso, por ejemplo, en “Babel”, de González Iñárritu (2006), con Brad Pitt, Cate Blanchet y Adriana Barraza, que ya tuvo un antecedente con el cruce de tres historias paralelas en “Amores perros” (2000). Asimismo hay que pensar en “Traffic” (2000), de Steven Soderbergh, con Benicio del Toro, Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones: las historias ahí comienzan paralelamente para luego irse  entrecruzando y mostrarnos el mapa de una compleja red. Los ejemplos podrían sucederse: también encontramos tres historias en “Pulp Fiction” (1994), la película de Quentin Tarantino, donde el film comienza y termina narrando el mismo episodio, mientras que el episodio intermedio es posterior en el tiempo al tercero, “y todo ello – como se ha dicho -contribuye a una abolición de la linealidad del tiempo real, o a crear la imagen de un tiempo circular sin principio ni fin” (Pienso aquí en el tratamiento del tiempo que por su parte hizo hace años J. B. Priestley, el excelente dramaturgo inglés, en el ámbito de la escena teatral).

 

 

 

 

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 También hay historias entrelazadas en “Las horas” (2003) de Stephen Daldry, basada en la novela de Michael Cunningham.. La vida y el libro de Virginia Woolf, “Mrs Dalloway“, se abren en estas historias en las que tres mujeres aparecen de un modo u otro dominadas por la génesis y el fluir de esa novela. Merly Streep, Julianne  Moore y Nicole Kidman entrelazan secuencias, planos y diálogos configurando ese mosaico de la multiplicidad narrativa.

 

 

 

Es así como los enfoques han cambiado. El cine muestra retazos de vidas en “21 gramos (2003), también de González Iñárritu, en “Before the rain” (1994), de Milcho Manchevski y y en “Código desconocido” (2000), de Michael Haneke por citar algunos ejemplos más. En cierto sentido estamos lejos de “Rashomon“, pero las voces que invaden la pantalla nos recuerdan que la vida humana está compuesta de innumerables fragmentos y que puede trazarse un “collage” que reúna a todos ellos. Precisamente porque el ser humano no puede considerarse individual sino social – con toda una serie de deberes y derechos, y, por tanto, de repercusiones de su conducta diaria en los demás que le rodean -, tales fragmentos de vida poseen en cada momento una decisiva importancia, y la literatura y el cine así lo muestran y entrelazan. Es una imagen más, podría decirse, de la “globalización” de las conciencias. Un hilo sutil e invisible nos ata a todos. Los actos y las omisiones dejan una huella y una estela en el otro aunque quizá nunca la veamos. Conforme caminamos vamos dejando atrás siempre una señal, una marca, o bien el vacío de una oquedad.