Música Irlandesa: Sharon Shannon. Por Alfredo Rodríguez. Música Brasileña Erudita.I:De los Orígenes al Siglo XVIII. Por: María Luisa Tamarit.

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Reconozco que el titular que le he puesto a este artículo no peca de originalidad, especialmente si tenemos en cuenta que estoy hablando de una acordeonista, pero es la mejor forma que he encontrado para definir a esta mujer de enorme talento y que toca de una manera tan absolutamente natural que parece sobrenatural. Es una delicia ver como con sus dedos acaricia el instrumento y saca del mismo una gama de sonoridades que parece no tener fin. ( Alfredo Rodríguez)

 

 

 

 

 

 

 

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Brasil es un país con una enorme tradición musical. La integración de diversas etnias en una sola tierra ha creado un pueblo culturalmente muy rico, que ha hecho de la música una forma espontánea de vivir y disfrutar de la vida.

Hablar de la tradición musical brasileña es hablar de dos estilos bien diferenciados: la música popular y la música erudita. Aunque muy distintos en su esencia, ambos estilos musicales han evolucionado de un modo paralelo, enriqueciéndose de las mutuas influencias que han ido experimentando el uno del otro desde sus orígenes ( María Luisa Tamarit).

 

 

 

 

 

 

 

 

Sharon Shannon, con la música en la punta de los dedos. Por : Alfredo Rodríguez.

 

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Su nacimiento se produjo en el condado irlandés de Clare, en una familia eminentemente musical, ya que sus padres eran bailarines y los cuatro hermanos son músicos. Así que con ese ambiente, añadido a un talento extraordinario, Sharon se introdujo primero en los misterios del whistle (pequeña flauta metálica) y a los 8 años ya andaba participando en concursos. A los 13 años ya tocaba el acordeón, instrumento en el que se había iniciado a los 11 años, y con 14 se integra en su primer grupo, Disert Tola, con el que llegaría a irse de gira por los Estados Unidos. También empezará con el violín después de pasarse un año en la universidad, aunque será el acordeón el instrumento que le dará la fama mundial de la que goza en estos momentos.

 

 

 

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 Antes de grabar su primer disco en solitario, Sharon Shannon pasó por grupos como Arcady, formado por Ringo McDonagh, ex De Dannan, y luego se unirá a los Waterboys por un corto espacio de tiempo. Entonces llegará el año clave, 1991, cuando ve la luz el trabajo discográfico al que dio por título su propio nombre, y que se convertiría en la pieza clave de su carrera.

Tenía por aquel entonces 21 años y con ese disco “me dejé llevar por ese punto loco y juvenil que todos hemos tenido alguna vez a los 21 años”, dice la propia Sharon. Para ese trabajo se rodeó de músicos de mucho nivel, como es el caso del bajista de U2, Adam Clayton, de Donal Lunny, integrantes de Waterboys, y otros.

En ese disco ya dejaba claro que a pesar de conservar un poso fundamental de la música tradicional irlandesa, a la que ella misma reconoce que vuelve siempre, la mezcla de ritmos provenientes de la música cajún, de melodías tradicionales suecas, escocesas, y de otras procedencias, hasta dar forma a un estilo ecléctico desbordante de ritmo y de sentimiento, que entraba muy en consonancia con los sonidos en los que estaban muy interesados gente como Lunny o Clayton. Un disco en el que el talento de Sharon brilla con una luz más que intensa.

A partir de ahí, Sharon ya no ha dejado la experimentación ni de rodearse de músicos de las procedencias más variopintas, ni de encadenar un éxito tras otro. En sus discos se dan la mano con total naturalidad el hip-hop, la música clásica, el rap, el country, el reggae, hasta dar vida a unas criaturas llenas de magia, de electricidad, de una brillantez paradisíaca.

“Desde entonces [se refiere a después de sacar su primer disco] siempre he creído legítimo innovar en lugar de acomodarme. Reivindico los instrumentos no característicos, como las guitarras eléctricas, órganos Hammond o saxofones, y los hermanamientos del sonido celta con el reggae, Portugal o el tango de Piazzolla. Respeto mucho la pureza y puedo hacer música muy pura, pero eso lo dejo para cuando estoy tocando sola en casa…”.

 

 

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Si tuviera que quedarme con un único disco de esta acordeonista, sin duda me quedaría con Diamond Mountain Sessions, un disco que se gestó durante la grabación que hizo con Steve Earle que daría lugar al disco The Galway Girl en 1999. El ambiente que se consiguió en la grabación y el material que de allí salió, les infundió la idea de grabar un nuevo disco contando con la colaboración de distintos músicos.

Al pie de la Diamond Mountain existe un hotelito llamado The Old Monastery Hotel, en el condado de Galway, donde instalaron un estudio de grabación prácticamente improvisado. Era noviembre de 1999. Allí se reunieron los miembros del grupo The Woodchoppers, una de cuyas integrantes era la hermana de Sharon, Mary, y una granada nómina de grandes intérpretes entre los que se encontraba el gaitero gallego Carlos Núñez y, una vez más, le genial Donal Lunny. Todo ello sumado dio como resultado un disco realmente sensacional que vio la luz en el año 2000.

 

 

 

 Música Erudita Brasileña. I : Desde sus Orígenes hasta el Siglo XVIII. Por : María Luisa Tamarit.

 

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Hablar de la tradición musical brasileña es hablar de dos estilos bien diferenciados: la música popular y la música erudita. Aunque muy distintos en su esencia, ambos estilos musicales han evolucionado de un modo paralelo, enriqueciéndose de las mutuas influencias que han ido experimentando el uno del otro desde sus orígenes.

 

 

 El ejemplo más claro de este mestizaje musical entre lo popular y lo erudito lo tenemos en la extraordinaria obra de compositores de la talla de Ernesto Nazareth o de Heitor Villa-Lobos, presente en los conciertos y en los repertorios de música de cámara, pero inspirada en los ritmos y melodías populares.

 

 

 

 

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Las primeras referencias a la música de Brasil se citan en la carta que Pêro Vaz de Caminha escribió en el año 1500 para el Rey Manoel I de Portugal. En su labor de escribano de la armada de Pedro Álvares Cabral, capitán de la expedición que desembarcó por primera vez en tierras brasileñas el 24 de abril de 1500, Pêro Vaz de Caminha redactó una detallada crónica de aquel viaje primigenio, haciendo mención a la cultura y musicalidad de los nativos y a su natural inclinación por la danza. La carta, considerada el primer documento escrito de la historia brasileña, se conserva en el Arquivo Nacional da Torre do Tombo, en Lisboa.

 

La musicalidad a la que hizo referencia Pêro Vaz en su misiva correspondía a la de los indios Tupí, que habitaban en la costa del país y fueron los primeros en asistir a la llegada de los portugueses. La presencia de la danza y de la música era crucial en la vida de los indígenas, que aprovechaban cualquier ocasión para practicarlas.

( Partida de Nobrega de la Estación de Sa)

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Las primeras influencias de la música erudita no recalaron en tierras brasileñas hasta medio siglo después. Ocurrió en el año 1549, cuando el misionero portugués Manoel da Nóbrega (1517-1570) desembarcó por primera vez en Brasil, acompañado de una expedición de jesuitas, con la misión de cristianizar la nueva tierra y se llevó consigo el canto gregoriano para utilizarlo en sus actividades catequizadoras. Aquella música de raigambre religiosa sembró el germen de la música erudita y forjó un nuevo escenario de evolución musical que nació en el nordeste del país (Salvador de Bahía era entonces la capital de la colonia) y se extendió al resto del territorio nacional, para mantenerse sin grandes cambios hasta comienzos del siglo XVIII.

 

 

Las primeras partituras renacentistas fueron obra, por lo general, de compositores europeos radicados en el país. En Bahía, se han encontrado referencias a la actividad del filósofo y jesuita Pedro da Fonseca (1528-1599), quien además ejercía como organista de la Catedral de Salvador, en una partitura escrita en el año 1559. Más recientes fueron los documentos hallados en Recife en relación con la actividad de los compositores Inácio Ribeiro Nóia (1688-1773) y Luís Álvares Pinto (1719-1789), este último descendiente de mulatos y autor de la obra Te Deum laudamos.

 

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La música erudita brasileña perteneciente al periodo barroco englobaba una amplia variedad de géneros. Se crearon diversas escuelas de música, siendo las más destacadas las de Recife, Salvador de Bahía y Minas Gerais. La riqueza generada en el siglo XVIII por la explotación de las minas auríferas y diamantinas del estado de Minas Gerais favoreció la construcción de suntuosas iglesias en cuya fisonomía se delineaba el barroco mineiro, un nuevo estilo arquitectónico mestizo que entreveraba influencias del arte brasileño con la exuberancia del barroco europeo, y del que se impregnaron las diversas formas de arte, entre ellas, la música, que experimentó un nuevo auge. Inspirada en la producción sacra de la escuela napolitana y en la polifonía portuguesa, la música erudita del siglo XVIII era interpretada habitualmente por negros o mestizos dirigidos por un blanco (habitualmente, sacerdote o pastor). A los esclavos, la actividad musical les resultaba especialmente atractiva porque a través de ella podían aspirar a ciertas prebendas y mejoras en sus condiciones de vida. Entre los compositores más relevantes del barroco mineiro podemos citar a José Joaquim Emerico Lobo de Mesquita (1746-1805), organista y profesor de música, Marcos Coelho Neto (1740?-1806) y Manoel Dias de Oliveira (1734?-1813).

 

Hasta finales del siglo XVIII, la música erudita estuvo siempre presente en los ritos religiosos. Habría que esperar hasta comienzos del siglo XIX, con la llegada de la Corte Portuguesa a Río de Janeiro, para que se empezaran a operar los cambios más significativos en la evolución de la música erudita brasileña.