Tradición en México: La Música popular. Por: Issa Martínez

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Los sonidos de las caracolas típicos de las danzas aztecas pueden ser dulces resonancias que pueden transformarse en largos y dolorosos lamentos. Son como voces del viento, como el prólogo de una historia que han de contar los cuerpos coronados de coloridos penachos y pecheras bellamente decoradas.

( Issa Martinez)

 

 

 

 

Tradición en México: La Música Popular. Por:  Issa Martínez.

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La música indígena o prehispánica, de la que lamentablemente se conoce muy poco, más allá de que sus instrumentos eran de percusión y viento y de su deidad respectiva, el dios Xochipilli -príncipe flor-, puede tener su más antigua representación, probablemente, en la “danza del venado” típica de los indios yaquis de las regiones de Sonora, al norte de la República Mexicana. Se sabe también, que la música indígena era más rítmica que melódica. En lo personal, esos ritmos me parecen cargados de misticismo y espiritualidad. Poder apreciar en vivo la “danza del venado” con los cuerpos danzantes contorsionándose y dejando gran parte del cuerpo al desnudo, al mismo tiempo que, el teponaztle y el huéhuetl -tambores de madera- y flautas de barro y carrizo, suenan acompañando los magníficos movimientos corporales, así como las conchas unidas y atadas por debajo de la rodilla y hasta el tobillo o solamente alrededor del tobillo., chocando entre sí y logrando un coro de sonidos muy especiales y característicos, es todo un espectáculo digno de admirarse.  

 

 

 

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Los sonidos de las caracolas típicos de las danzas aztecas pueden ser dulces resonancias que pueden transformarse en largos y dolorosos lamentos. Son como voces del viento, como el prólogo de una historia que han de contar los cuerpos coronados de coloridos penachos y pecheras bellamente decoradas. El fuego y el incienso de copal son elementos importantes y muy visuales que acompañan las representaciones de las danzas aztecas: como expresando sus propios movimientos, cual un danzante más, como seres vivos que acompañan con sus propios sonidos, aunque esto parezca contradictorio.

 

 

 

 

 

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Dentro de la música folklórica mestiza, con influencias española, americana y africana,  es el son del mariachi,  el más conocido y representativo de México. Su origen pertenece al occidente de la República Mexicana y en específico a la ciudad de Jalisco, aunque también se disputan su creación los estados de Colima y Nayarit. En sus inicios su vestimenta no era el traje original de gala del charro, en realidad, nada tenía que ver con ella, pero a principios del siglo XX fue adoptada y convertida en un símbolo visual, de tal forma, que resulta imposible pensar en un mariachi sin la típica vestimenta con la que al día de hoy se le conoce y con la que indefectiblemente se le representa. El traje del mariachi es muy vistoso y es un honor portarlo. Así encontramos trajes negros, blancos, rojos, verdes y de varios colores más, siempre combinados, principalmente, con tonos oro y plata, tanto en sus botones como en sus bordados hechos a mano, y complementados con el típico zarape o jorongo mexicano, también de diferentes colores, y que portan tanto mujeres como hombres y, desde luego, el típico sombrero de charro.

   ( Mariachi Band.  Simon Law.)

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Los instrumentos del mariachi actual son: el guitarrón, la vihuela, el arpa, la guitarra, el violín y la trompeta, todos instrumentos de cuerda a excepción de la trompeta -instrumento de viento-, lo que hace que este instrumento surja nítido y muy identificado, dentro del son del mariachi, dando, tal vez, un color musical mucho más especial y rico a sus interpretaciones.

Si bien cada zona de la República Mexicana tiene su son musical característico, el mariachi interpreta todos los sones y, de forma magistral, algunos como el Mariachi Vargas de Tecalitlán, han interpretado música clásica, dando como resultado una nueva gama de tonalidades a la música más selectiva y siempre interpretada por las grandes orquestas sinfónicas, rompiendo así con ese selectivismo y al mismo tiempo innovando, y creo yo, sin ser músico, de una forma muy digna y que para nada desmerece o ridiculiza el aspecto clásico y culto que a dicha música le caracteriza.

 

 

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Otro son,  folklore puro de la zona de la Huasteca, es el huapango. Las tres Huastecas pertenecen a los estados de Veracruz, Tamaulipas y San Luis Potosí. Famosa la película de la época del “Cine de Oro”, actuada por Pedro Infante y dirigida por Ismael Rodríguez titulada “Los Tres Huastecos”. Pero sucede que en realidad y geográficamente, no son tres las Huastecas como mucha gente cree -incluidos varios mexicanos-, sino siete, y por mencionar faltan la Huasteca de Hidalgo, la de Puebla, y en una parte más pequeña en cuanto a territorio, la de Querétaro y Guanajuato. En realidad, lo que se conoce como zona de la Huasteca, son las ciudades que tocan las partes bajas de la Sierra Madre Oriental. El compás del huapango que caracteriza a las Huastecas es ternario. Se deriva de la música prehispánica y del fandango y la seguidilla españoles. Los instrumentos tradicionales son: la jarana, la guitarra quinta -de caja grande y cinco cuerdas- o huapanguera y el violín. Parte imprescindible del huapango es el falsete de la voz que lo interpreta y el zapateado, que como un instrumento más, acompaña sus acordes. Tanto la interpretación del violín como la voz del falsete, requieren de una virtuosidad muy especial por su complicada técnica y porque son las bases que aportan la sensibilidad al huapango. Las ampliaciones de las notas en ambos casos, obedecen al sentimiento del intérprete, y no a una técnica específica, aunque sí estudiada: algo así como lo que se conoce con el término italiano de rubato, que alude al tiempo de acortar o alargar las notas, más por el gusto, temperamento o sensibilidad del intérprete que por la duración técnica real de las notas.

Su versificación más tradicional es la octavilla, pero existen distintas variantes, la quintilla y sextilla entre ellas.

El huapango se interpreta por tríos, conjuntos norteños o el ya mencionado conjunto del mariachi y son importantes sus variaciones. Quizá la interpretación del trío sea la más típica.

 

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En el conjunto norteño intervienen otros instrumentos entre los que destacan el acordeón, el contrabajo y el tambor y su ritmo es de 6/8 y normalmente sin voz, aunque suelen también tener letra.

 Curiosamente, el huapango interpretado por el mariachi es el más conocido mundialmente: en su interpretación utilizan vihuelas, trompetas, guitarrones y violines. El falsete es mucho más alargado que en el trío y desaparece el zapateado característico, que como un instrumento más, acompaña la interpretación de los tríos. Quizá, de entre todos los huapangos, el más conocido y famoso sea el “Huapango de Moncayo”, obra clásica realizada como potpurrí compuesta por tres sones pertenecientes a la Huasteca veracruzana: el Siqui sirí, el Balajú y el Gavilancito. José Pablo Moncayo García -1912-1958-, jalisciense, fue uno de los mejores y más reconocidos músicos de Conservatorio y gran Director de Orquesta. El Huapango de Moncayo es una muestra de su arte como compositor y director.

 

 

Amplísimo es el tema musical mexicano, que iremos ampliando un poco más en próximos artículos, abordado siempre bajo la intención cultural y no del conocimiento musical.

Para dar una muestra de esta riqueza hemos elegido estas dos  audiciones.