Viajes Interiores Limpiando Retretes….Por: Javier González Entonado.

 fotoartistaHace unos días les anunciábamos en Alenarte I, la próxima aparición en esta Revista de un pájaro de cuenta…perdón, de un artista que -dicho sea de paso- gruñe (la verdad es que gruñir también gruñe con arte) cuando se le llama así; o sea, “artista”.

Pero lo es; quiero decir además de gruñón, es artista. Se llama Javier González Entonado y es músico. Entre otras muchas cosas. Pertenece al grupo Arín Dodó, definido como “un conjunto heterogéneo, heterodoxo, ecléctico e informal integrado por artistas plásticos, escritores, músicos y procesadores de ideas que, a diferencia de otros grupos, sus miembros no comparten necesariamente la misma visión y la misma valoración en la creación de sus obras.”. Además de eso comete la blasfemia de escribir, opinar sobre arte y decir lo que piensa.

 

 

 

Después de saber todo esto, le pedimos que se definiera y nos mando este recadito:

 

“Yo no estoy interesado en la armonía y en la melodía, sólo me interesa el timbre y el ritmo; por eso, no estoy seguro de que mi obra sea música y literatura y que esté a la altura de los dioses como otras obras sublimes. Como soy un procesador de ideas lo que hago es “tímbrica y rítmica infrahumana lifasofióica”

 

Inmediatamente le secuestramos para Alenarte Revista.

Denle a la teclita y sabrán porqué.

 

 

Viajes Interiores Limpiando Retretes….( y guardando colas, y practicando otras actividades vulgares no remuneradas)… Por : Javier González Entonado.

 tresmusicospicasso                                                                                                         

 “A sabiendas de la gran locura germinal.

 

    A contratiempo de esos

 

    desordenados baches que subyacen en tu hastiado corazón.

 

    ¡¡ No te embeleses con el bello cántico de la cigarra!!

 

 

 

 

 

 

 

    Y no te aficiones a la bebida,

 

    ¡¡ Sucio gorrón!!

 

    ¡¡ Cómo aclaran estos tiempos en esta vecina victoria!!

 

    Estos tiempos de neblina y de crudeza. ”

 

 

                                                            I

 

 

     Me parece una buena forma de empezar este escrito con un automatismo, porque en realidad, no tengo planeado cómo quiero plantearlo, ni sé muy bien lo que pretendo contarles.

 

     Prefiero ir hurgando poco a poco en los rincones y en las selvas de la memoria y del subconsciente e improvisar en cada uno de los temas que vayan saliendo.

 

     Esta quizás, es una de las características de mi trabajo como “procesador de ideas”; dejo que esas imágenes que se me ocurren fluyan de forma desinhibida y espontánea, para que parezcan frescas y libres de toda atadura y de cualquier prejuicio.             

 

     Sé que para comenzar, este planteamiento es un poco “delicado”, o más bien, discutible; porque a mi entender, la mayoría siempre busca un significado lógico en todo y ordenar de una manera adecuada los sentimientos, sin tener en cuenta que las pasiones y las emociones con un cierto desorden  suelen marcar  las vidas y  las experiencias de cada uno; y no los planes previamente preconcebidos. Por algo, los placeres que se adquieren al escuchar música, al comer una buena comida o al practicar el sexo se canalizan por los mismos conductos neuronales; así que, ¿porqué un sector amplio del público no aprecia las obras que intentan seducirlo con una emoción, sin necesidad de recurrir a las reglas de la razón?. Espero que cuando terminen de leer esto, algunos al menos,  hayan comprendido mi forma de entender la música en particular y el arte en general, y la respeten, aunque ya asumo desde el principio que tengo que remar contracorriente y que estoy expuesto a predicar solo en el desierto.

 

     No pretendo dar por sentadas las ideas, yo sólo las propongo y que cada uno las interprete a su manera; y las aproveche al mezclarlas con su propia perspectiva y punto de vista. Además, como mi  carácter me dicta, yo no soy una persona a la que le guste discutir, ni convencer, ni buscar prosélitos; únicamente me interesa proponer mi opinión, que seguro ( y eso sí que lo tengo claro, aunque sea una de las pocas cosas que las tenga así) es tan legítima y tan válida como la de cualquier otro ( incluido los “iluminados y elegidos de Dios, poseedores de la verdad absoluta”); y que después cada cual se las apañe como quiera y que lo aplique como le venga en gana. Uno mismo es el dueño del trayecto en su propio viaje interior, y puede ir tan lejos como le pida su iniciativa y motivación particulares. Igual para el que no quiere adentrarse en esos terrenos desconocidos, por comodidad o por lo que sea; tiene para elegir la playa, el campo u otras ciudades… pero, lo digo por experiencia, no hay nada más fácil y más emocionante que el viajar por el interior de cada uno de nosotros.

 

    Esto parece una incitación al consumo de drogas, pero que se tranquilicen las mentes bienpensantes y de recta conducta: sólo hace falta escuchar una música que emocione para que el propio cerebro segregue opiáceos y dopaminas que proporcionan estados de gratitud y de satisfacción existencial, y por lo tanto, dar un viajecito interior a través de la mente.

 

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     Bien, llegados a este punto, me parece oportuno hablar del título que le he puesto a este caótico desaguisado en el me gustaría que se sumergieran durante unas cuántas páginas, y así conocer mejor los motivos que me mueven a hacer lo que hago. Me refiero a la música y a los textos que tienen ocupado gran parte de mi tiempo.

 

     javiergSiempre se ha considerado las actividades artísticas como algo elevado y sólo destinadas a seres “superiores”. Siempre se ha recurrido a las musas y al soplo divino para buscar la inspiración. Si los entramados neuronales para crear una obra musical y por ejemplo, una buena receta culinaria, son los mismos; ¿porqué se le atribuye a la música una supuesta espiritualidad y no a la buena cocina?. ¡¡ Ya está bien !!, bájense del pedestal y déjense de pedanterías baratas.

 

     A mí, muchas de las ideas que ya he plasmado y que son bellas ( y no sólo es dicho por mí, hay más gente que lo comparte; escuchen por ejemplo el tema “La diosa del Nepal” ) se me han ocurrido limpiando el retrete de mi casa. Entonces, ¿ a qué viene que los artistas tradicionales  no puedan ensuciarse las manos con esas actividades, y tengan que ir dando vueltas por ahí buscando a una musa que nadie sabe quién es?.

 

     He oído alguna vez que alguna estrella del rock, que no me acuerdo quien es, incluso llegó a poner arena de la playa encima de su piano para inspirarse y hacer pop californiano sobre chicas y surf. ¡¡Menuda idiotez !!. Son unos snobs. Y no deja de sorprenderme que se creen mitos acerca de todas esas anécdotas y todo el mundo ría esas gracias de niño mimado.

 

     Lo mismo me pasa con el concepto clásico de belleza y con la idea de que el arte tiene que estar regido por unas reglas determinadas. Me parece trasnochado el poner como modelo de la absoluta belleza las obras regidas por las proporciones aúreas. ¿ Es que no hay otra cosa ni otro método ?. Bien,  sé que sí lo hay. Las corrientes de principios del siglo XX, como el dadaísmo, rechazaban de plano todo eso y mostraban su inconformismo; pero es que ha pasado casi un siglo desde entonces y  la mayoría de la gente no se interesa nada más que en fotografiar obras renacentistas y en escuchar música clásica.

 

     En cuanto a las reglas para componer una obra, muchas veces me he hecho la pregunta de que si hay que seguirlas o no hace falta. Hay muchos partidarios del sí. Se escudan diciendo que no se puede hacer música sin atenerse a unas determinadas normas, que se puede ser original pero que no hay que pasarse porque entonces chirría el oído. Muchas veces me han frenado esos comentarios pero cada día estoy más convencido de lo contrario. Y lo estoy porque he creado obras que emocionan y que tienen una belleza manifiesta (y vuelvo a repetir que no sólo a mí me lo parecen ) sin seguir reglas preestablecidas y siguiendo métodos más que heterodoxos. Quizás esto lo tengo así de claro porque nunca me han ordenado la mente de forma académica y no tengo una preparación teórica suficiente para meterme en estos berenjenales; creo que esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes, como todo. Los inconvenientes, por supuesto, son mis deficiencias técnicas, pero para emocionar a una persona receptiva no hace falta el virtuosismo; ese tipo de exhibición la dejo para los que necesiten un exceso de halagos, a mí  no me hacen falta, para eso tengo a mi abuela. Las ventajas son por ejemplo el estar totalmente libre de todo prejuicio y condicionamiento. Supongo que para muchos esto es el caos, pero, ¿quién asegura que el caos está exento de belleza?. Al fin y al cabo el conseguir la belleza y la emoción es el objetivo principal cuando se hace una obra ¿no ?. Por lo menos para mí este es el concepto clave; si se me pone la carne de gallina con algo, estupendo, si esto no ocurre… será que no merece la pena.

 

    Ruego que me perdonen, si parezco exaltado; no es así, sólo quiero dejar claro que mi criterio es tan válido como otros.

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