Viajes Interiores. II. Por: Javier González Entonado. ( Don Avito)

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   No me quiero poner en plan metafísico, porque no es mi estilo; los pseudointelectuales que se ponen un aura sobre su cabeza son capaces de aburrir a un muerto y con esos no quiero que me identifiquen

 

Una obra está viva, es decir, cuando está hecha; escapa del propósito inicial del autor e interacciona de forma distinta con cada espectador, creando una sensación diferente en cada uno de ellos. Me hago muchas veces las siguientes preguntas: ¿dónde está el límite que separa a una obra maestra de otra que simplemente es buena?…

( Javier González Entonado) ( Don Avito)

 

 

 

 

 

Viajes Interiores.  II.  Por : Javier González Entonado. ( Don Avito).

 

 

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 Ahora me viene a la cabeza la cuestión de que algunos, si leen esto, pueden creer que no sé de lo que estoy hablando. No voy a entrar en discusión, cada uno es libre de pensar lo que quiera; quizás no me puedo considerar dentro del grupo de los músicos, escritores, artistas…vale, quizás soy un intruso que se atreve a corromper esos sagrados estamentos. Muchas veces pienso que no soy artista, ni músico, ni escritor; siempre tengo dudas al respecto de considerarme eso o no. Yo no sé si lo soy u otros me consideran de esa forma, pero, ¿y qué? Lo que sí soy es una persona inquieta que canta considerablemente bien y que exprime las ideas de forma continuada; un “procesador de ideas ” como ya he dicho antes, y las expresa a través de la música y de textos que necesariamente no tienen que ser estrictamente literarios. Tampoco tengo una gran habilidad con los instrumentos, pero la suficiente para sacar sonidos interesantes y algunas veces innovadores de cualquier aparato que se ponga entre mis manos.

    ¿Qué importa que un producto se considere artístico o no? Lo esencial es que impacte en el receptor y lo pueda conmover de alguna manera.

    ¿Sólo soy un farsante que se atreve a profanar los intocables templos de la cultura y que no se toma en serio ninguna de esas ocupaciones? No lo sé. Probablemente no tengo pretensiones y sólo intento distraerme, pasármelo bien y matar el aburrimiento. Siempre es mejor hacerlo de esta forma que perder el tiempo viendo la televisión, escuchando programas de radio y leyendo prensa escrita que nos forma como unos correctos ciudadanos con una sólida opinión. Yo en ese aspecto me considero un hombre perdido y sin criterio. También es importante hacer todo lo que hago por el mero hecho de hacerlo y de sentirme a gusto conmigo mismo sin luchar por un sitio en un discutible ” olimpo de dioses “, o por un afán de demostrar de lo que soy capaz. Eso es una pérdida de tiempo y de energías que yo prefiero emplear en el disfrute del mero acto de crear. Si esto lo tuvieran en cuenta más de un artista y no tuviera preferencia la situación de su propio ombligo en el mundo o la situación de su cuenta bancaria; muchas obras que ya están hechas podrían ser mejores de lo que son, debido, sobre todo, a que no habrían tenido condicionantes y falta de libertades ajenas al propio proceso de composición.

 

variosanimalesunodellosiletradoernstQuizá mis obras no se consideran musicales o literarias. Antes me preocupaba que no me considerasen de esta forma. Ahora me da igual. Soy libre de inventar lo que me dé la gana, y de lo que estoy seguro, es que lo que sale de mi cabeza (algo, no todo; porque también hay que tener un poco de autocrítica) tiene la suficiente vitalidad y emoción concentradas para conmover el espíritu de algunas personas y lo de menos es la etiqueta que le pongan. Así y todo sigo pensando que esta actividad no tiene que ser considerada como algo cercano a lo espiritual, es más terrenal de lo que puedan pensar; y no hay que endiosarse por hacer algo así; es más, se debería ser todo lo humilde posible y crear con sinceridad y con el propósito de disfrutar con ello. Nada más.  

No me quiero poner en plan metafísico, porque no es mi estilo; los pseudointelectuales que se ponen un aura sobre su cabeza son capaces de aburrir a un muerto y con esos no quiero que me identifiquen. Siempre ironizo con la idea de mi posible falta de personalidad (como el personaje de “Bobo in New York”); prefiero decir esto a ser como los “intelectuales” de poca monta que sacan de quicio a cualquiera que tenga dos dedos de frente y un poco de buen gusto. Incluso algunos caen en el ridículo más absoluto sin darse cuenta de que lo que provocan es risa.

 

Hablando de esto. Muchas veces me pregunto quien les habrá dado a esas personas el poder de juzgar y la posesión de una verdad absoluta. Tengo la convicción de que una obra está viva, es decir, cuando está hecha; escapa del propósito inicial del autor e interacciona de forma distinta con cada espectador, creando una sensación diferente en cada uno de ellos. Me hago muchas veces las siguientes preguntas: ¿dónde está el límite que separa a una obra maestra de otra que simplemente es buena?; ¿dónde está el límite de una obra buena y otra mediocre?; ¿dónde está el límite de lo que se considera arte y de lo que no?; ¿porqué a determinados artistas unos los llaman autores y otros los llaman simples artesanos? Yo no conozco esas respuestas, tampoco me preocupa; y me parece que a cualquier persona con criterio y ganas de disfrutar tampoco debería preocuparle. Sólo debe interesarle si algo le emociona o no. No hay que darle tantas vueltas a la cuestión. Con la música, el cine, los libros…… hay que ver si te motivan o no, si te conmueven y si te alteran los instintos primarios; la interpretación intelectual muchas veces enmascara los propios sentimientos que genera la contemplación de una obra; por tanto, creo que sería mejor obviarla de vez en cuando. Hay que dar rienda suelta a las emociones que salen del inconsciente libres del yugo de la lógica y la razón. Eso es lo que propongo. Por supuesto no es el único camino para disfrutar de una obra, pero es uno más a considerar. Y quiero dejar claro que esto no es un dogma, es una sugerencia. Dogmas es lo que sobran en este sector; lo que hace falta es que tanto el creador como el espectador se liberen de ellos.