Las Historias de Mikolasa III. Unamuno, una crónica del Noticiero. Por: Iasone Cañada

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La verdad es que este final del invierno ha sido muy duro. Yo he salido adelante pero hay gente de mi barrio que no lo ha conseguido. Pero no les voy a contar mis penas…sino que aprovechando este sol maravilloso voy a pasar el día, primero a la playa de Algorta y luego a la Playa del Salto en Portugalete. Necesito sentir el calor en mi cuerpo y que la enfermedad salga definitivamente de mí. ¡Si!

( Iasone Cañada )

 

 

 

 

 Las Historias de Mikolasa III. Unamuno, una Crónica del Noticiero.  Por:  Iasone Cañada.

 

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Me gusta viajar en el tranvía, ver pasar despacio mi ciudad, sus alrededores… y además por sus asientos siempre encuentro diversos periódicos que leer. Les voy a contar como se reflejaba en la prensa nuestras idas y venidas a las playas. Tiene su gracia, verán:

 

Noticiero Bilbaíno“:*

 

 

 

Miércoles 24 de Julio de 1878

Costumbres: las mujeres y la playa

            “Las Señoras de Bilbao, generalmente retraídas en sus casas y muy afectas a la vida intima de la familia, se han aficionado  a la orilla del mar de un modo que parece increíble. El tranvía tiene en ellas sus mas asiduas y amables favorecedoras y esto no ocurre solo en la presente estación en el que viajar y sobre todo viajar hacia el mar es muy grato, sino que también sucedía en las estaciones que precedieron a la actual.

            Los forasteros que quieren conocer a la flor y nata de las bilbaínas, búsquenlas en el tranvía y de seguro las encontraran, particularmente en los días de moda, que son todos”

 

 

 

Viernes 30 de Agosto de 1878

            “… la variedad en los trajes de baño es inmensa. Quien luce el gracioso sombrerito de marinera, para impedir las caricias molestas del rutilante Febo; quien lleva en sus manos las indispensables calabazas…; quien, un vestido azul, que por sus caprichosos adornos y su elegante corte daría envidia a los artistas del circo Price”

 

Hoy en la playa hay bastante gente, así que busco un rincón tranquilo cerca de las rocas, cerca de la orilla. Doy un paseo mojándome los pies, aspirando fuerte el olor del mar. El agua esta fresca.

Me tiro en la toalla y ya me estoy deleitando del rato que pasare dedicada a la lectura. Me he traído uno de los periódicos del tranvía, El Nervión, y me he quedado encantada ya que viene una narración de Don Miguel de Unamuno. Se la voy a contar a ustedes:

 unamuno                                                                                                                 PERIODICO “EL NERVIÓN”* 

“DOS ORIGINALES” de D. MIGUEL DE UNAMUNO

 A nació en cueros, pero rico; asi es que pronto se encontró entre algodones y con teta de alquiler. Le criaron y educaron para rico y a los 27 años, era uno de los distinguidos de su pueblo, esto es, un imbecil macizo atacado de anticursilismo y fascinado por B.

B era portento de distinción, refinamiento y anticursileria, juerguista con sombra, según sus compañeros. < ¡lastima de chico!> según los viejos amigos de su familia. Siempre decía esta o enfermo o aburrido y no importarle de nada, nada.

 La suprema indeferencia es la mas alta elegancia del estúpido, le reventaban los serios, los formales ¡Cerdo! Y sobre todo los laboriosos. Sentía una sorda irritación hacia los que trabajaban.

 

Todo el empeño de B era no contaminarse de cursilería y ramplonismo, mantenerse como el armiño, libre del fango de la vida.

B metió a A en el casino de “los originales” formado de copias de millonésima reproducción enteramente borrosas, porque la estampilla se había gastado desde antiguo. Allí todos se dedicaban a ejercicios de dislocación y a rendir culto a la anticursileria. Sus gustos tenían que ser refinados o ordinarios e infantiles y como glotón que aspira a sibarita, por huir del “vil” puchero, se hartaban de podredumbre, de verdadera boñiga. Las sesiones acababan en la revelación de la mayor penuria de espíritu y de la mas radical estupidez, en la borrachera. Otras veces se cultivaba lo grotesco, lo infantil, lo tabernario.

 

Como la descripción mas exacta de la vida y hazañas de A y B es pasarlas por alto, las omito.

 

El caso es que A se jugo todo su patrimonio, con calma y sin dar importancia al hecho, por hacer algo. Y como aun le quedaba en la masa una chispa de vergüenza, desapareció del pueblo y en años no volvió en éste a saberse de él.

Se fue a un país extranjero y lejano y allí se puso a trabajar con sus manos y sus espaldas primero. Y allí comió el pan con el sudor de su frente y se le cayeron las telarañas de los ojos y vio que nada hay cursi, y amo la vida y sintió la dignidad propia y cuando llegaba el domingo y se ponía el traje del día de fiesta y se iba a tomar el sol, al acordarse de sus amigos << originales>> no sentía hacia ellos lastima, sino una punzada viva en el alma de donde primero le salía un grito <<¡ imbéciles ¡ >> y luego muy bajito murmuraba para sus adentros <<¡ ladrones ¡>>

 

Paso muchos años comiendo de su sudor y cuando pudo reunir algunos ahorros se volvió a su pueblo y se encontró con otro al entrar el cual, se sintió avergonzado y confuso como el, hijo prodigo al volver a la casa paterna. Y al sentir que un tiempo se hubiera avergonzado de aquella vergüenza, levanto la cabeza y se ensancho el alma.

 

Preguntó por B ¡Pobrecillo¡ hacia tiempo que le habían dado unos ataques de apoplejía y arrastraba sus  piernas y su vejez prematura por las calles de su pueblo. Un día le encontró y se le revolvió el alma de una piedad inmensa, de una lastima vigorosa en que sufría con todos los alientos de que le había dotado el trabajo. B le miro con ojos entupidos y murmuro unas palabras ininteligibles. Quiso A darle el brazo y lo rechazo aquel.

 

¿Adónde vas? pregunto el regenerado al enfermo. Y con gran trabajo pudo entenderle que a tomar el sol.

Era un día de invierno frió pero de sol radiante y al salir de la sombra vio A que a su antiguo amigo se le animaba la cara entupida y que parecía querer restregarse  en los rayos de sol.

            _ ¡Hermoso día! dijo el sano después de un rato.

            _Bueno… bueno… bueno… murmuro el otro.

 

No hablo mas, pero desde le fondo de su imbecilidad vio A que brotaba radiante y puro el carácter eterno de su antiguo maestro, el fondo verdadero de su ser, que era la esencia misma de la vulgaridad cursi y sintió una piedad reconfortable al contemplar a aquel invalido que iba a tomar el sol, al aire libre, lo mas antiguo y lo mas “cursi” de la creación.

 

Era el antiguo local del Casino de “Los Originales” había una instalación de figuras de cera y A paso un rato delicioso contemplando aquellos mamarrachos. Al salir se decía:

            Estos, no pueden tomar el sol.

 

                                                           Miguel de Unamuno, Bilbao 9 de Julio 1894

 

 

 

 Me quedo mirando el horizonte, con el pensamiento en lo que la lectura de este texto, ha desencadenado en mí.

Les propongo lo mismo. Piérdanse en su propio horizonte,  dejen caer los rayos de sol sobre su piel invernada…y saboreen a Unamuno, en este breve relato.

¡Feliz primavera!

 

 

 

 

 

 


 

* Documentación de la colección particular de Don Restituto Zorrilla, Catedrático de la UPV