Andrew Bird: Música Sencilla para Enemigos del Artificio. Por: Alfredo Rodríguez. La Música en las Antillas Francesas. El Zouk. Por: María Luisa Tamarit.

03andrew-birdReconozco que siento un algo pudoroso a la hora de sentarme a escribir este artículo, y es que temo que un exceso de palabras no encaje bien con la hermosa sencillez que se oculta y se nos muestra en cada una de las canciones de Andrew Bird, un profesor de piano de Chicago que primero quiso tocar swing, luego pensó en hacerse silbador, y que, finalmente, aprendió a tocar la guitarra e inició una carrera en solitario jalonada por un puñado de discos de esos que se convierten en compañeros imprescindibles en los buenos viajes musicales.

( Alfredo Rodriguez)

 

 

 

 

 

 

 

01De las Antillas han surgido estilos musicales que se han popularizado en todo el mundo. Jamaica es la cuna del reggae, Cuba lo es del mambo y el bolero, y Trinidad de la soca y el calypso. Martinica y Guadalupe, las dos mayores islas de las Antillas Francesas, no escapan a esta tradición y de ellas son originarias danzas como el biguine y, más recientemente, el zouk, convertido desde hace unas décadas en el ritmo que las identifica.

( María Luisa Tamarit )

 

 

 

 

 

  

 

 

Andrew Bird: Música sencilla para enemigos del artificio. Por : Alfredo Rodríguez.

 

 

Noble Beast, disco editado este mismo año 2009, es su producción más reciente, y en ella podemos encontrarnos con02andrew_bird algunas de las constantes en la música de Bird, como es el sonido del violín, la guitarra y, sobre todo, ese silbido tan característico y que tantas cosas aporta a sus canciones. Un disco que me atrevo a considerar como perfecto para acompañar esta incipiente primavera, y es que los temas que le dan forma invitan a que nos sentemos a escucharlos tranquilamente, a que dejemos que las canciones vayan dejando en nuestro paladar toda la gama de sabores que contienen, y que piden varias escuchar para que el proceso de decantamiento sea completo. Un disco que camina por terrenos amables, nada abruptos, por un delicado equilibrio que es también el que mantenemos con la naturaleza que permite la vida.

Antes de llegar hasta ahí, se enroló con un grupo que reinterpretaba los temas clásicos de los años dorados del swing. Eran los Squirrel Nut Zippers. Aquello no duró mucho y en 1996 ya sacará su primer disco en solitario en el que ya dejaba ver que su música se iba a mover por los terrenos del blues, el jazz y el folk, territorios que seguirá visitando en los discos siguientes.

Aunque el primer disco con el que consiguió llamar la atención de una forma más llamativa fue Weather Systems, editado en el 2003, después de una serie de trabajos en los que el sonido tenía mucho de experimental, la piedra fundamental se apoyará en Armchair Apocrypha (2007). Ahí consiguió reunir un grupo de canciones realmente memorable, un disco lleno de emoción, de instantes de gran belleza, muy redondo, con un sentido lírico que ya se ha convertido en toda una seña de identidad en la discografía de Andrew Bird.

Escuchando su música, en ocasiones, es muy difícil no dejarse acunar en los brazos de una nostalgia indefinida, un sentimiento que no tiene por qué tener algo real detrás, canciones que nos hablan de la soledad, de la necesidad de vivir de una manera diferente lejos de las falsas seguridades con las que intentamos arroparnos en nuestra existencia. Y si se va a acercar por vez primera a la música de Andrew Bird, no espere encontrarse con una gran voz, pero sí con alguien que consigue hacer virtud de una limitación, y a través de unas melodías muy elaboradas al servicio de unas canciones que sugieren muchas más cosas de las que dicen.

 

*Discografía:

 Noble Beast (2009), Soldier On (2008), Armchair Apocrypha (2007), The Mysterious Production of Eggs (2005), Weather Systems (2003), The Swimming Hour (2001), Oh Grandeur (1999), Thrills (1998), Music of Hair (1996).

 

 

 

 

 La Música en las Antillas Francesas.  El Zouk .  Por: María Luisa Tamarit.

 

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El acervo musical de las Antillas Francesas está estrechamente ligado a su pasado colonial. La alquimia de sonidos y de ritmos africanos, europeos e indígenas ha producido estilos muy diversos, como la laghia, la caleinda y el belair (o bélé), danzas, todas ellas, de origen africano, que se bailan al sonido del tambor. O el biguine, un baile de raíces francoafricanas que se popularizó en las primeras décadas del siglo pasado bajo la influencia de las orquestas de Jazz de Nueva Orleans. La mazurca y la polca también recalaron en estas islas para transformarse en unas variantes criollas de estas danzas centroeuropeas.

 

 

 

Con los años, algunos de estos estilos musicales dejaron de gozar de las preferencias de las nuevas generaciones y empezaron a sobrevivir gracias a la labor de los grupos folclóricos tradicionales.

El Zouk, sello de identidad de Guadalupe y Martinica

 

 

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A partir de 1970, las Antillas Francesas asistieron a una especie de renacimiento cultural del que formó parte también la música. Diversos grupos de compositores empezaron a explotar el pasado musical de Guadalupe y Martinica y a integrar los ritmos africanos y europeos para producir una música típicamente autóctona: el zouk, convertido desde 1980 en la música antillana por excelencia. Su popularidad ha sobrepasado los confines insulares y se ha afincado en diversos países europeos, africanos y americanos, especialmente, entre la población francófona y de habla portuguesa. Grupos como Zouk Machine, Malavoi y Kassav han dado a conocer a todo el mundo este nuevo fenómeno musical. Antes de la eclosión del zouk, el biguine era el estilo musical más prominente de las Pequeñas Antillas. Su orquesta, formada por intérpretes de clarinete, banjo, trombón y batería, era muy similar en estructura al formato de las bandas de jazz de Nueva Orleans. En Europa, el biguine adquirió una enorme popularidad en los años 1920 y 1930 como baile de salón y se practicaba de forma habitual algunos legendarios clubs nocturnos de París, como Bal Negre y Boule Blanche.

 

El zouk constituye una de las más claras manifestaciones de la cultura criolla. Es el ritmo de los negros caribeños, la banda sonora de las coloridas calles de Martinica y Guadalupe. Música que se expresa en lengua creole y está hecha para bailar, emocionar y asentar la identidad patriótica.

 

El origen de la palabra zouk es incierto. A mediados del siglo pasado, el término hacía referencia a las zonas de baile reservadas para la población más humilde de Martinica. De hecho, la expresión zouker se empleaba y se emplea todavía para referirse a ir de fiesta, ir a bailar. Para otros, en cambio, zouk derivaría de mazouk, que en creole significa “mazurca”.

 

El gwo ka y el twi ba, dos especies de tambor originarios de Guadalupe y Martinica que se percuten con las manos, han permitido rastrear los orígenes del zouk. El gwo ka ha sobrevivido hasta nuestros días y es actualmente uno de los instrumentos básicos del zouk. En Guadalupe hay incluso escuelas para enseñar a tocar este tradicional tambor.

 

Los intérpretes de zouk se sirven de las nuevas tecnologías para integrar y matizar los ritmos ancestrales y conseguir un sonido eléctrico, brillante, ecléctico. Sobre un fondo de biguine, fusionan condimentos puramente autóctonos con elementos de funk, salsa, calypso y otros ritmos antillanos para crear un estilo musical con identidad propia, que posteriormente maquillan con el sintetizador y los instrumentos de mezclar sonidos. En realidad, el zouk no es más que una colorista aleación de ritmos tradicionales y contemporáneos que adquiere la forma de una danza sensual concebida para ser bailada en pareja.

 

Kassav, el artífice del zouk.

 

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Kassav fue primer grupo internacional de música en cantar en creole. Hablar del zouk es hablar, en cierta forma, de Kassav.

El grupo nació en 1979 en la ciudad de París, cuando Pierre Edouard Décimus, un músico guadalupeño afincado en la capital francesa después de su éxito como cantante de la legendaria banda “Les Vikings de la Guadaloupe”, se asoció con el compositor y arreglista Jacob Desvarieux, parisino de origen antillano, para experimentar nuevas formas de música. Georges, hermano de Pierre Edouard, se incorporó también al grupo en sus comienzos. La intención de Décimus, fundador de Kassav, era dar nueva vida a la musicalidad de las Antillas Francesas creando un ritmo propio que las identificara. Kassav fue el primer grupo moderno en incluir el gwo ka en su cuadro instrumental.

 

Cinco años después de su nacimiento, y consolidado con una nutrida selección de intérpretes guadalupeños y de Martinica, Kassav ofreció su primer concierto en directo en la isla de Guadalupe. Corrían los años ochenta cuando empezaron a sonar repetidamente sus canciones en diversas emisoras de radio francesas y de otros países. Desde entonces, el grupo no ha dejado de cosechar éxitos.

 

Actualmente, y con más de cuarenta álbumes editados, Kassav se ha convertido en un pilar fundamental de la música antillana, situando a Martinica y Guadalupe en el epicentro de las nuevas músicas.