Jaume Rotés. Vivir con Dignidad.Por : Alena Collar.

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Los libros que tratan de la guerra incivil que perpetraron los españoles para bien matarse, o las memorias que se suelen escribir sobre ese tiempo de postguerra bien llamado “oscuro”, no pasan desapercibidos. Ni para lectores, ni para críticos, ni para revistas especializadas. Se analizan, se critican, se valoran, se enaltece-con razón- el sufrimiento de tanta gente que se exilió, de tanta gente encarcelada, de tantos que supieron del dolor y la muerte, y la miseria.

Y sin embargo, hay algunos libros que están destinados a no ser criticados, ni valorados, ni siquiera leídos, porque expresan un tipo distinto de forma de ver los hechos. No, no son los libros de los “vencedores”, sino los libros de aquellos que siendo intelectuales, profesionales liberales, artistas, se limitaron a intentar que la guerra no les pasara por encima y a intentar vivir en su país después de aquella sin “significarse”.

Se les tacha de haber contribuido con su silencio al estado de cosas que se instauró en España durante cuarenta años. Y en algunos casos es cierto, en otros sin embargo, es que hubieran vivido exactamente igual si la victoria hubiera sido de la República.

Quiero decir, que jamás se ocuparon de la política, que les importaba un bledo, y que lo que intentaron fue sobrevivir y llevar su vida con dignidad.

 

Es el caso de Jaume Rotés, médico reumatólogo, nacido en Balaguer, del que se han publicado sus Retalls, (retazos), por la editorial La Magrana, y con prólogo de Teresa Pámies.

 

 

 

 

 

 

 

 

 portadaUn libro que – salvo en las fronteras de Catalunya y Valencia- dudo que haya llegado a los círculos de los que hablaba antes. Y no solo por estar escrito en catalán, sino porque lo que cuenta, y muy bien por cierto, es la memoria a retazos de una vida llena de dignidad, pero en la que no existió ni la cárcel, ni el exilio, ni el hambre ni la miseria. Y eso no vende. Es decir, a Rotés no se le puede “hacer un homenaje”, ni hacerse la foto, ni descubrir una lápida al sufrimiento, porque Rotés se limitó, vaya por Dios, a ayudar a sus enfermos, a tratar con médicos internacionalmente prestigiosos pero que tampoco venden, por ejemplo Jacques Forestier, Jacques Arlet,  a ir a congresos médicos en los que la reumatología avanzó considerablemente gracias a sus aportes y descubrimientos, a hacer labor de investigación que tampoco vende, a ser amigo de personajes que tampoco -según gira el viento- conviene airear mucho, como Carlos Barral,  y a no plañir nunca pidiendo el aplauso ajeno.

Y en un lenguaje sencillo, lleno de ironía, bien humorado y en ningún caso ácido, es lo que este desconocido catalán va desgranando sin más alharacas. Por eso viene hoy aquí, porque estaría bien que al Doctor Rotés le agradecieran no por haber sufrido mucho, sino por haber ayudado a los demás a no sufrir tanto. Y una buena manera de hacerlo es leyéndole.