El taxista y el Libro: Daniel Díaz. Por : Alena Collar.

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Hubo un tiempo en que leer era simplemente algo que se hacía para el disfrute personal. Me refiero al común de los mortales, a la persona corriente, a quien le gustaba la lectura y era socio de bibliotecas, y compraba de vez en cuando en aquellas librerías del barrio los libros que sabía, de antes de publicarse, que le iban a gustar. Uno no tenía que andar dando explicaciones surrealistas a nadie de porqué le había aburrido la última de Wenceslao Fernández Florez, o le habían encantado los artículos de Azorín, por decir ejemplos. No existía entonces esto tan peligroso de la “función social del Crítico” que nos adoctrina sobre lo que debemos leer por narices aunque sea un tostón de aquí te espero, o de lo que no debemos leer porque “no tendrá éxito editorial”.

 (Alena Collar)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El taxista y el Libro: Daniel Díaz. Por : Alena. Collar.

 

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Claro que existían los críticos, lo que sucede es que entonces los críticos eran bastante más críticos y bastante menos plumíferos.  Y además no existían las listas de más vendidos en el Corte Inglés, ni este marketing editorial-periodístico que hace que si a un autor hay que encumbrarle porque le conviene a la empresa editora no nos le quitemos de encima ni en la sopa, ni esta especie de maratón establecido por ver quien habla mejor y con más floripondios del institucionalizado “Gran Escritor”.

Total, que entonces uno leía lo que le daba la gana, dentro de que en ese darle la gana evidentemente existía la censura, pero no estoy hablando de eso y ustedes me entienden. A usted no le llamaban memo, tontorrón o desinformado si decía que prefería a Ana María Matute en vez de a Carmen Kurtz, o que le habían gustado mucho los libros de viaje de Editorial Juventud.

Hoy sí. Hoy, como a usted se le ocurra dudar no ya de la calidad sino del interés de un autor/a “que sale en los papeles”, está usted apañado. Poco menos que le dirán que es  usted un analfabeto, un ignorante, un pobre estúpido que todavía no se ha dado cuenta de lo que se está perdiendo, que si es que “ no ve usted la tele, porque salió en una entrevista”,o no escucha la radio “porque participó en el coloquio en el que se pegaron fulanita y menganito”, y que tiene una columnita en un periódico pero que muy importantísimo, y que como es posible por dios santo que no te guste…

 

Y con estas premisas y disposición, vengo yo a hablar de un escritor que acaba de publicar un libro, y que es taxista.

 

O sea, que el señor Gamoneda no le debe conocer porque el señor Gamoneda no lee a escritores que hablen de las cosas de la experiencia directa. Vaya por dios…

 

Ni Libre ni ocupado son las reflexiones que Daniel Díaz se hace y nos hace desde su taxi. Es un fresco sobre la vida cotidiana, una estampa  sobre eso tan difícil que se llama existir; está lleno de humanidad, de ternura, de anécdotas, de inquietudes. Todo esto en un lenguaje que  la gente común, esa que leía para pasarlo bien, entenderá y compartirá. Igual que es muy sencillo ser cómplice de lo que piensa, de lo que le pasa, y también de lo que quisiera que le pasara y simplemente se queda en un deseo.

Son breves capítulos, como estampas en las que desfilan sus personajes, variopintos, distintos, inconexos unos de otros, cambiantes como la bandera de su automovil; pasando de libre a ocupada. Y en ese intervalo entre la bajada y la subida de bandera, Daniel nos cuenta lo que Unamuno llamó una vez la “intrahistoria” de la historia: lo que sucede cuando en realidad podría no suceder nada…

 

Daniel Díaz escribe muy bien. Escribe muy bien porque sabe usar el lenguaje para que el lector sienta cercanía, porque usa los adjetivos para adjetivar y no para adornarse y mostrar “cuanto sabe”, porque es directo cuando debe serlo y a la vez conoce el arte de dejar las palabras como suspendidas para que nosotros las completemos, y sobre todo porque sabe muy bien que al narrador de historias lo que le pedimos es que nos las cuente sin más zarandajas.

 

Daniel Díaz no gozará de los favores del Crítico Importante; pero puede estar orgulloso de algo: No los necesita y leerlo es un disfrute. Como antiguamente.

 

* Alenarte dispone ahora de un video en el que se puede ver la presentación que se hizo de este libro en Madrid. Esperamos con ello aportar difusión a éste, porque lo merece.