La Tempestad, una comedia de William Shakespeare. Por: Virginia Seguí

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La Tempestad es una de las obras más desconocidas de Shakespeare considerada por los expertos como una de sus últimas producciones, suele ser clasificada dentro de la categoría las comedias; hay quién, además, creando una segunda subdivisión la incluye, sin duda por su temática, dentro de las fantásticas y, contrariamente con lo que esto pudiera dar a entender es, al mismo tiempo, considerada la más ortodoxa al ajustarse más que ninguna otra a las unidades aristotélicas de espacio, tiempo y acción. Es, por tanto, interesante destacar, que pese a todo lo ya mencionado, y sobre todo a estar considerada, quizás, como la última de sus obras, fuera la elegida para abrir la primera edición conjunta de la producción del genial dramaturgo publicada en 1623.

 

La Tempestad, una comedia de William Shakespeare. Por : Virginia Seguí.

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La Tempestad es una de las obras más desconocidas de Shakespeare considerada por los expertos como una de sus últimas producciones, suele ser clasificada dentro de la categoría  de las comedias; hay quién, además, creando una segunda subdivisión la incluye, sin duda por su temática, dentro de las fantásticas y, contrariamente con lo que esto pudiera dar a entender es, al mismo tiempo, considerada la más ortodoxa al ajustarse más que ninguna otra a las unidades aristotélicas de espacio, tiempo y acción. Es, por tanto, interesante destacar, que pese a todo lo ya mencionado, y sobre todo a estar considerada, quizás, como la última de sus obras, fuera la elegida para abrir la primera edición conjunta de la producción del genial dramaturgo publicada en 1623.

La constatación de su estreno, en el gran salón de banquetes de Whitehall, el día de Todos los Santos de 1611 es la primera noticia que tenemos de ella; el hecho de que este acontecimiento tuviera lugar en un espacio cortesano apropiado para los juegos escénicos permite intuir que fue concebida como un gran espectáculo, habiendo quien la tiene por una especie de mascarada de carácter epitalámico pensada para divertimento de reyes y cortesanos; siendo, posiblemente debido a ello, incluida poco tiempo después en el programa de festejos ideado para la celebración del enlace de la princesa Elizabeth con el Príncipe Elector del Palatinado que tuvo lugar a principios de 1613.

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Otras razones que justifican la fecha de datación de la obra vienen dadas por su propia temática que pone de manifiesto el interés que en la sociedad inglesa de la época despertaba, su propia expansión colonial; estando en ella presentes los viajes y los descubrimientos geográficos que se estaban realizando entonces, incluso aun cuando éstos no fueran obra de expediciones inglesas.

La búsqueda de las fuentes de inspiración de Shakespeare para su trama y argumento, son considerados por algunos expertos como fuentes expresas, aunque para otros éstas mismas fuentes, a las que los primeros nos remiten, no sean más que el conjunto de conocimiento y bagaje cultural general al que habría llegado Shakespeare después de su experiencia vital y actividad literaria; siendo, por tanto una original reelaboración de este conjunto lo que le habría permitido crear una de las obras más interesantes de su producción dramática.

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Ferrugini indica en sus estudios sobre la obra que, sin duda, una de sus fuentes hay que buscarla en la commedia dell’arte italiana, pues su intriga puede relacionarse con Scenari delle maschere in Arcadia de Ferdinando Neri; apoyando su afirmación también en estudios de otros expertos recogidos en: La obra Shakespeare, Napoli e la commedia napolitana dell’arte de Croce o en los de Rèbora expresados en La Tempesta di Shakespeare e la comedia popolare italiana. Otros estudiosos ven en La Tempestad algunos aspectos de personajes y escenas que pueden asociarse a la commedia dell’arte italiana pero no consideran a ésta su fuente principal. El hecho mismo de contener una escena de masque o mascarada incide igualmente en esta relación; a la vez que la pone en contacto directo con El sueño de una noche de verano, una de sus primeras obras en la que también vemos mezclados realidad y fantasía, en la que daba entrada al mundo de los elfos y las hadas tan arraigado en la cultura anglosajona; a los que ahora añade la magia y lo sobrenatural con reminiscencias mitológicas. Estos aspectos, sobre todo la escena del acto IV, se vinculan también con obras del mismo tipo producidas por Ben Jonson, en particular su Hymenaei, que se representó en la corte inglesa en 1606.

Astrana, por su parte, en su estudio introductorio a la traducción que de las obras de Shakespeare publicó en los años sesenta, cita expresamente producciones españolas como fuentes tanto para La Tempestad como para otras dos de sus producciones tardías: Cimbelino y El cuento de invierno. La Historia de Nicephoro y Dardano incluida como relato en las Noches de invierno de Antonio Eslava presenta, en líneas generales, una intriga muy similar a la que viven los protagonistas de La Tempestad.

Por otro lado da como muy probable la asociación de los nombres de algunos de sus personajes con los que se citaban en algunas de las Relaciones, que sobre la conquista de América circularon por la Inglaterra de la época; básicamente las que narraban la fundación del Fuerte de Sancti Spiritus, llevada a cabo por Sebastián Gaboto (Caboto o Gabot), en el Paraná, considerado el primer establecimiento español en el Río de la Plata, región dominada por los timbúes cuyo cacique Mangoré enamorado de Lucia Miranda, esposa del español Sebastián Hurtado, la raptó destruyendo el fuerte; pues no fue hasta esa fecha cuando Miranda comenzó a ser utilizado como nombre siendo originaria y habitualmente un apellido. Los viajes de Magallanes publicados en inglés como Eden’s History of Traveyle (1577) pueden ser, también, otra fuente de inspiración para algunos de los nombres dados a personajes de La Tempestad, que muy bien pueden derivar de Ferdinando, Sebastián, Alonso y González (convertido en Gonzalo).

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 Otra cuestión clara, que los expertos dan como segura, es el conocimiento que el autor tiene de la obra de Montaigne; el filósofo francés tuvo una gran influencia en la época y Shakespeare sería, sin duda, lector asiduo de sus obras, que estuvieron disponibles en inglés gracias a la traducción  que realizó John Florio en 1603. Lecturas que a la larga irán dejando su huella en el pensamiento del dramaturgo; este aspecto queda patente en La Tempestad, básicamente en la creación del personaje Calibán, nombre que los expertos considerado un anagrama de la palabra caníbal, quien participa en gran medida de las características de la idea de salvaje que Montaigne plasmó en sus ensayos sobre el descubrimiento del nuevo mundo y las consecuencias que la colonización tuvo para los aborígenes de estos países, a los que sus congéneres hacían sufrir y esclavizaban, criticando esto más incluso que su condición de caníbales. Visión que difería del pensamiento general que veía el Nuevo Mundo como un nuevo Jardín del Edén y alejada también de la visión ilustrada del buen salvaje. Shakespeare recogerá también algunas de las opiniones políticas o filosóficas del autor francés poniéndolas en boca de sus personajes.

La obra se organiza en cinco actos que como ya hemos dicho se ajustan a la unidad de lugar, tiempo y acción; el espectáculo dura unas tres horas, tiempo que coincide con el que transcurre en la propia obra desde su inicio a su conclusión. La unidad de lugar se centra en la isla donde suceden todos los acontecimientos, exceptuando el naufragio inicial que tiene lugar en las proximidades de sus acantilados, ya que es visualizado por los Próspero y su hija, prácticamente los únicos humanos que la habitan.

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La edición de la obra, publicada por Cátedra, realizada por un equipo de expertos bajo la dirección de Manuel Ángel Conejero menciona en su introducción que la estructura de La Tempestad es la más lineal de todas las obras de Shakespeare; encontrando similitudes porcentuales entre sus diferentes divisiones y estableciendo simetrías entre las diferentes escenas; destacando, también, cómo el dramaturgo inglés, explotando al máximo sus recursos lingüísticos y teatrales, consiguió crear diferentes espacios que, conjugados, le permiten presentar ante los ojos del espectador gran variedad de registros y matices metalingüísticos que unidos y pese, a poder ser considerados contradictorios, son los que dan su grandeza a la obra permitiéndonos apreciar su fuerte lirismo y musicalidad frente los considerados más prosaicos, coloquiales o bufonescos.

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Shakespeare inicia el espectáculo con la escena más efectista de la obra: el naufragio, que sucede durante una tempestad, creada artificialmente por Ariel bajo el mandato de su amo: Próspero, y durante la cual tiene lugar el naufragio del barco en el que navegan: Antonio, hermano de Próspero quien hace doce años le traicionó arrebatándole el Ducado de Milán y que, no atreviéndose a terminar con su vida, por el cariño que el pueblo mostraba hacia él, dispuso su marcha y la de su hija Miranda, en un barco medio destruido con la esperanza de que perecieran en el mar con el que finalmente naufragó en la Isla en la cual él mismo , junto a sus compañeros, acabará ahora naufragando. La fortuna ha hecho que después de doce años de soledad en esta isla del Mediterráneo, el barco en el que viaja Antonio, usurpador del Ducado de Milán, junto con Alonso, rey de Nápoles y su  hermano Sebastián y su hijo y heredero Ferdinand; su consejero el anciano y honrado Gonzalo, junto con Adrian y Francisco nobles cortesanos, arribe; todos ellos regresan de la boda de la hija del Rey de Nápoles y, de manera casual navegan por las cercanías de la isla en la que hace doce años arribaron Próspero, el depuesto Duque de Milán y su hija Miranda. Las indicaciones de Shakespeare sobre la isla son escuetas, habla de Isla deshabitada, dejando pocas posibilidades creativas a quien se plantee recrear la obra.

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En la segunda escena del Primer Acto Próspero relata a su hija Miranda lo ocurrido hace doce años cuando tuvieron que abandonar Milán; intentando ver lo que ella recuerda de los hechos ;de esta forma el autor, como en una especie  de flashback, da al espectador las pautas necesarias para hacerle comprensible el desarrollo de la obra.

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Le explica a su hija cómo fue traicionado por su hermano Antonio en quien había depositado toda su confianza y en el que había ido delegando sus poderes; justificando este hecho por su interés en las Artes, término que en la época definía tanto el dominio de la magia como el de otras actividades intelectuales tendentes a la superación de la condición natural del hombre. Al igual que el rey Lear fue traicionado por sus hijos, él lo fue por su hermano, lo que les llevó a la situación actual en la que se encuentran en la isla. Lugar deshabitado o mejor dicho habitada únicamente por seres no humanos; encarnados por dos personajes contrapuestos de Ariel, joven elfo que irremediablemente nos evoca a Puck ,permanecía confinado de por vida en una prisión arbórea por la maga Sycorax reina de la isla; y Calibán fruto de la unión de ésta con el demonio Setecos, un ser abyecto y monstruoso, al que Shakespeare da vida dotándole de muchas de las características que llegaban a Europa sobre los salvajes pobladores del Nuevo Mundo, quien tras la muerte de su madre había quedado como dueño y señor de la isla.

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Fueron precisamente esos conocimientos del arte de la magia de Próspero los que le permitieron, una vez en la isla, convertirse rey y señor de ella, convirtiendo a sus dos únicos habitantes en sus esclavos; pues no le fue difícil conseguir la sumisión de Ariel con la promesa de su liberación ni la de Calibán después de tratarle inicialmente como a un buen salvaje, acogiéndole en su campamento, enseñándole, junto a su hija, a leer y a disfrutar de la música. De este modo consiguió que el hijo de la malvada maga Sycorax le desvelara todos los secretos de su reino; y así hubiera seguido siendo si él, transcurrido algún tiempo y dominado por sus bajos instintos, no hubiera intentado violentar a Miranda, cuando comenzaron a ser patentes  en ella los albores de la pubertad.

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Estos doce años de estancia en la isla los había empleado en profundizar en sus estudios y en dominar el arte de la magia de tal forma que cuando tuviera ocasión éstos conocimientos le permitieran salir de ella, vengarse de su hermano Antonio y recuperar el Ducado de Milán; también los había empleado en dar a su hija una esmerada educación, para que se convirtiera en una mujer inteligente y pudiera llegar a sucederle una vez recuperado su poder en Milán. Y efectivamente Miranda es una joven inteligente e ingenua, que adora a su padre y para la que el conocimiento del mundo se reduce a la isla y a los habitantes con quienes la comparte.

La descripción que su padre le hace del fatídico día en que fue derrocado y en el que tuvieron que abandonar Milán despierta en ella escasos recuerdos, dada la edad que tenía cuando sucedieron los hechos; pero el relato le  permite conocer la verdad sobre su condición y justifica su estancia en la isla. Por otro lado, ha sido testigo del naufragio, ha oído los gritos de pánico de los náufragos y piensa que todos ellos han perecido en el suceso. Tras la agitación que el relato de su padre le produce se sume en un profundo sueño, mientras Próspero ultima su plan con ayuda de Ariel.

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Realmente nadie ha fallecido en el naufragio, Próspero ha preparado todo para que consigan arribar a la isla de la manera que conviene más a sus intereses. Ariel siguiendo sus órdenes ha salvado el barco que con su capitán, el contramaestre y la mayoría de los marineros, está a buen recaudo en una profunda ensenada invisible para los habitantes de la isla y allí debe permanecer mientras él no ordene otra cosa. Por otro lado los náufragos han conseguido llegar a la costa pero separados en tres grupos; el primero de ellos lo forman un marinero llamado Trinculo y Esteban, el despensero del barco, que pronto encuentran a Calibán a quien emborrachan consiguiendo la consideración del salvaje que intentará urdir un plan para liberarse de la esclavitud a la que le tiene sometido Próspero, aunque eso no suponga otra cosa que cambiar de amos, ya que a cambio de su ayuda le promete sumisión y el control de la isla. Las escenas en las que intervienen estos personajes son las que se relacionan con commedia dell’arte pues sus intervenciones tienen mucho de bufonescas.

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Otro de los grupos es el formado por los nobles: Antonio, Alonso, Sebastián, Adrián y Gonzalo que han conseguido llegar a la costa todos juntos; únicamente falta Ferdinand, hijo de Alonso a quién éste cree muerto; aunque la realidad es que se ha salvado pero se encuentra solo algún otro lugar de la isla. El plan de Próspero persigue la venganza sobre su hermano Antonio,  aunque dadas las circunstancia no deja de aprovechar la ocasión para  que el joven príncipe de Nápoles conozca a su hija y surja el amor entre ambos, esperando, con ello, conseguir el apoyo de su padre Alonso en sus pretensiones de volver a ostentar el poder en Milán y de no ser esto posible que, al menos, lo haga su descendencia.

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No hace falta mucho para que cuando ambos jóvenes se encuentren surja el amor entre ellos; Miranda no conoce a ningún otro humano tan gentil y Ferdinand a ninguna joven tan inteligente y carente de artificio como Miranda, que muy pronto será la dueña de su corazón; Próspero ayuda a que el empeño del uno por el otro sea cada vez más fuerte fingiendo poner, inicialmente, reparos a sus inclinaciones; lo que llevará a los jóvenes a declarase su amor y comprometerse en matrimonio.

El ambiente en el grupo de nobles es quizás el más complicado, ya que por un lado Alonso está apenado por la pérdida de su hijo, y teniendo en cuenta el reciente matrimonio de su hija Caribel con el rey de Túnez, le hace temer por el trono de Nápoles. Aunque el resto de nobles le hace concebir esperanzas la realidad es que sus pensamientos son pesimistas. Dadas las circunstancias con el transcurrir del tiempo quedan también al descubierto las ansias de su hermano Sebastián por su sucesión, ansias que incluso se ven alentadas por Antonio quién es experto en esas lides; solo Gonzalo el viejo y honrado consejero es fiel y atempera la situación.

Próspero una vez conseguido su propósito hace que  todos se reúnan en la cueva donde hasta entonces ha vivido con Miranda, y allí, tras una especie de mascarada musical en la que aparecen las diosas Ceres, Iris, Juno creando en la gruta un ambiente de fantasía e irrealidad,  Alonso ve con alegría su hijo ha salido también ileso del naufragio y su alegría no le permite turbarse cuando éste le declara su amor por Miranda; se producirá también la reconciliación entre hermanos y se frustrarán los planes de Adrián y Sebastian y los de Caliban, ya que Próspero avisado por Ariel del mismo no tendrá dificultades en desbaratarlo. Ariel conseguirá su libertad pues Próspero una vez conseguidos sus propósitos se la concederá gustosamente y de esta manera una vez más Shakespeare cerrará una de sus obras con la unión de dos reinos.

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Shakespeare escribió esta obra de forma distinta al resto, hasta ahora sus obras suelen tener varios borradores, en los que trabajaba con ayuda de los propios actores, y a medida que se ensayaba se iban modificando y adecuando a las necesidades de la representación; pero La Tempestad es en ese sentido una obra bastante encorsetada, que deja muy poca libertad en la representación, todo está muy medido; al parecer esta circunstancia hizo que inicialmente la obra no tuviera demasiado éxito en el ámbito teatral y provocó la existencia algunas réplicas escritas por otros autores que tuvieron mayor éxito que la obra original; por ello se dice que es la obra más literaria de su autor y se percibe como obra no vivida teatralmente hablando hasta épocas muy recientes. El texto tras su publicación en el in-folio desaparece prácticamente de las crónicas teatrales, reapareciendo a partir en 1667 como The Tempest, or the Enchanted Island, un espectáculo de gran éxito creado por William Davenant en colaboración con Jonh Dryden, quienes apropiándose de gran número de los versos de Shakespeare, aunque introduzcan nuevos personajes más efectistas, y así vemos a Sycorax como hermana de Calibán, Miranda tendrá otra hermana Dorinda; Próspero apenas aparece, etc.. Esto hace pensar que el texto original fue poco valorado como texto teatral, ya que los éxitos de la obra fueron grandes  pero en versiones de otros.

Las importantes características musicales que tiene la obra desde su creación por Shakespeare fueron pronto explotadas y ya en 1674 Thomas Shadwell la convirtió en obra operística, aunque su libreto se inspiraba en la reelaboración de 1667 mucho más efectista para la escena. En 1756 el renombrado actor inglés David Garrik intentó retornar al libreto original tanto en la versión operística como en la teatral; pero a finales de siglo John Philip Kemble instauró la versión de Davenant-Dryden-Shanwell permaneciendo así en los escenarios hasta 1838 cuando Macready volvió al texto shakesperiano, conservando las arias y la espectacularidad de los efectos escenográficos con los que había triunfado.

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Lo cierto es que la obra ha sido representada, en diversas versiones a través de los siglos, consiguiendo siempre éxitos de público y siendo elegida por numerosos dramaturgos, para versionarla, numerosos directores para llevarla a la escena, numerosos artistas plásticos para recrear sus temas sobre el lienzo, numerosos músicos para sus creaciones operísticas o polifónicas, y a este gran número de artistas se han unido los pertenecientes al séptimo arte quienes han llevado al celuloide esta obra ya fuera en su texto original o en nuevas recreaciones; y todo esto es lo que ha llevado a algunos críticos a hablar no de una sola Tempestad, sino de Tempestades, en las que el ingenio  de William Shakespeare original o en esencia sigue brillando para deleite de los espectadores.