Los Nuevos Pícaros. Por : José Julio Perlado.

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El pícaro solía contar en primera persona sus andanzas, desgranaba su permanente precariedad y hasta cantaba sus afanes por encontrar un amo en quien cobijarse. La estafa y la delincuencia organizaban su vida y así podíamos encontrarnos al andar con aquel lazarillo que servía de guía al mendigo ciego, cambiando de amo por los caminos en un afán por mejorar su fortuna y entregarnos de paso a través de unas páginas magistrales su mueca crítica ante la sociedad que visitaba, su visión pesimista del mundo.

 

( José Julio Perlado )

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los Nuevos Pícaros. Por : José Julio Perlado.

 

 

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Los nuevos pícaros internacionales, esos que viven en las grandes avenidas de las urbes paseando por sedes bancarias, escamoteando hipotecas, jugando en público con el dinero privado, generando crisis financieras, son hijos y sobrinos, y también nietos y biznietos de aquellos pícaros apostados en las esquinas de los caminos por donde transitaba el Siglo de Oro español con sus caballos y caballeros, parientes de aquellos que jugaban con las fortunas y birlaban hábilmente las monedas escurriendo el metal entre los dedos. 

El pícaro solía contar en primera persona sus andanzas, desgranaba su permanente precariedad y hasta cantaba sus afanes por encontrar un amo en quien cobijarse. La estafa y la delincuencia organizaban su vida y así podíamos encontrarnos al andar con aquel lazarillo que servía de guía al mendigo ciego, cambiando de amo por los caminos en un afán por mejorar su fortuna y entregarnos de paso a través de unas páginas magistrales su mueca crítica ante la sociedad que visitaba, su visión pesimista del mundo.

 

 

El azar, la necesidad, la voz del pregonero, el mundo abierto, la desviación de las normas, el disfraz para embozarse en papeles diversos, sus engaños, burlas, dolores físicos, la sátira con la que envuelve sus singulares sermones, los estereotipos que observa mientra vive, el mal, el bien, la hipocresía, la fortuna, la parodia, todo va junto al pícaro desde siempre, aquel que viene desde Mateo Alemán y Quevedo, pasando por Defoe, y luego por Thomas Mann, y después por Camilo José Cela y por Samuel Bellow.

 

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En “La pícara Justina” el refranero sembrado entre tantas andanzas nos recordarán cosas como éstas: “hay verdades que saben a nueces verdes”, “en casa del tamborilero todo son danzantes”, “el consejo a gusto no se olvida”, “la oración breve penetra en los cielos”, “los villanos nada bueno alaban”, “el amor tiene alas”, “quien pierde el primer punto pierde mucho” y tantas otras palabras que se entrecruzan con otras del “Lazarillo”:”para vivir mucho comer poco”, “la mejor salsa es el hambre”, “los gustos no son todos unos”, “escapé del trueno y di en el relámpago”. Palabras y sentencias que en un pasaje de “La pícara Justina” incluso llegará a decirse: “¿Saben cómo me consuelo? Con una carretada de refranes”.

La palabra “pícaro” ha sobrevivido sobre la de ganapán o rufián y ella nos mostrará también rostros precisos en la pintura española, como en “Niño cojo” de Ribera, en “Joven mendigo” de Murillo, en “Niño comiendo fruta” o en “Niños contando monedas”, también de Murillo, entre tantos otros. Pero no sólo es “El Buscón” o el “Guzmán de Alfarache”, ni tampoco “Estebanillo González” o “Marcos de Obregón” y otros más los que caminan por ciudades y sendas. Varios siglos después nuevos pícaros esenciales aunque conveniente transformados por los tiempos aparecerán en “La Busca” de Baroja, en el “Pascual Duarte” de Cela, en “Pantaleón y las visitadoras” de Vargas Llosa, en “El recurso del método” de Carpentier como asomarán también, ya en Norteamérica, en obras de Mark Twain o en “Las aventuras de Augie March” de Saul Bellov, sin olvidar en Alemania “Las aventuras de Félix Krull” de Thomas Mann.

 

 

 

 

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 Los pícaros de hace siglos, mezclados muchas veces con los buhoneros, titiriteros, soldados, los pícaros hambrientos de picardía y hermanados con la pobreza, a los que un padre – como el de Marcos de Obregón – le despide diciéndole: “Hijo, mi costilla no alcanza a mas de lo que he hecho: id a buscar vuestra ventura; Dios os guíe y haga hombre de bien”, esos pícaros que parecían diluidos en la Historia, la Historia misma nos los devuelve ahora transformados. Se han apostado en las esquinas de los siglos y retornan maquillados, barajando cuentas cifradas en paraísos fiscales, malversando fortunas, arruinando vidas de bobalicones que en la gran Plaza de la actualidad quedaron boquiabiertos ante tanta habilidad de las manos circenses mientras por detrás les iban desvalijando los bolsillos.