El Escritor e Internet. Por : Amando Carabias.

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El oficio de escritor, como cualquier labor artística, es uno de los más solitarios que existe… ¿O que existía…?

¿El proceso de la escritura era una entrega en cuerpo y alma a la extensión de un páramo de tiempo y espacio que sólo se habita en el corazón del autor? Orhan Pamuk escribe en La maleta de mi padre: “Y cuando me refiero a la escritura lo primero que se me viene a la mente no es la novela, la poesía ni la tradición literaria, sino alguien encerrado en una habitación y sentado a una mesa que se vuelve sobre sí mismo a solas y gracias eso forja con palabras un nuevo mundo”[1]. Quizá la fase de la redacción definitiva no se altere en esencia; pero la entrada de Internet en nuestras vidas, ha revolucionado, también, el ámbito de la creación.

( Amando Carabias )

 

 

 

 

 

 

El Escritor e Internet. Por : Amando Carabias.

 

 

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Muchos opinan que Internet afecta exclusivamente a la difusión y venta de la obra concluida. No aceptan que este medio alcance a su trabajo; sin embargo, otros creen que esta herramienta modifica, no sólo la distribución y comercialización de la obra, sino la propia creación.

Desde este lugar sostuve en el número anterior que Internet no acabaría con el libro tradicional. Quizá sí a su materia prima, pero no a su concepto básico. Sin embargo, no estoy tan seguro de que la Red no afecte al trabajo del escritor. De hecho, creo que ya lo afecta.

Entre los escritores, quizá no los consagrados, o no quienes más venden, o no en narrativa de larga extensión, se está produciendo el fenómeno de la escritura en internet. No como soporte publicitario, sino como auténtico vehículo de comunicación y de creación artística. Existen géneros literarios, especialmente la poesía y el relato corto, que son un guante para la todopoderosa mano que se extiende como una retícula por el planeta.

Sabe el poeta que editar un libro con sus versos es una aventura repleta de trampas, pinas sendas, trochas que acaban en acantilados. Y para remate de afanes y cansancios, una vez que el libro llega a sus manos, aún oloroso a tinta fresca, queda la tarea de su difusión.

Las preguntas son sencillas: ¿Cuánto cuesta la edición de un libro de poesía, una tirada simbólica, por otra parte la más habitual? ¿Cuántos lectores posarán sus miradas sobre nuestros versos? ¿Cuántos ejemplares quedarán almacenados en la casa del escritor y del resto de la familia más allegada…? Su difusión vía internet soslaya el problema económico y no debilita (a veces lo contrario) la repercusión de los versos.

Aunque no todo es, como suele decirse, miel y hojuelas. Este fenómeno cibernético ha supuesto la proliferación de blogs literarios, y, en su consecuencia, el aumento del plagio. A pesar de los escudos con los que se protege el creador, en la práctica es imposible evitar que quien así lo desee plagie y difunda como propio lo que es ajeno.

A mi modo de ver, además de lo dicho, lo más determinante para el proceso creativo es que la publicación a través de la Red implica, o puede implicar, una cercanía inaudita con el lector. A veces, y lo digo por experiencia propia, la presencia del lector es tan próxima e inmediata que esta fase creativa se asemeja a un diálogo. No me extrañaría la aparición de trabajos realizados en colaboración de uno o varios autores. Incluso la aportación de los lectores en la construcción de una novela. Alguna experiencia al respecto se ha llevado a la práctica.

La inmediatez y la interactividad inherentes a este poderoso vehículo de comunicación, propician, siempre que el autor lo desee, este intercambio de pareceres. En el trueque de opiniones, es decir en la esencia del coloquio, enraíza un nuevo modo de escritura.

No es que el autor cambie sus textos, y menos aún su estilo, según las veleidades o gustos lectores, puesto que dejaría de ser obra auténtica desde ese punto y hora, pero sí se logra que el escritor piense sobre lo que se le dice, se le abran nuevas perspectivas que merezcan su reflexión. Cuando el lector, además, es otro escritor (como tantas veces sucede) con mayor motivo. Los comentarios de este tipo cumplen misiones similares a las que cumplían las reuniones o tertulias literarias que abundaron en el siglo pasado y dan idea de que con la democratización de la cultura se necesita compartir e incluso agruparse para fines similares.

Asimismo, la abundancia convierte a Internet en una biblioteca en imparable crecimiento, donde cada día se incrementa el número de relatos y poemas a velocidad incalculable. Por tanto, las fuentes para el escritor proliferan como si habitáramos un vergel.

No nos engañemos, no obstante. Que pululen textos no significa que su calidad sea elevada. Pero esto ocurre del mismo modo con lo que se puede comprar en las librerías. En fin, mantengo que Internet es reflejo fiel del mundo… con más fácil acceso. A una librería o biblioteca de mi localidad será difícil que llegue a un libro de poemas publicado por un poeta de México, Argentina o Colombia, sobre todo si son poetas desconocidos. Sin embargo llegar hasta él o ella a través de este intrincando circuito inasible, aunque no sea fácil, es posible.

 


[1] Orahan Pamuk La maleta de mi padre. Ed. Mondadori 2007. Pág. 15