Música Judía Tradicional. Kroke : Y la vida se hizo Música. Por : Alfredo Rodríguez

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Kroke es un grupo que basa su música en la tradición klezmer (de kley “instrumento” y zemer “cantar”), es decir la música tradicional instrumental de los judíos de los países del este de Europa, que fusionan con el jazz o la música de los gitanos del orbe balcánico.

El gran conductor de esa nave es el violinista, Tomasz Kukurba, del que Ramón Trecet (conductor del programa Diálogos 3 en Radio 3), ha escrito que “tiene firmado un pacto con los dioses”. (Alfredo Rodríguez)

 

 

 

 

Música Judía Tradicional. Kroke : Y la vida se hizo Música.  Por : Alfredo Rodríguez.

 

Kroke [2003] 10 Pieces To Save The World

La tierra, el agua, el aire y el fuego se hicieron música. Es la única forma que tengo de explicar todas las sensaciones que me dejaron los polacos de Kroke (Cracovia en yiddish), después de haberlos visto actuar el directo sobre el escenario del Teatro Jovellanos de Gijón en noviembre de 2007.

Kroke es un grupo que basa su música en la tradición klezmer (de kley “instrumento” y zemer “cantar”), es decir la música tradicional instrumental de los judíos de los países del este de Europa, que fusionan con el jazz o la música de los gitanos del orbe balcánico.

El grupo lo forman el violinista Tomasz Kukurba (virtuoso que demuestra que los extraterrestres ya están entre nosotros, porque parece imposible que un mortal llegue a tocar un instrumento como él lo hace), el acordeonista Jerzy Bawol, y el contrabajista Tomasz Lato, a los que se une el percusionista Tomasz Grochot. Ellos han compartido escenario con gente como Van Morrison o Ravi Shankar, por citar sólo dos, además de contar con Steven Spielberg entre su club de incondicionales.

Partiendo de la tradición judía, la reelaboran con todo tipo de sonidos para conseguir un conjunto inigualable, sorprendente y que te atrapa en su telaraña mientras intentas que tu intelecto asimile todo aquello que está sonando, hasta que te das cuenta de que no hay nada que entender, que se trata de sentir.

 

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Unas dos horas de concierto en las que el grupo nos regaló un viaje de una intensidad absolutamente desconocida e imposible de explicar con palabras, después de haber vivido un directo en el que la magia fue el elemento más presente. A ratos tuve la sensación de que la música me cogía de la mano y me llevaba a conocer las calles de Cracovia (ciudad en la que nació el grupo en 1992), para luego subirnos al cielo más alto, dejarnos ingrávidos, para luego bajarnos a una velocidad vertiginosa para adentrarnos, con una suavidad extraordinaria en el fondo del mar, para luego darnos una descarga eléctrica que ya te deja en estado de shock.

El gran conductor de esa nave es el violinista, Tomasz Kukurba, del que Ramón Trecet (conductor del programa Diálogos 3 en Radio 3), ha escrito que “tiene firmado un pacto con los dioses”. Jamás había visto a nadie manejar un instrumento de esa manera, sacar una enormidad de sonidos, que cuando combina con su voz alcanza niveles de un sentimiento en el que la alegría, la melancolía, la tristeza, la fiesta se dan la mano en un continuo en el que sólo cabe dejarse llevar. “Kukurba es un rayo láser que inmediatamente toma posesión del escenario y establece contacto con tu yo más íntimo. Te puede ‘matar’ de diez formas distintas, depende de la noche, porque claro, hay que decirlo sencillamente, sin levantar la voz, sin alterarse mucho. Nunca repiten el mismo concierto. Nunca”, y vuelvo a tomar prestadas las palabras de Ramón Trecet.

 

 

 

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De las dos horas de concierto, unos 20 minutos fueron de un único tema, en el que Kukurba hizo alarde de todo su virtuosismo, acompañado magníficamente por el resto del grupo, especialmente el contrabajista y el acordeonista que mantuvieron durante muchos minutos una única nota que sirviera de contrapunto a la melodía del violín y del flautín, con una sencillez minimalista pero de una gran efectividad, mientras nos sumergían en las profundidades del mundo submarino. Sublime.

La piel de gallina se me había puesto antes con la Dance of Snow Flake, un toque directo al alma, a la sensibilidad más profunda. Tendría que inventar adjetivos que no conozco para describirlo.

Regreso a Trecet y cierro: “Que disfrutéis, pero ya os anticipo que vais a tener un problema: vais a empezar a buscar como locos donde les podéis ver otra vez”.