El Oficio en la Escritura: Elena Casero. Por: Alena Collar.

portada

Elena Casero acaba de publicar un libro que tiene, además de amenidad, interés, humor, entretenimiento y buen hacer literario, algo que hoy es complicado de encontrar en los escritores noveles; oficio.

Escribir un libro en teoría es muy sencillo. Basta con pensar que se tiene algo que decir y ponerse bien a teclear, bien a emborronar cuartillas.

Publicarlo es complicado a no ser que se forme parte del grupo de los “elegidos”.

Ahora bien; se forme o no parte de ese selectísimo grupo, escribir un buen libro es bastante difícil.

 

( Alena  Collar )

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Oficio en la Escritura: Elena Casero. Por: Alena Collar.

 

Decía estas primeras palabras, entre otras cosas porque  la calidad no la dan las cifras de ventas ( véase Coelho) ni el aplauso generalizado de las masas de gente aborregadas por un sistema de difusión absolutamente corrupto; solo se lee lo que se dice que se debe leer, y el autofagocitamiento del sector va a terminar por asesinar con donosura y presteza cualquier intento de sacar la cabeza de la rueda del “te publicito para que tu editorial me coloque el anuncio, te edito para que tu empresa  de comunicación  hable de mi editorial”.  

En España hay cuatro editoriales que se meriendan no solo la guinda del pastel editor, sino el pastel entero, las migajas, los restos que quedan en la mesa y hasta rebañan los platos vaya a ser que se dejen algo. Pero eso no quiere decir que muchos de los libros que editan tengan ni oficio ni calidad.

Y éste, Tribulaciones de un Sicario, de Elena Casero publicado en una editorial pequeña-Policarbonados-,  tiene ambas cosas.

Es un libro que cualquier crítico importante y serio, o sea, nada que ver con quien firma este articulo, llamaría de evasión. Pertenece claramente al género de intriga policiaca, en la línea de, por ejemplo, Eduardo Mendoza por el humor que transmite, de Chesterton – estoy pensando en El Hombre que fue Jueves, como un posible antecedente-, por la finísima ironía de su conclusión, o de Mateo Díez en La Fuente de la Edad por el costumbrismo y la forma de situar la historia que entre sus páginas transcurre.

Es heredero de la mejor tradición de la novela de intriga europea; una narración de corte “clásico”, en el sentido de planteamiento, nudo y desenlace, en la que Elena ajusta cada capitulo de forma que el lector tenga no solo interés sino casi manía persecutoria por saber qué va a suceder.

Elena Casero describe muy bien situaciones, personajes, ambientes y acciones; distribuye hilos de suspicacia para enganchar a sus lectores, destila naturalidad a la hora de enfrentar desarrollos narrativos y, lo que es mucho más importante, consigue hacer de su novela un relato absolutamente creíble.

Para eso hay que tener oficio, hay que saber cómo se construye una novela, hay que conocer cómo se engarza un argumento, no hay que resbalar en la descripción de ambientes y sobre todo hay que mantener los pies en la tierra de la escritura para que el lector pueda volar a través de ella en vez de cerrar el libro desconcertado.

Todo eso lo consigue la autora,  sin marketing previo pero con una calidad literaria indiscutible.