Radicalidad del lenguaje y nuevos significados en Elena Román. Por : Alena Collar

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Veintiún bisontes es un libro que ya lleva un tiempo rodando por esos mundos de Red y por algunos espacios reales, pero como habitualmente sucede en caso de editoriales pequeñas y semi desconocidas, el libro circula más de boca en boca, y por los esfuerzos –a veces extenuantes y agobiantes y siempre agotadores- de los autores, en este caso de la autora. Elena Román. Y merecería primero mayor difusión por parte de la editorial, segundo, no dejarlo caer en el olvido y tercero no dejar que la escritora en este caso se hartara de andar diciendo eso de “oye, que es que he escrito otro libro”.

Porque Elena Román es autora de varios libros, uno de ellos colectivo, y este otoño va a serlo –si la editorial no lo remedia, que a veces hasta eso sucede- de otro. Pero vamos con la crítica.

( Alena Collar )

 

 

 

 

 

 

 

 

Radicalidad del lenguaje y nuevos significados en Elena Román. Por : Alena Collar.

 

El libro que presenta a sus lectores/as Elena Román ( en la editorial La Bella Varsovia) , es un ejercicio de lenguaje radical, distinto, original y heterodoxo.

Afirmar esto sin pruebas parecería arriesgarse a que nuestros lectores (y lectoras) dijeran que los radicales en apreciación somos nosotros.

Digo lo que digo porque en este libro, que se compone de veintiún relatos breves en los que se retrata a diversos personajes en diversas situaciones, lo que es significativo es la capacidad de Román para re-crear el idioma. Me dirán que la metáfora ya se usa hace siglos, pero no me refiero a eso, me refiero a la distorsión, a la creación de nuevos significados, al asociacionismo analógico, al disparate genial tipo Valle Inclán que, nos hace que, leyendo una frase, entendamos una cosa absolutamente distinta de la que denotativamente dicen las solas palabras, así por ejemplo, Elena puede decir que “un animal atropellado suena como una tormenta del tamaño de una oreja”; y eso nos lleva por caminos a explorar, para desentrañar la tormenta, lo que es el atropello y el tamaño de esa barbaridad de que a un animal lo dejen morirse así. Porque la imagen es la que nos atropella a todos con esa frase. Y esa es la radicalidad del idioma a la que  nos lleva sin excusa la autora.

Sin excusa porque este libro no rodea, no alude, ni elude, este libro nombre, significa, hace sema de cada signo. Y ahí está su belleza. Otros ejemplos de lo que digo: “El bar, los camareros, el loro que silba en gris, pertenecen a la mañana recién nacida, pero algunos sonámbulos traen los zapatos y la oratoria manchados con restos de la noche anterior”. “A una marioneta el aire le da el movimiento pero nadie la vida”. “Ese anciano que camina pañuelo en mano y tos en boca “. “Dos que no controlan bien sus pies ni sus pasos se pisan mutuamente y se perdonan por hoy”. “ Se acercan dos chicas repletas de tacones y palabras”…

 

Elena Román lleva años en la literatura, años bastante complicados, bastante poco reconocidos y muchas veces demasiado traicionados por quienes aún se creen que solo es digno de reconocimiento quien asiente; no quien sabe escribir . Este libro es una evidencia de que si algo sabe la autora es precisamente eso.