Mujeres Escritoras: II : Carmen Martín Gaite. Por: José Julio Perlado

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Todos los escritores del mundo tienen en lo alto de su vivienda un desván repleto de memoria hacia el que se sube por las escaleras del recuerdo sin moverse casi del sitio donde uno esté trabajando: basta elevar la cabeza interior, evocar cuanto se quiere, y ascender así por los escalones del pasado.

Así ha ocurrido con la escritora española Carmen Martín Gaite, nacida en Salamanca en 1925 y fallecida en Madrid en 2000.

( José Julio Perlado)

 

 

 

Mujeres Escritoras:  II :  Carmen Martín Gaite. Por: José Julio Perlado.

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 El desván de su memoria lo tenía desperdigado en cuadernos antiguos, aparentemente esparcidos y desordenados pero a la vez tan profundos y hondos que entre sus tapas se almacenaba nada menos que la vida, rastros cotidianos de existencia, apuntes diversos del quehacer. No eran exactamente un “Diario” y sin embargo sí lo eran a su modo: las confesiones de la escritora nos lo revelan: “Los diarios se escriben siempre para alguien – decía en uno de esos cuadernos -. Se da importancia a lo cotidiano. Pero hay que seleccionar, lo importante son las conexiones significativas. Hay cosas eternas, aunque no las apuntes y otras que aun apuntadas no son nada (…) Con los diarios empiezan los problemas del cuento de nunca acabar. Poner las fechas en fila ¿no será una falacia? No se posará y se ordenará a su modo lo que se vaya a convertir en literatura. Pero lo que más cuesta al principio es renunciar, podar, dejar de ser notario de cuanto los ojos ven”.

 

 

 

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Autora de una tesis, “Usos amorosos del siglo XVlll en España”, novelista en “El balneario”, “Entre visillos” (Premio Nadal), “Ritmo lento”,”Retahílas”,”Fragmentos de interior”, “El cuarto de atrás” (Premio Nacional de Literatura), “Caperucita en Manhattan”, “Nubosidad variable”. “La Reina de las Nieves”, “Lo raro es vivir”, “Irse de casa”, “El cuento de nunca acabar”, “Esperando el porvenir”, Premio Nacional de las Letras en 1994 y Premio Príncipe de Asturias de las Letras” en 1998, Carmen Martín Gaite, ya en algunos de sus títulos, desvela la penumbra de ciertas habitaciones, el movimiento de leves visillos,  contraluces de fragmentos y de piezas interiores que nos van llevando, memoria arriba, camino de ese desván del que sólo ella tendría la llave y que al final de su vida – gracias a la dedicación de su hermana Ana María – se conseguiría abrir a los demás con el título de “Cuadernos de todo” (deBolsillo). Ese gran Cuaderno es el que abraza a todos los cuadernos, la herencia secreta que reúne en sí todas las tapas de todos los colores, allí donde se anotaron las menudencias de la vida,  páginas nacidas en aquel regalo de su hija Marta, “para meterlo todo desordenado y revuelto”, la existencia, por tanto, revuelta y desordenada como tantas otras, quehaceres y preocupaciones, esbozos, ensoñaciones, las cuentas de una aritmética familiar y las cuentas también del rosario de los amores truncados, el camino de las ambiciones soterradas, la ilusión y el cortejo de otras muchas desilusiones.

 

 

 

 

 

 

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“Los libros te disparan a pensar – escribió en uno de esos Cuadernos, el que hacía el número 12 -. Debían tener hojas en blanco entre medias para que el diálogo (el diálogo interno con los autores de los libros que ella leía) fuera más vivo”. “Me veo obligada – dijo en otra ocasión – a ver escritas con mi letra en un cuaderno las frases del libro, cosa que sólo se parece al placer preparatorio de los collages. Lo hago verdad, lo hago mío, con sus añadidos y tachaduras”.

Estamos entonces en lo más recóndito del taller intelectual, al fondo de la fragua donde llamean los pensamientos. Alguien que lee, que dialoga con quien le habla en el libro, y que fija las frases más relevantes que va leyendo apuntándolas como si fueran suyas, en  diálogo de lector a autor y de escritor a lector, fundidas y confundidas. Es la construcción de la memoria personal, el almacén de las experiencias vitales, las vivencias reunidas a través de lecturas y de vida, el completo enriquecimiento interior.

esperandoelporYa en “Esperando el porvenir” (Siruela), Carmen Martín Gaite había resucitado aquella “generación del medio siglo”, evocando reuniones y figuras de Ignacio Aldecoa, Rafael Sánchez Ferlosio, Josefina Rodríguez, Jesús Fernández Santos y tantos más. Pero ahora, en los “Cuadernos de todo”  aparece lo interior y lo exterior mezclado,  afanes, fechas, proyectos, disgustos, celebraciones, vidas y muertes. Mal año, por ejemplo, el de 1978 con la muerte de sus padres; mal año igualmente el de 1985 con la pérdida de su hija Marta; otros años en cambio muy distintos, cubiertos de apuntes y de primeras versiones de obras, reflexiones hiladas con la soltura de la pluma, encuentros, conversaciones, silenciosas Bibliotecas del Ateneo madrileño y de la Nacional, calles norteamericanas, calles de su ciudad.

 “Debería vivir como escribo en lugar de escribir como vivo”, se le escapa en 1977. “Estoy trasvasando a este cuaderno esta tarde – dice el 26 de julio de 1974 – viejos apuntes que me pueden servir para “El cuarto de atrás” o “Pesquisa personal”, a ver si me vuelve, con el proceso embrionario que llevaba cada una de estas ideas en mi mente, el deseo de continuarlas fundidas. Estoy en el cuarto del banco de madera, con la ventana abierta. Hace mucho calor. Me he cortado el pelo con las tijeras grandes. Nacho me dice que le tengo que terminar una novela para diciembre. Estoy alegre, haciendo cara al verano con ánimos…”, y así sigue y sigue Carmen Martín Gaite rellenando páginas, años antes de que la casa se quede vacía, años antes de que los secretos de su creación permanezcan aparentemente dispersos. Hay autores que nunca los muestran. Otros en cambio entregan sin reparos cuantos esfuerzos les costó el quehacer. En el caso de Carmen Martín Gaite, subiendo los peldaños memoria arriba, nos hallaremos pronto en un desván apasionante: cuaderno abierto de muchos años de vivir.