Nana, ¿la devoradora de hombres?. Por: Virginia Seguí

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El interés por abordar el estudio de este personaje femenino creado por Emile Zola para protagonizar su homónima novela, integrada en el noveno lugar de la serie que el literato italofrancés dedica a la familia Rougon-Macquart, se justifica principalmente por la disconformidad con los estudios y análisis que habitualmente realizan sobre él los críticos y estudiosos del tema; ya que, en general, consideran a Nana como una mujer ignorante del bien y del mal, despiadada y sin escrúpulos, que dedica su vida a destrozar la de los hombres con los que se relaciona; y consecuentemente con esto han elevado el personaje a nivel de símbolo, convirtiéndole en el prototipo más pérfido de entre todas las mujeres incluidas en el catálogo de las devoradoras de hombres. (Virginia Seguí)

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Nana, ¿la devoradora de hombres?. Por: Virginia Seguí.

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 El interés por abordar el estudio de este personaje femenino creado por Emile Zola para protagonizar su homónima novela, integrada en el noveno lugar de la serie que el literato italofrancés dedica a la familia Rougon-Macquart, se justifica principalmente por la disconformidad con los estudios y análisis que habitualmente realizan sobre él los críticos y estudiosos del tema; ya que, en general, consideran a Nana como una mujer ignorante del bien y del mal, despiadada y sin escrúpulos, que dedica su vida a destrozar la de los hombres con los que se relaciona; y consecuentemente con esto han elevado el personaje a nivel de símbolo, convirtiéndole en el prototipo más pérfido de entre todas las mujeres incluidas en el catálogo de las devoradoras de hombres.

La comprensión del personaje hace necesario el estudio de su proceso creativo, por ello, en primer lugar debemos considerar las intenciones de su autor al crearle e indicar, respecto a esto, lo que él mismo nos dice sobre su planteamiento en la realización de la serie de novelas en las que Nana se inscribe; novelas que son de clara intención social y moralizante; ya que la leyenda aclaratoria que sigue a su título indica que lo que trata de describir la serie es la Historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio: Los Rougon-Maquart.

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Su autor trataba de aplicar a la literatura las teorías desarrolladas por Claude Bernard en su obra Introducción al estudio de la medicina experimental (1865); en la que el científico francés desarrollaba la tesis de que la Medicina no sería verdaderamente ciencia mientras no se fundara en la fisiología y mientras no adquiriera, al igual que la física o la química, una metodología experimental con la que dejar claros sus axiomas, resguardándolos así de cualquier posible influencia proveniente de la filosofía o la teología y liberándolos, a la vez, de cualquier tipo de ascendencia personal. Estaríamos pues, según él, ante la objetividad absoluta; y esto fue lo que llevó a Zola a convertirse en el padre del polémico movimiento literario conocido como Naturalismo.

En segundo lugar, añadir, que lo primero que hizo el escritor fue crear la genealogía familiar de los Rougon-Macquart y a continuación crear una serie de historias en las que los personajes se entremezclan dependiendo de las generaciones, este entramado de personajes hace que muchos de ellos aparezcan primero como secundarios, para pasar después a ser protagonistas absolutos de alguna de las siguientes de forma que el conocimiento del personaje requiere la lectura de varias obras de la serie; sin por ello impedir que cada una pueda ser leída y comprendida de forma independiente.

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En el caso de Nana es importante conocer que su historia comienza en La taberna (L’Assommoir 1877), séptima de la serie, en la que su madre: Gervasia Macquart será la protagonista, su lectura nos permite acercarnos a Nana en sus primeros años de vida, su nacimiento, crianza y su primera juventud.

Gervasia es una mujer del pueblo, nacida en la pequeña localidad provenzal de Plassans donde vive en el seno de una familia humilde, en la que el padre ejerce su autoridad propinándole al menos una paliza diaria; la joven acaba por unirse al facineroso Lantier con el que tiene dos hijos, el primero de ellos a los catorce años y huyendo a París en el momento que éste consigue, a través de una herencia, el dinero suficiente para ello. Una vez allí, dilapidan el dinero con bastante facilidad y pronto se encuentran instalados en un pequeño y maloliente hotel del bulevar La Cheselle, malviviendo con el dinero que consiguen empeñando los pocos bienes que les quedan y lo poco que gana honradamente Gervasia sirviendo por casas y como lavandera; para colmo Lantier dilapida lo poco que así consiguen gastándoselo en bebida y mujeres, lo que lleva a Gervasia a la desesperación, finalmente Lantier la abandona por otra, dejándola sola con dos niños pequeños a los que alimentar. Poco después Gervasia aceptará casarse con un plomero llamado Coupeau; inicialmente el matrimonio era considerado modelo; ella servía en la casa de los Sres. Fauconnier y su marido le entregaba su paga quincenal consiguiendo reunir así unos nueve francos diarios, lo que en principio podía considerarse suficiente para mantenerse e incluso ahorrar. En sus primeros años de matrimonio tuvieron que amortizar las deudas contraídas con los gastos de la boda, instalación de la casa en la que iniciaron su vida en común.

Nana vino al mundo cuatro años después, un treinta de abril; con los dolores del parto Gervasia preparó la cena a su marido y después parió sobre la alfombra una preciosa niña. Eligieron para ella el nombre de su madrina Anna pero, siempre le llamaron Nana. La vida transcurrió feliz hasta el tercer cumpleaños de la niña, momento en el que su padre, Copeau,  mientra la sonreía cayó al vacío desde el tejado del pequeño local que habían alquilado, quedando malherido y salvando la vida de milagro. A partir de entonces no pudo trabajar y el desaliento y la inactividad acabaron por conducirle a la bebida mientras Gervasía se embrutecía con horas y horas de duro trabajo. Lantier apareció nuevamente, consiguió la amistad de Coupeau e instalarse en su casa reanudando la relación con Gervasia, quien cayó también en el alcoholismo; en este ambiente de depravación vivió Nana los primeros años de su vida, los primeros de los que tenía conciencia; y desde muy temprana edad entró a trabajar en un taller como florista intentando llevar un nuevo salario a casa. El taller, dirigido por su tía la Sra. Lerat fue el elegido; entró primero como aprendiza sin salario, mientras éste llegaba la familia malvivía  con el poco dinero que Gervasia conseguía ganar sirviendo; no quedándole más solución que prostituirse.

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Por otro lado su tía en el taller, además de enseñar la profesión y, en teoría cuidar de las chicas que asistían a él, ejercía, en cierta forma, de alcahueta, y aunque intenta aparentar  que las vigila y controla sus con los hombres; a lo que se dedica es a dejarlas a su merced, epujándolas a mantener relaciones con hombres, generalmente maduros de los que acaban recibiendo únicamente algunas monedas y un pasaporte directo a la prostitución. Y esto es lo que le ocurre a Nana, a quién por otro lado, visto lo visto en casa tampoco le parece una mala solución; sí por lo menos le permite mantener el estómago lleno y cumplir algunos de sus caprichos; al principio empieza a hacer correrías; empieza a salir por las noches, a llegar tarde o a la mañana siguiente; luego falta varias noches; aunque finalmente, cuando la situación se le hace difícil vuelve en busca de un sitito donde cobijarse y una cama donde dormir; las consecuencias de esto son funestas, pues su padre le propina una paliza antes de dejarla entrar en casa, y la joven tarda cada vez más en volver. La situación empeorará hasta límites insosenibles con unos padres alcoholizados y en la miseria que desemboca su muerte. Nana ya sin ningún sitio al que regresar tiene que buscarse definitivamente la vida por sí misma.

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Zola publicó La taberna en 1877 y a pesar la difícil realidad que describe y retrata con detalle y la veraz crudeza de su lenguaje fue su primer gran éxito; aunque será Nana, publicada en 1880, la obra que le consagre y le convierta definitivamente un escritor famoso, aunque no exento de polémica.

Nana hará su reaparición literaria convertida en protagonista de la novela que lleva por título su nombre; su lectura nos permite conocer el resto de su vida. Su primera aparición puede decirse que es una puesta en escena en toda regla, ya que la veremos convertida en actriz principal del Teatro Veriétés, considerado por su propietario y director, Bordenave, como su burdel; lo cual da idea del tipo de establecimiento que regenta.

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La obra en la que interviene Nana: La Rubia Venus, como su propio nombre indica de corte mitológico se centra en un escabroso tema, al escenificar la vida de los dioses de la mitología griega y romana en el monte Olimpo y, muy específicamente el episodio de los amores entre Venus y Marte; descubiertos por Vulcano esposo de la diosa y de cómo éste muestra al resto de dioses olímpicos a ambos en el momento más intenso de su relación tras capturarles con una red fabricada al efecto; episodio que, por otro lado, permite a Nana lucir sus encantos ante el público asistente sin ningún atisbo de recato alguno y dejando su condición de actriz en entredicho, ya que sus dotes interpretativas y musicales dejan mucho que desear.

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Lo curioso de la historia que relata Zola en esta novela no es, en mi opinión, la vida de Nana que dada su trayectoria anterior pudiera ser perfectamente predecible; sino que su vida es la que es y no otra porque está directamente condicionada por la actitud de la mayoría de los hombres que se relacionan con ella; quienes en general lo único que intentan es conseguir de ella, de una forma u otra, son sus favores sexuales. Favores por los que están dispuestos llevar a cabo acciones disparatadas pero que aparentemente no tienen ninguna consecuencia en sus vidas ni en los aspectos profesionales ni en los personales. Otra cuestión interesante es la actitud del resto de personajes de la historia, pertenecientes a las diferentes capas sociales existentes en la época, que ven estas actuaciones, en muchos casos disparatadas, como algo habitual. Todo esto y teniendo en cuenta las premisas del Naturalismo literario, nos lleva a deducir que estamos ante una descripción realista del sistema de vida habitual de la sociedad francesa del Segundo Imperio.

Qué Nana explota sus encantos para conseguir sobrevivir y cumplir todas sus necesidades y caprichos por inustanciales que puedan parecernos es algo que no se puede negar; que juega con los deseos y sentimientos de los hombres que la pretenden intentando sacar el mayor provecho en beneficio propio, es también totalmente cierto; ahora el considerarla la única mala de la historia es algo absolutamente misógino y bastante simplista.

Volviendo a la historia de Nana cabe decir que según Bordenave, pese a ser una desconocida y no saber ni cantar ni actuar, tenía algunos secretos ocultos que encandilaban al público; siendo su opinión que llegaría lejos, pues, además, su  nombre suena como una caricia. Su presentación había creado gran expectación y todos estaban ansiosos de verla actuar, aparecer en el escenario, y, como le iban a la medida los personajes de caderas anchas y lengua suelta, pronto se metería al público en el bolsillo; describía el fenómeno diciendo que: <cuando soltaba su famoso golpe de cadera, se encendía la platea y subía un calor de un piso a otro que llegaba hasta el techo>.  Y tenía razón pues pese a sus escasas dotes de actriz, todos los asistentes, mayoritariamente hombres, no pudieron resistirse a sus encantos y  muchos de ellos estaban a la mañana siguiente intentando que les recibiera en su casa ansiosos de obtener sus favores.

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 La situación personal de Nana en ese momento era, no obstante, bastante precaria, habitaba en un lujoso piso del Bulevar Haussmann, en el que sólo estaban amuebladas su alcoba y el tocador; al parecer un rico moscovita lo había alquilado para ella pagando los tres primeros meses, pero casi inmediatamente después la había abandonado y ella intentaba mantener la situación de la única manera que conocía. Vivía allí junto a Zoe, su sirvienta quien, además de atenderla, organizaba el tema de las visitas masculinas cuidando que los caballeros no coincidieran intentando evitar posibles enfrentamientos y los problemas que ello le acarrearía; aunque la verdad es que la cosa empezaba a ser difícil de conseguir.

Nana pensaba que a partir de la noche de su presentación teatral todo mejoraría, al aumentar el número de pretendientes y su categoría social y económica; con lo que quizás alguno pudiera permitirse el lujo de mantenerla permitiéndole mejorar su nivel de vida y, sobre todo, dándole la posibilidad de recuperar a su hijo: Luis, nacido cuando tenía dieciséis años, a quién retenía su nodriza que vivía cerca de Rambouillet, y a la que debía pagar una fuerte suma para que se lo devolviera; pues lo que Nana pretendía era recuperarlo e instalarlo en Batignolles, con su tía Lerat, donde podría visitarle siempre que quisiera.

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La relación de Nana con los hombres es variada y aunque, en la mayoría de los casos, la cuestión se resume en mantener con ellos relaciones de índole sexual y percibir a cambio la mayor cantidad de dinero posible; en otros casos además de existir esta relación tiene con ellos también lazos de cariño y ésta se mantienen aun cuando su relación carnal haya terminado. En general estos, son hombres jóvenes por los que ella también siente atracción, destacan: Daguenet y los hermanos Hugon; en especial el más joven, Georges, casi un niño, al que llama cariñosamente Bebé y que está perdidamente enamorado de ella.

El segundo grupo de hombres con los que se relaciona está formado por hombres maduros, en algunos casos podríamos decir que viejos; de elevada posición social y desahogada posición económica que, en la mayoría de los casos, le inspiran cierta repulsión; aunque sea perfectamente consciente de que son los únicos que podrían permitirse mantenerla y satisfacer sus caprichos y necesidades. Estas relaciones son mucho más difíciles e intenta dilatarlas todo lo posible buscando, con ello, un doble efecto: retrasar el momento de entregarse a ellos y excitar su pasión al máximo para obtener el mayor control posible sobre ellos; es decir conoce sus debilidades y las explota en su beneficio. En este grupo destacan el banquero Steirner, Conde Muffat de Beauville y Marques de Chouard, viejo verde suegro del anterior.

Aparte de estos dos grupos existe un hombre del que Nana se enamora: Fontan, con el que intentará abandonar su vida anterior e iniciar una nueva, formando una familia junto a su hijo Luis, aunque sin conseguirlo; pues la relación será un fracaso, y Fontan asqueado de la situación empleara toda su fuerza contra ella propinándole brutales palizas que, en principio, aguantará intentando retomar la situación inicial sin conseguirlo, poco después Fontán la abandonará dejándola sin blanca al llevarse los siete mil francos que les quedaban; Nana, sola nuevamente, debe buscarse una vez más la vida por su cuenta retomando su vida anterior.

Esta brutalidad le hará también experimentar un desprecio por el sexo masculino y buscará la compañía de una amiga de la infancia, Satin, con la que mantendrá una relación lésbica.

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Vemos cómo Zola lo que hace en Nana no es otra cosa que ajustarse a la tónica general del siglo encuadrándose dentro de las líneas estéticas dominantes; continuando e incluso acentuando la fascinación por la representación del cuerpo femenino iniciada en el siglo anterior, tradicional y convencionalmente obviada por la sociedad como prevención ante su capacidad de perversión; cuando, una vez despojaba la imagen de cualquier tinte mitológico o religioso, se la presenta como la imagen de una mujer contemporánea.

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Una sociedad en la que la mujer está considerada inferior al hombre y por tanto supeditada a él; en la que no puede hablarse de temas relacionados con su fisiología, y ni siquiera mencionarse algunos elementos de su cuerpo como el vello púbico; en la que no puede hablarse de su menstruación sin tener que utilizar alguna metáfora, etc.; una sociedad que acaba creando estereotipos de estas visiones de mujeres perversas por las que se siente amenazada, visiones que la perturban aún perduran; como es el caso mujer fatal y devoradora de hombres en el que Nana se encuadra.

LaMujeryelPeleleRops1883Su obra puede relacionarse y compararse a la realizada por algunos de sus amigos en el campo de la plástica. Describe escenas de Nana en su camerino o en su tocador, recreándose en la visión de su cuerpo desnudo, acicalándose sin recato alguno, a veces en presencia de hombres en los que esta sola visión despierta sus mas recónditos instintos; visiones de las que tenemos ejemplos plásticos realizados por pintores y artistas del París de la época, que se recrean además representando el ambiente de los bajos fondos de la ciudad, burdeles depravados, representados sin ambigüedades que presentan en los Salones, en donde un público acostumbrado a las convenciones cínica e hipócritamente se escandaliza ante tanta realidad y naturalismo.

Obras de artistas como Courbet, Degas, Manet, Toulouse-Lautrec, Guys, Rops, etc… que representan el mundo real que, si bien es conocido, hasta entonces no estaba tan explícitamente visualizado. Curiosamente la obra de Manet homónima de la novela de Zola: Nana, precede a ésta ya que esta fecha en 1877 tres años antes de la publicación de la obra literaria que vio la luz en 1880, más bien podríamos centrar su inspiración en ese primera Nana que aparece en La taberna ya que Manet nos la representa todavía como cocotte, ante el espejo, en su tocador, en ropa interior y acicalándose; indiferente o ajena a la atenta mirada del acaudalado burgués, cuya figura se recorta en uno de los extremos del cuadro, que asiste a la escena de toilette admirado por las explícitas redondeces de Nana.

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Zola, al parecer, se inspiró para la creación de su personaje femenino: Nana, en la vida de Marie Ernestine Blanche d’Antigny, actriz de variedades conocida como Blanche Dantigny y quizás influyó en su forma de abordar el personaje la visión de un cuadro presentado por su amigo Manet al Salón de 1863; su Olimpia, que sin duda representa a una mujer desnuda, despojada de cualquier connotación mitológica, sin duda la representación de una cortesana y así fue interpretado por el público y los críticos asistentes dada la indignación con la que acogieron su exhibición pública.

Por otro lado, la riqueza de matices que se expresan en una obra literaria permite a Zola enriquecer el personaje de Nana de forma que, aunque sin duda, estamos ante una mujer de vida nada edificante y admitiendo que en ocasiones su actuación puede calificarse de malintencionada; tampoco debemos juzgarla valorando únicamente sus actuaciones negativas; pues Zola nos la presenta de forma que podamos apreciar los muy diversos matizando de su carácter.

Es una mujer bastante simple y sin apenas educación, sin embargo, espabilada y muy intuitiva, quizás la necesidad despertó tempranamente en ella estos sentidos; ella quisiera vivir una vida diferente; pero no consigue realizar sus deseos y la búsqueda de una situación desahogada que la permita vivir lujosamente y satisfacer sus caprichos; no lleva aparejada la felicidad, sino que más bien le conducirá inexorablemente a su desgracia.

Centrándonos en los personajes masculinos concretos que se relacionan con Nana, habría que explicar que el banquero Steiner es, siguiendo la descripción de Zola,  <un nombre minúsculo, con una tripita muy acusada, cara redonda, circundada por una estrecha barba entrecana>, un hombre ya maduro con una buena posición social y económica; inicialmente, y hasta la llegada de Nana, era el amante de la primera actriz de la compañía del teatro de Bordenave; pero le falta tiempo para requerir a Nana y tras compararle una finca en el campo consigue que ésta acceda a mantener una estrecha relación con él; que dura realmente poco tiempo, puesto que una vez en el campo Nana se dedica a darle largas a la vez que mantiene una relación con George, el mas joven de los hermanos Hugon.

GeorgeyNanaLa estancia en el campo produce en Nana un efecto especial, que el autor expresa así: <En aquellos días tuvo Nana fantasías de muchacha sentimental. Pasaba horas mirando la luna. Una noche quiso bajar con Georges al jardín, cuando estuvo dormida toda la casa; y pasearon bajo los árboles cogidos de la cintura, y fueron a echarse sobre la hierba, donde los empapó el rocío>.

Curiosamente Nana es descrita ahora por Zola como <una muchacha sentimental>; y vive el campo como un lugar paradisiaco, y emulando a Pablo y Virginia, se entrega al joven George prácticamente sin percatarse de ello, y cuando cae en la cuenta de lo que ha hecho y de que Georges está perdidamente enamorado de ella y pretende que le pertenezca solo a él, comprende su error, pero no puede sustraerse a ello ya que la sensación de irrealidad que el campo le produce no la deja pensar con claridad; alejada de la ciudad es como si su vida anterior se borrara temporalmente y pudiera vivir otra nueva y renovada; sobre todo teniendo en cuenta que en un momento dado llega y se instala junto a ella su hijo Luis, la situación se describe así: <Pero lo que acabó de derretir el corazón de la joven fue la llegada de Luiset. Su crisis de maternidad revistió la violencia de un ataque de locura. Se llevaba a su hijo al sol para verlo retozar; se revolcaba con él por la hierba después de haberlo vestido como a un pequeño príncipe. Enseguida quiso que durmiera cerca de ella, en la habitación contigua, donde la señora Lerat, muy impresionada por el campo, rompía a roncar, así que estaba boca arriba.>

Pero realmente el personaje más significativo de la historia es el Conde Muffat de Beauville, casado con Sabine, hija del Marques de Chouard, Consejero de Estado y Chambelán de la Emperatriz; de él dice Zola: <Su madre era una vieja inaguantable, siempre entre sotanas. Hijo tardío de un general hecho conde por Napoleón I, había salido favorecido con lo del 2 de diciembre. No era alegre pero si honrado y recto. Su educación se la debía a su madre, confesión diaria, ninguna escapada, ninguna juventud, fuera del tipo que fuese. Era practicante y tenía arrebatos de fe de una violencia sanguínea, parecida a accesos de delirio>; con esta descripción es claro lo que cabe esperar de él. Llegó virgen al matrimonio y su pasión por Nana le consume sumiéndole en un estado casi de trance; una de las descripciones de la situación en que se encuentra el conde antes de conseguir los favores de Nana dice así: <Solo tenía un temblor en las manos. En aquella naturaleza sanguínea, que había permanecido virgen, el deseo, aguijado por la estudiada táctica de Nana, producía a la larga, cataclismos terribles. Aquel hombre tan grave, aquel chambelán que cruzaba con paso digno los salones de las Tullerías, mordía su almohada por la noche y sollozaba, exasperado, evocando siempre la misma imagen sensual>. El conde es también un producto de la sociedad en la que vive y de la educación que su madre le ha inculcado; un hombre tímido y beato esclavo de los instintos más primarios pues desconoce el modo de controlarlos; un hombre reprimido  que no sabe lo que es vivir la sexualidad en libertad; quizás por ello mismo infeliz en su matrimonio y conocedor que aunque sus instintos y sentimientos hacia Nana le conducen inexorablemente a la condenación no es capaz de resistirse a ellos.

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Finalmente Nana se entregará al Conde e incluso conseguirá de él que la alquile una lujosa casa en París en la que Nana vivirá entre lujos y caprichos, dando fiestas y recibiendo a las amistades que anteriormente se reunían las tardes de los martes en la casa del Conde siendo su esposa Sabine quien hiciera las veces de anfitriona; es decir la sociedad parisina vivía la situación con normalidad y ésta sólo perjudicaba a Nana; pues nadie critica al Conde por su actuación.

Otro reproche que generalmente se le imputa a Nana, como una prueba de la maldad de su alma, es que descubra a su amante, conde Muffat que su mujer, Sabine, también tiene un amante: el periodista Fauchery. Cuando Muffat comprueba con sus propios ojos la veracidad de tal afirmación, se siente mancillado; su honor depositado en Sabine estaba a salvo de todo mal, hiciera él lo que hiciera; ahora bien si su mujer hace lo mismo la cuestión es otra muy distinta pues afecta directamente a su honra que naturalmente está en depositada en su mujer; y como ya decía Calderón que: <[…] el honor es patrimonio del alma, pero la honra sólo es Dios>.

Esta cuestión de abrirle los ojos a Muffat poniéndole en antecedentes de las debilidades y actividades de su mujer es algo muy negativo para Nana; pese a que sea ella también la que le convenza de que debe seguir con ella como si nada hubiera pasado; Nana conseguirá casar a Estella, la hija del conde, con Daguenet, uno de sus antiguos amantes. Y lo insólito no es que ella lo intente e influencie al conde para ello; sino que él y su mujer, que conocen su anterior relación, no pongan objeciones al tema.

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 La lectura de la novela desvela numerosos detalles que podrían ser traídos a colación para seguir ahondando en nuestra tesis, pero creemos que con lo expuesto queda clara la tradicional visión negativa del personaje. Únicamente añadir que cuando al final de la novela, Nana muere, en la más absoluta miseria, en una habitación de hotel, recogida por la caridad de una amiga y después de haber  sido contagiada de viruela por su hijo, al que ha cuidado hasta su muerte; la visión de su deformidad, aunque ésta sea producto de su amor de madre, quizás el único papel para el que la sociedad consideraba capacitada a la mujer, es también vista como un castigo a sus muchas maldades. Falco al hablar del personaje lo expresa así: <Pero la propia Naná. Víctima de la viruela, se hunde también en la sombra y sus bellas facciones que tantas locuras habían suscitado, no tardan en descomponerse. Concluida su triste misión, la vengadora se convierte a su vez en víctima; después de tanto estrépito. Nana es aniquilada por fuerzas mas poderosas que ella.>