Mujeres Escritoras. Clarice Lispector. Por : José Julio Perlado

 

 

 

 

Una de las narradoras más originales y personales del siglo XX. Creadora de indudable fuerza, a veces no excesivamente cómoda para todos los lectores. . Retrata en sus cuentos y novelas los conflictos internos de la mujer, sus fobias, sus miedos, su inconformidad; sorprende siempre por su forma y por su fondo, imanta o retrae con su escritura, fascina por su modo de contar. 

Antes de saber leer y escribir – recuerdan los estudiosos de su obra – Clarice ya fabulaba, inventando historias sin fin.

( José Julio Perlado ) 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Mujeres Escritoras. Clarice Lispector. Por : José Julio Perlado.

 

 

“Al lado de mi rostro introducido por la abertura de la puerta, muy cerca de mis ojos, en

la semioscuridad, se había movido una cucaracha enorme. Mi grito fue tan ahogado, que sólo por el silencio constrastante me di cuenta de que no había gritado. El grito se había quedado golpeando dentro del pecho (…)

No era yo quien rechazaba la habitación, como había sentido por un instante en el umbral. La habitación, con su cucaracha secreta, me rechazaba. Desde el inicio fui rechazada por la visión de una desnudez tan fuerte como la de un espejismo; pero no fue el espejismo de un oasis lo que se había apoderado de mí, sino el espejismo de un desierto (…) El miedo enorme me perturbaba toda. Vuelta hacia mi interior, como un ciego ausculta su propia atención, me sentía por vez primera toda habitada por un instinto Y me estremecí de gozo extremo como si por fin estuviese fijándome en la grandeza de un instinto que era ruin, total e infinitamente dulce, como si por fin experimentase, y en mí misma, una grandeza mayor que yo” (“La pasión según G.H.”)(Modernos y Clásicos de Muchnik Edittores)

 

Tal es la intensidad de la escritura de Clarice Lispector (1920-1977), una de las narradoras más originales y personales del siglo XX. Altiva y tímida, solitaria, esta creadora de indudable fuerza, a veces no excesivamente cómoda para todos los lectores, poseedora de unos resortes estilísticos singulares, con una fuerza hipnótica que atrae en muchos de sus relatos, inventora de un mundo propio muy poco parecido al de los demás, es capaz de ampliar su mirada – en el caso citado, el asco ante el insecto – para alcanzar la memoria de los tiempos. Retrata en sus cuentos y novelas los conflictos internos de la mujer, sus fobias, sus miedos, su inconformidad; sorprende siempre por su forma y por su fondo, imanta o retrae con su escritura, fascina por su modo de contar. “Nací para amar a los demás – decía -, nací para escribir y para criar a mis hijos. Amar a los demás es tan vasto que incluye incluso perdón para mí misma, con lo que sobra. Amar a los demás es la única salvación individual que conozco: nadie estará perdido si da el amor y a veces recibe el amor a cambio”. Hija de padres rusos, Clarice Lispector, escritora brasileña, nació en Tchetchelnick (Ucrania) en 1920 en el seno de una familia judía que muy pronto emigra y se instala en Recife, en el nordeste brasileño, su lengua materna es el portugués y no el ruso y – como señalará uno de sus personajes – “si escribo es porque he absorbido el espíritu de la lengua. De manera que a veces la forma hace el contenido”.

 

 Terminó sus primeros cuentos a los 14 años y los mantuvo ocultos durante mucho tiempo. Antes de saber leer y escribir – recuerdan los estudiosos de su obra – Clarice ya fabulaba, inventando historias sin fin. Casada con un diplomático con quien tuvo dos hijos, y separada de él después, sufriría años más tarde un extraño accidente en los que algunas interpretaciones quisieron hallar un intento inconsciente de suicidio: se durmió fumando, se incendió la cama, y Clarice sufrió serias quemaduras que le desfiguraron el rostro.

Autora de libros memorables, “Silencio” ( Grijalbo- Mondadori), “Lazos de familia” (Montesinos),“Agua viva” (Siruela), “Cerca del corazón salvaje”· (Siruela), “Aprendizaje o El libro de los placeres” (Siruela), “La hora de la estrella” (Siruela), “Un soplo de vida” (Siruela), “Para no olvidar” (Siruela) y otros muchos, quizá los más representativos sean “La pasión según G.H.”, “Silencio” y “Lazos de familia”.

“El proceso de escribir está hecho de errores – confesaba Clarice -, de coraje y pereza, desesperación y esperanza, de vegetativa atención, de sentimiento constante (no pensamiento) que no conduce a nada, no conduce a nada, y de repente aquello que se pensó que era “nada” era el verdadero contacto terrible con la tesitura de vivir, y ese instante de reconocimiento (igual que una revelación) necesita ser recibido con la mayor inocencia, con la inocencia con que se está hecho. ¿El proceso de escribir es difícil?, pero es como llamar difícil al modo extremadamente prolijo y natural con que es hecha una flor (…) La enorme impaciencia al trabajar (quedarse parado junto a la planta para verla crecer y no se ve nada) no está en relación con la cosa propiamente dicha, sino con la paciencia monstruosa que se tiene (la planta crece de noche). Como si se dijera: “no soporto un minuto más ser tan paciente”, “la paciencia del relojero me irita”, etc. Lo  que más me impacienta es la paciencia vengativa, buey sirviendo al arado”.

Gran escritora Clarice Lispector. Gran creadora. Admirable en muchos de sus textos y hasta quizá, para muchos, inimitable.