La Poesía Breve. ¿ Un Género Mayor?… Por : Carlos Feral

Ya que voy a entretenerles un ratito sobre poesía corta, espero no alargarme excesivamente con este artículo. O sí. Ya saben que a los Arín Dodó nos gusta llevar la contraria casi por definición.

Yo nunca he sido un experto en poesía, pero me gusta, así que, cada vez que puedo, asisto a tal o cual tertulia, entrevisto a un poeta aquí o a otro allá y me sorprende últimamente un hecho común a bastantes de ellos, sobre todo a mujeres: En sus poemarios la gran mayoría de poemas son cortos, o breves, o llámenles ustedes como quieran.

  ( Carlos Feral)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 La Poesía Breve. ¿ Un Género Mayor?… Por : Carlos Feral.

 

 

Les pongo dos ejemplos que conozco de primera mano.

 

 Que conste que voy a citarles a dos poetas a las que respeto y admiro precisamente por lo bien que  manejan  este tipo de poemas.

La primera de ellas es Laura Gómez Palma y en su libro “Desde el Agua” nos deja un claro ejemplo:

Río

 

moja la tierra

reconozco su aroma frágil

 

orilla nunca idéntica

donde los nombres se devoran.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La segunda que conozco de primera mano es Begoña Montes la cual desde “Viernes de Barro” nos regala otro precioso poema breve:

 

Hay

 

Miradas seductoras

que inquieren y se acercan,

preguntando.

 

Y ojos que rehuyen

con distancia y decoro.

Inútil suficiencia

disfraza su deseo

 

y el desamparo les abraza.

 

 

El caso es que esto de la brevedad poética no es nuevo. Indagando aquí y allá te encuentras con la sorpresa de que esto de la poesía corta ha existido desde siempre. No tienes más que echar mano del refranero y encuentras aquello de “En Abril aguas mil y todas se meten en un barril”. Pero además, insignes poetas han creado multitud de poemas cortos, a veces incluso con afán didáctico. Veamos si no el ejemplo de Ramón de Campoamor que escribió:

 

 “La vida es dulce o amarga;

 es corta o larga.

 ¿Qué importa?

El que la goza la halla corta,

 y el que la sufre la halla larga.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 O miren esta de Machado:

 

“Moneda que está en la mano,

 tal vez se deba guardar.

 La monedita del alma

 se pierde si no se da.”

 

 

 

 

También los poemas infantiles tienen su cabida en este artículo. Quién de ustedes no ha jugado alguna vez a la goma, a la rayuela, al escondite o echado a suertes sin recitar algún poemilla tanto narrado como en forma de canción: “A San Pedro como era calvo/ le picaban los mosquitos/ y su padre le decía/ ponte la gorra Perico”, o esa otra tan conocida en España: “Pito, pito, gorgorito, dónde vas tú tan bonito. A la era verdadera, pim, pam fuera. Tu te vas y tu te quedas.”  Que en su versión chilena podría ser: “A la vuelta de la esquina /me encontré con don Pinocho /y me dijo que contara /hasta ocho: Pin-1, pin-2, pin-3, pin-4, pin-5, pin-6, pin-7, Pinocho”.  O en la argentina: “Ta te ti, suerte para tí. Si no es para tí, será para mí. (Un enano haciendo pis, en un tarro de maní) Ta te ti”.

 

 

 

Dirán los puristas que esto no es poesía. Nada más lejos de la realidad. Las poesías populares tienen tanto valor como las de los autores renombrados, quizá más, ya que nacen del sentimiento del pueblo y se elevan a la categoría de “anónimo” que es como decir “propiedad un poco de todos”. Muchos poemas cortos, hoy considerados populares son autoría de, por ejemplo, Gloria Fuertes y otros autores conocidos, pero que al popularizarse tanto, sus versos han pasado a formar parte de la cultura popular llegando incluso a olvidarse su autoría (¿Recuerdan el de:”Un globo, dos globos tres globos/la Luna es un globo que se me escapó/ Un globo dos globos tres globos/ la Tierra es el globo donde vivo yo?”). A la mayoría le preguntas quién escribió tal o cual cancioncilla que ya recitaban nuestros abuelos y casi nadie te dará razón de su autor legítimo. Te responderán: “Es anónimo” o bien: “Eso ha sido así de toda la vida”.

 

Los juegos mímicos tienen un componente curioso. Un poema corto es recitado siempre por el adulto y el niño es un mero receptor. Además se acompaña de un movimiento gestual con una finalidad determinada (que el niño aprenda de manera lúdica esos movimientos o gestos) Cuando el niño crece pasa a ser el transmisor de ese mismo juego a la siguiente generación. La diferencia del juego lúdico con las canciones escenificadas es que en estas últimas, el niño no es un mero destinatario de los versos sino que, a la vez, es actor bien en forma individual o colectiva (Me vienen a la memoria los versos de “Cinco lobitos tiene la loba” mientras le hacía el gesto de mover la mano con los cinco dedos extendidos a mis hijos y cómo se reían con las cosquillas finales) En muy pocas ocasiones somos conscientes de que un poema, por muy corto que sea, nos ha proporcionado tan alta dosis de felicidad.

Desde las nanas para dormir a las coplillas, refranes, retahílas, aforismos, corros, rondas, romances, combas y demás lírica popular, el verso corto ha tenido un gran protagonismo y gran aceptación.

Como sería extensísimo hablar de todas las modalidades y en Alenarte nos gusta que nuestros lectores no se queden a medias, ahí les he copiado las URL de unas páginas donde, a modo de ejemplo, pueden ampliar esta breve, o no, crónica según sus propios intereses o necesidades. Lo cierto es que lo mejor es que cada uno trate además de escribir los suyos.

 

 Finalmente, dos direcciones para seguir leyendo sobre el tema.

Revista de Folklore Popular

Y algo sobre Lírica Popular de Tradición Infantil

Para acabar con entrevista con Begoña Montes