Arte y Arquitectura en la Sevilla Actual. Por : Amando Carabias María

Durante nuestro viaje a Sevilla del pasado mes de febrero, en diversas ocasiones reflexioné sobre el arte, la cultura, la literatura… Deseaba compartir con ustedes algunos de estos pensamientos.

Desde que uno llega a la ciudad, se da cuenta que Sevilla respira y vive del arte y del sentido de la estética. Sorprende gratamente, por ejemplo en la zona de la Plaza de España, el buen estado de conservación de los edificios que un día sirvieron como pabellones durante la exposición universal de 1929. Y si uno se da una vuelta tranquila por sus calles se percata de que el paso del tiempo no ha sido, en general, una dramática cuchillada que ha roto o separado siglos. Por el contrario, se observa que cada época ha integrado su propia sensibilidad, o parte sustancial de ella, a las sensibilidades que tiempos pretéritos desgranaron en sus barrios y calles.  ( Amando Carabias )

 

 

 

 

 

 

Arte y Arquitectura en la Sevilla Actual. Por : Amando Carabias María.

 

Precisaré pues tampoco conviene exagerar. Esto no pasa siempre. La barbarie también ha hecho de las suyas como en todas partes, a veces expoliando, a veces dejando pruebas de lo peor de cada generación, y la nuestra quizá no sea la que salga mejor parada.

A la vera del Puente de Triana, por citar algo, uno contempla los restos del castillo de la Inquisición, la Capilla del Carmen, conocida como el Mechero y el propio puente de Isabel II construido a mediado del siglo XIX por los ingenieros franceses Gustavo Steinacher y Fernando Bernadet, a imitación del Carrusel, uno de los puentes que cruzaba el Sena y que ya no existe; y un poco más adelante, al otro lado, frente a la calle Betis, junto al Guadalquivir, descansa el Monumento a la Tolerancia de Chillida. En estos doscientos metros escasos uno se ha dado cuenta de que la integración cultural y artística es posible cuando se trabaja con honestidad y cuando se es fiel a sí mismo pero sabiendo que somos hijos de un tiempo y progenitores del próximo.

 

Otra de las cosas que me llamó la atención fue comprobar que en decenas y decenas de casas aparecen homenajes en forma de placas de azulejos a personajes relacionados con algún arte o manifestación artística: cantaores, bailaores, imagineros, toreros, pintores, músicos… y escritores. No se trata de pequeños o escondidos homenajes. Por el contrario, quien no los vea es que no ha mirado a tal fachada, a tal puerta… Lo que tampoco es raro, porque estar pendiente de todo en cada momento es imposible, y más cuando todo son tantos destellos de hermosura.

 

 

 

Especial mención quiero hacer a la serie dedicada a Miguel de Cervantes y a sus Novelas ejemplares. Punto de la capital hispalense donde sucede algo trascendental en alguno de estos deliciosos relatos, hay una placa cerámica como la que se adjunta sita en la misma Maestranza en pleno Arenal. No sabría especificar, pero al menos me encontré con otras cuatro o cinco, sino fueron seis o siete, entre el Arenal, la zona de la Catedral y el barrio de Santa Cruz.

 

 

 

 

 

 

 

Siguiendo en el mismo tono, propincuo a la puerta del Palacio de Dueñas, uno de los edificios con más larga historia de la ciudad, residencia sevillana de los duques de Alba, lo que los ojos del paseante contemplan es el recuerdo a un humilde poeta, a uno de los más grandes, sin embargo, un homenaje, digo, a Antonio Machado. Después de leer la placa, y tras asomarse a las verjas de la puerta de entrada a través de las que se contempla el anchuroso patio ajardinado por el que se accede a sus edificios, se entienden mejor sus versos: “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, / y un huerto claro donde madura el limonero (…)”

 

Se suele decir que España es un país donde enseguida se olvida a las personas que una vez fueron importantes. Se añade con cierta alegría y desparpajo que el caínismo es una de nuestras ‘señas de identidad’, como si gozáramos con la humillación de quien un día fue cumbre. Sin embargo en Sevilla, a pesar de la dualidad, más que apasionada, visceral, que se respira en casi todos los asuntos: fútbol, toros, política, cofradías de semana santa, por lo que vi, se tiende al recuerdo, se tiende a preservar vivo en la memoria (al fin y al cabo este es el recuerdo) lo que fue importante en alguna ocasión.

Quizá por ello en esta ciudad se cumpla lo que apuntaba más arriba, ese maridaje de tiempos, esa continuidad irrevocable de la vida como río que fluye.

La propia Giralda, que es la seña de identidad de la ciudad más allá de sus propios límites, es buena prueba de lo que sostengo. Con la misma tranquilidad de quien respira, se funden sin dificultad, sin complejo y con acierto lo mejor del arte árabe, con un hermosísimo gótico cristiano, en vivísima demostración de que, si las manos del artista son diversas, la piedra, la tierra y la carne humana son las mismas. Quiero decir que el sueño de aunar el pasado y el presente en un todo continuo e imparable hacia el porvenir no sólo es posible, sino que es el camino más natural.

Acaso haya más ciudades en el mundo que hayan conseguido semejante hazaña, pero como Sevilla probablemente pocas. Mirar desde el Puente de Triana al fondo, hacia Cádiz, teniendo a las espaldas tanto la Torre del Oro como la vista de la Giralda, el Barco (nombre popular del edificio diseñado por Moneo que ahora pertenece y ocupa la Junta de Andalucía) y el Puente del Alamillo (ambas obras edificadas con ocasión de la Exposición Universal de 1992), prueba que en el mismo horizonte cabe todo lo que sea hermoso y sincero. En fin, que acunar en la mirada la silueta de ambas construcciones contemporáneas subido al Guadalquivir desde el Puente de Triana, sintiendo en la nuca el aliento del pasado, es revivir en la memoria los versos de Manrique dedicados a la muerte de su padre, aplicando su sentido, no a una vida particular que se extingue, sino al devenir de la propia especie. Claro que eso no es ser muy original, precisamente.