Said y Barenboim, o la Música de la Paz. Por : José Julio Perlado

La música y las artes reúnen muchas veces opiniones encontradas en política, funden pasiones que parecerían distantes, abrazan a contrarios y anudan amistades. Hay muchos ejemplos de ello, pero quizá uno de los más relevantes en los últimos años haya sido la amistad que se profesaron durante mucho tiempo el excelente compositor y director judío Daniel Barenboim y el destacado ensayista y profesor palestino Edward W. Said.

( José Julio Perlado )

 

 

 

 


 

Said  y  Barenboim, o la Música de la Paz. Por : José Julio Perlado .

Edward W. Said, fallecido en 2003, a los 67 años de edad, era cristiano palestino, nacido en el Líbano y educado en Jerusalén y en El Cairo, lo que ya indica una extraordinaria mezcla cultural y geográfica. Daniel Barenboim, por su parte, es músico argentino de familia judía de origen ruso, nacionalizado israelí y español y la primera persona del mundo con ciudadanía israelí y palestina. Gran pianista, la intensidad sonora emanando de las teclas, la suave y decidida presión de los dedos en su dinámico recorrido, ha hecho que su instrumento musical se abra instantáneamente a otros instrumentos pacificadores, ampliando los lazos gracias a la creación que en 1999 hicieran Said y Barenboim con la Orquesta del Diván Este-Oeste, en la que jóvenes músicos de talento, tanto de origen israelí como de origen musulmán, se unían para tocar en torno a la paz.

 

 

 

 

Esa tecla, esa pequeña palanca colocada en el teclado del piano y que a la presión de los dedos acciona el mecanismo que provoca la nota deseada, hizo, con su negritud y su blancura a la vez, que surgiera una profunda amistad. Amistad hecha música, amistad sin muros, amistad sin el menor recelo, entrañable amistad.

 

Edward W. Said, gran crítico literario – uno de sus mejores libros es “El mundo, el texto y el crítico” (Debate), otro el titulado “Sobre el estilo tardío”.-Música y literatura a contracorriente (Debate) -, se propuso relacionar unas culturas con otras, despreciando el provincianismo y la insularidad. Realizó una extraordinaria carrera en Estados Unidos y fue un árabe crítico con Occidente y defensor de la causa palestina, que vivió y trabajó en Occidente. Lector de literatura occidental y activo promotor de la literatura no occidental, fueron famosas sus clases en la Universidad de Columbia, Nueva York, como profesor de literatura inglesa y comparada donde explicó y desbrozó de manera magistral la novelística inglesa del siglo XlX. La principal obra de Said, “Orientalismo” – también “Cultura e Imperialismo” – presentaba un certero análisis de la costumbre occidental sobre la construcción de una imagen “exótica” del Oriente musulmán para de este modo dominarlo mejor.

 

 

 

Edward W. Said, al hablar del gran compositor e intelectual canadiense Glenn Gould, muerto en 1982 cuando contaba cincuenta años, cita a su amigo Daniel Barenboim como una de las figuras fundamentales de la música junto a Maurizio Pollini, Elliott Carter, Harrison Birtwistle, György Ligeti y Oliver Knussen. “Glenn Gould – recordaba Said – es uno de los pianistas más destacados de la historia y alcanzó un  nivel técnico igual al de Michelangeli, Horowitz, Argerich o Barenboim”.

 Esta precisión del palestino Said iba unida a su profunda amistad con el judío Barenboim, ambos se acercaban tanto al piano como a la orquesta para tocar la paz y el sonido neutro y robusto de ese piano pacífico, nacido por la presencia de armónicos graves, obtenía en el arco del mundo unas coloridas y brillantes sonoridades que dejaban asombrados a cuantos no creían en la potencia de la serenidad ni en los anhelos del sosiego humano. Pero eso ocurre cuando dos espíritus conciliadores se unen. Las vibraciones de las guerras producen exaltaciones en el tímpano de los hombres y así su aparato auditivo es herido por ráfagas de fusilamientos tenebrosos y por escaramuzas crueles de odios e  inclemencias. Es el piano de la armonía y del perdón el que levanta en el aire una melodía única, cercanos sonidos de notas graves,  apaciguamiento de notas agudas, composición que mantiene un equilibrio de paz, paz que a su vez se convierte en música.