El Premio Cirilo Rodríguez y la Prensa democrática. Por : Amando Carabias.

Cuando escribo estas líneas, la Asociación de la Prensa de Segovia, acaba de fallar el premio de la vigésimo sexta edición del Premio Cirilo Rodríguez para corresponsales o enviados de medios españoles en el extranjero. La galardonada ha sido Soledad Gallego-Díaz corresponsal de El País en Buenos Aires.

Con motivo de esta edición del galardón la citada asociación, coordinada por el periodista Aurelio Martín, director de El Adelantado de Segovia, ha editado el libro Seguiremos informando. En él, además del prólogo introducción escrito por Pedro Altares, poco antes de su muerte, se encuentran, empezando por Manuel Leguineche y concluyendo en Joaquín Ibartz, los perfiles de los ganadores de las primeras veinticinco ediciones de este premio, todos ellos profesionales de reconocidísimo prestigio consolidado en su profesionalidad fuera de toda duda, así como un texto publicado en sus diversos medios de comunicación. ( Amando Carabias)

 

El Premio Cirilo Rodríguez y la Prensa democrática. Por : Amando Carabias.

 

 He escuchado a Aurelio Martín en una entrevista radiofónica realizada en la Cadena SER que el trabajo de los corresponsales o enviados especiales en el extranjero es absolutamente vital para que comprendamos mejor la situación que se produce más allá de nuestras fronteras. Y esta frase me ha hecho reflexionar.

De alguna manera estos periodistas son nuestros ojos, allí donde no llegamos. Pero son algo más, algo más profundo. Porque con nuestra mirada, llevan nuestro modo de entender la vida, y, por tanto, al contarnos lo que sucede lejos nos explican aquello que no podemos entender.

Hoy en día, que nadie ni nada está libre de restricciones, parece que las empresas editoras de los medios de prensa, recortarán fundamentalmente de los dineros destinados a personas enviadas al extranjero. Se piensa que con la globalización de la información es suficiente para acceder a la información. Uno no es periodista, pero sin serlo, entiendo que no es así…, que no es así del todo, al menos.

Intentaré explicarme.

Que no nos faltarán las noticias es evidente. Como antaño no faltaban los teletipos de las agencias de informativas, suministradores de la semilla de la información, la pura médula nerviosa, el contenido esquemático de lo sucedido. Pero con ese mero dato, en muchos casos, nos faltará algo sustancial, la explicación de esa noticia, las razones más hondas de tal o cual suceso, el contexto, por así decir, que nos proporciona una visión más ajustada a lo que allá suceda.

Al leer, ver u oír informaciones que se producen en nuestro entorno más próximo y conocido, quizá no sea necesaria mucha explicación. Solemos conocer a los protagonistas, las relaciones entre los distintos actores de una noticia, los antecedentes, e incluso podemos jugar a crear nuestras propias hipótesis basadas en otros datos, en otras fuentes, quizá en informaciones previas que, de algún modo y sin ayuda ajena podemos hilvanar, aún a riesgo de equivocarnos… Pero todo ello queda fuera de nuestro alcance cuanto más desconocido es un país (por las razones que sean) para nosotros. Y por muy culta que sea una persona es imposible tener todos los datos de todos los lugares. En estos casos leer, ver, escuchar la información pura y dura, la noticia desnuda, no es suficiente para comprenderla del todo. Podremos almacenar el dato, pero no lo terminaremos de comprender. Cuanta más trascendencia tenga la noticia, es menester más información sobre el contexto en el que se produce para que la comprensión sea mejor.

Es en este instante cuando la cercanía y la capacidad de comunicar de estos hombres y mujeres es trascendental para nosotros.

Pondré un ejemplo muy próximo en el tiempo, para ilustrar a lo que me refiero. Este mismo año, el desastre del terremoto de Haití nos ha sido trasladado de cientos de modos, pero creo que trabajos como los realizados por Fran Sevilla (RTVE) o Nicolás Castellano (Cadena SER), por citar a dos de los que más he seguido, han sido fundamentales para que aprehendiéramos con un poco más de precisión, el horror de los haitianos que, dicho sea de paso, aún no ha concluido. Con los datos de los cientos de miles de muertos, sólo habríamos alcanzado a comprender una magnitud, con sus explicaciones se nos ha escalofriado el corazón.

En la memoria de mi adolescencia o mi juventud, me quedan nombres míticos del periodistas españoles en el extranjero como Manu Leguineche (en cualquiera de sus múltiples guerras), Diego Carcedo (inseparable de la revolución de los Claveles portuguesa); pero también en épocas más recientes, las fotografías impactantes de Gervasio Sánchez, las crónicas de Rosa María Calaf allá en el oriente más alejado, los textos de Enric González, o las crónicas radiofónicas de Javier del Pino, me han ayudado a comprender un poquito mejor acontecimientos que de otro modo con el hueso del dato se me habrían escapado para siempre.

Es decir, gracias a sus explicaciones (a veces con una sola frase), mi conocimiento del mundo ha sido algo más completo o más preciso, y eso, sin duda, me ayuda a entender mejor algunas cosas, aunque sea para criticarlas, aunque sea para estar en completo desacuerdo, aunque sea para rebelarme interiormente por situaciones de injusticia.

He citado en último lugar a Javier del Pino, no por casualidad. Como este periodista, Cirilo Rodríguez dedicó su vida a la radio. Su voz, que he tenido oportunidad de escuchar en viejas grabaciones, pues yo era aún muy niño cuando él estaba en Estados Unidos, comenzó a cabalgar por las ondas desde los viejos estudios de Radio Segovia. De allí, pasó a Radio Nacional de España que lo envió como corresponsal a USA. Y fue su voz emocionada, y convencida de que era un momento histórico el que transmitía para España, la que narró la llegada del ser humano a la luna. Quizá en la mayoría de las mentes quede la voz de Jesús Hermida, que hizo lo mismo para Televisión Española, pero es probable que una cantidad no pequeña de ciudadanos asistieran en directo a aquel acontecimiento a través de las frases preñadas de emoción de este periodista tan querido en esta tierra.

En honor a él y a su trabajo, en reconocimiento a la labor de los periodistas que realizan su trabajo como enviados o corresponsales en el extranjero se instituyó este premio, que se acaba de fallar. Quizá la labor de Cirilo Rodríguez, tan conocido y tan querido en Segovia, consiguió que la mayoría de periodistas segovianos comprenda lo vital que resulta la función del corresponsal en el extranjero, quizá por ello, es por lo que he traído esta reflexión a esta página.

Si tienen oportunidad, no se lo pierdan. Seguiremos informando es un buen compendio de momentos claves en la reciente historia del periodismo en el extranjero hecho por españoles. No estaría de más que cuidáramos a nuestra mirada que se instala más allá de nuestras fronteras.