Mujeres Escritoras.-VIII- : Gertrude Von le Fort. Por: José Julio Perlado

“No salvaré la civilización, pero desapareceré con ella plenamente consciente de su valor irremplazable, con la bandera desplegada, sin ningún compromiso cobarde. Hay que decir, sin duda, que existe hoy otra burguesía. Esta otra burguesía no se adaptará jamás a la barbarie que se aproxima; no se asociará a la traición de los valores espirituales que se prepara, como la otra, de la que se burlan con razón; pero tampoco sabrá defenderse. Sucumbirá en la lucha contra la fuerza bruta, porque no sabrá combatir con su misma perversidad. Su debilidad aparente es en realidad su verdadera gloria. Pero serán pocos los que la comprendan, esta gloria. Desconocida, ultrajada, condenada por la sinrazón del mundo entero, esta burguesía tendrá que sufrir inmensamente antes de acabar abandonando en silencio el hogar de sus padres, como hace poco salieron de mi casa los personajes de vuestra comedia. Verdaderamente, vuestra representación era simbólica”.

Estas palabras, que pertenecen a la novela “El velo de Verónica” (Encuentro) publicada en 1928, muestran que la importante autora alemana Gertrud von Le Fort poseía el poderío de unas frases casi proféticas, tal como si la escritora viera ya en el horizonte muchas de las cosas que fueran a ocurrir a lo largo de nuestro tiempo.  (José Julio Perlado).

 

 

 

 

 

 

 

 

Mujeres Escritoras. – VIII- : Gertrude Von le Fort. Por : José Julio Perlado.

 

 

 

 

 

 

Estas palabras, que pertenecen a la novela “El velo de Verónica” (Encuentro) publicada en 1928, muestran que la importante autora alemana Gertrud von Le Fort poseía el poderío de unas frases casi proféticas, tal como si la escritora viera ya en el horizonte muchas de las cosas que fueran a ocurrir a lo largo de nuestro tiempo. Nacida en 1876, la baronesa Le Fort era originaria de una familia saboyana, una de cuyas ramas se había afincado en el siglo XVlll en Alemania. Sus ascendentes directos fueron oficiales protestantes al servicio de la corona prusiana. Von le Fort estudió en Heidelberg y Berlín filosofía y teología y fue alumna del eminente historiador Ernst Troeltsch. En 1926 se convertiría al catolicismo. Residió muchos años en Italia, y por la crítica implícita de su posición frente al nazismo, permaneció en Suiza hasta el fin de la guerra, volviendo en 1949 a su patria donde moriría en 1971.

Autora, entre otras obras, de “La fuente romana” y de “La corona de los ángeles” que contenía una crítica del vacío espiritual y del papel de la mentira durante el nazismo, acaso su pieza más representativa y emotiva sea “La última del cadalso”, de 1931,  (Encuentro) redactada como carta de un noble a una amiga, a la que explica la verdad sobre la ejecución de dieciséis carmelitas de Compiègne.

 

 

 

 

Es la historia de Marie de l `Incarnation y Blanche de la Force en los días de terror  de la revolución francesa. Blanche lleva sobre sí el peso de una angustia natural. Entra en el Carmelo y en él se la intenta curar tanto a través de la asistencia espiritual como por medios pedagógicos y médicos. Se la juzga indigna, enferma y la desvalorizan como fracasada imponiendo sobre ella una vida rigurosa. Sin embargo, nadie puede penetrar en su interior. Blanche se abraza a un profundo valor religioso y el misterio de su nombre le revela su misión de revivir en lo hondo de su miedo la angustia de Cristo en el Huerto de los Olivos. Advierte que en su personal angustia interviene la angustia de Dios que la transforma poco a poco en una seguridad indecible. Tras huir del monasterio llegará el camino que le conduce al lugar de la ejecución: al himno de las carmelitas, que ante la muerte, van jubilosas, se alza la escasa pero firme voz de Blanche que es ejecutada ante la multitud.

Después de que sus compañeras mueran una tras otra en la guillotina, Dios le otorga la fortaleza necesaria para presentar y ofrecer también su cabeza. Llevada por Bernanos al teatro en su “Diálogo de carmelitas”, esta obra de Gertrude von Le Fort la destaca como una escritora penetrante y de gran hondura al tratar esenciales problemas del ser humano.

 

 

 

 

Como escribió la baronesa le Fort  en uno de sus poemas:

 “Cuando las ciudades duermen aún en su lecho febril, y las mudas aldeas, en el vaho de los campos,

Cuando aún no se mueven los animales, y la soledad del Señor reposa sobre el mundo,

Ya elevas tú la voz entre las sombras, como se alza el espíritu en la materia ciega.

Sacudes la somnolencia de tus miembros y luchas en lo oscuro con el espanto de la hora”.