La Galería Bennassar escucha a Alma Pagés.

 

Se ha presentado en la Galería Bennassar de Madrid el viernes día 11 el libro Laietana. Poemas que olvidé escribir de joven, editado por Ediciones Crusoe, de la escritora Alma Pagés. El acto, al que asistieron el director de la Galería, que dijo unas breves palabras, Carlos Fernández de Pablo, editor, o Miguel Pastrana, perteneciente a la Junta de Gobierno del Ateneo de Madrid, entre otros,  fue iniciado con unas palabras del editor del libro, y continuado por un recital de la autora, que leyó y explicó parte de su obra.

Les ofrecemos a continuación las palabras del editor y las de la poeta, fotografías y el audio del acto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Presentación de Laietana. Discurso de Don Carlos Fernández. Editor.

 

En primer lugar quisiera dar las gracias a todos los asistentes a esta presentación y , en especial a Miquel Tugores, nuestro anfitrión en esta galería que hoy presta sus paredes para que Alma Pagés cuelgue en ellas los versos de su último poemario, Laietana-Poemas que olvidé escribir de joven.

 

Créanme si les digo que es para mí un honor y un placer haber podido participar en la edición de este precioso poemario porque con él he tenido doble motivo de satisfacción. El primero ha sido, por supuesto, el disfrutar de unos versos de calidad, de un diseño del libro bastante acertado por parte de Enrique Cordero y añado la alegría personal de ayudar a dar a luz a una nueva obra, que siempre es un gran acontecimiento porque un hijo es un hijo aunque su corazón esté hecho de palabras. Pero asimismo me ha causado una honda impresión la faceta humana de la autora, cuyo nombre es el fiel reflejo del contenido de sus versos. Son versos con “Alma”. Me he encontrado con una persona sencilla, amable, discreta, segura de sí misma  pero abierta al consejo y al debate,  libre de la arrogancia de quien atesora múltiples virtudes y es consciente de sus limitaciones.

 

Quisiera dar unas breves pinceladas sobre lo que me ha sugerido este poemario desde un plano puramente personal, absolutamente subjetivo. No hablo de describir el libro sino de las sensaciones que me produjo su lectura. Toda crítica formal de sus versos  en esta presentación estaría fuera de lugar.

Es Laietana un poemario escrito de atrás hacia delante. Comienza con  sentimientos contradictorios que en la autora despierta la ciudad  en donde todo empezó: una Barcelona de alma oscura, recuerdos de una madre que sufre; la poesía  actúa como arma, como látigo que golpea en la espalda de los recuerdos amargos. Días de hospital, frío de invierno, el sol es solo un recuerdo en sus versos. Rabia, dolor y sombras anegan la memoria y vierten veneno de tinta en la pluma de la poeta.

 

 

 

Pero la Rambla de les flors despierta poco a poco el aroma de la primavera. Aires renovados limpian la atmósfera pesimista y la neblina de los primeros poemas deja entrever incipientes rayos de luz a través de los riscos de Montserrat. Hay un último vistazo al horror dejado atrás y el fragmento culmina con el perfume de las rosas, mágico elixir que funde la casa con la piel de Alma niña y purifica el pasado dejando apenas un atisbo de la incipiente primavera como símbolo de renovación.

 Vía Augusta es metáfora de triunfo a costa de desgarro, sangre y fuego. La Vía Augusta penetra hacia el interior, cuesta arriba, a la montaña, a Montserrat. Se aleja de la calidez del mar. Es reto y penitencia. Subir su escarpada ladera, recorrer sus intrincadas calles exige un esfuerzo enorme, un pago en energía gastada cuyo premio no se aprecia hasta llegar al final: la vista de toda la ciudad. Cuántas veces no habremos recorrido cada uno de nosotros esa misma Vía sin pretender ni siquiera recibir tamaña recompensa. Y es que vencerse a uno mismo no es poca cosa, ya que siempre pierdes algo por el camino.

 

En Poemas que olvidé escribir de joven, Alma comienza, agradecida, escribiendo unos versos a Claudio Rodríguez, el poeta que quizá le hizo beber el veneno de la poesía (Me quedo agazapada entre tus versos/ hasta tocar la luz de tus palabras…). El amigo de Aleixandre, Panero y Luis Rosales, se hace asimismo amigo de Alma sin saberlo a través de sus Conjuros y con su Don de la ebriedad embriaga el “Alma” joven de la futura poeta. Ahora todo es plenitud. Los colores de flores y mariposas se engalanan con la plata de los rayos de luna y los poemas se convierten en fuegos artificiales, en una explosión de estrellas. Una Alma juvenil comienza a inventar el mundo, diseña el futuro en sueños dibujando planos en nubes que unas veces dejarán pasar los rayos del sol y otras descargarán tormentas.

 

 

 

 

 

 Llega el primer gran amor. Atalanta, consagrada a Artemisa, debe mantenerse virgen. Sale de caza . Solo aquel que la venza en su carrera podrá disfrutar de sus encantos. Al perdedor le espera la muerte. ¿Dónde estará ahora ese Hipómenes de juventud? ¿Qué Atalanta se rebela ante el símbolo del patriarcado hoy en día? Alma nos lo deja entrever con sus versos en esta parte del libro.

La estación de Francia despide por fin a la niña que gira y gira, que ríe y corre y trata de agarrar el recuerdo de Barcelona mientras se difumina en la infancia, en la juventud y ya, una Alma mujer, mira al oeste, donde la sombra aguarda.

 

 

 

 

 

   “Sinfonía de recuerdos entretejida en un volar

de hadas

enlazando sentimientos en fuga

Llanto pianísimo, acallado nota a nota

entrañado en las sombras”.

 

Audio del acto.