Exposición de pintura y escultura de Javier Brizuela en la Galería madrileña Dionis Bennassar.

La muestra cuenta con una veintena larga de piezas y pinturas, formados por maderas tratadas e intervenidas, óleos, metales, arenas y pigmentos.

 Les ofrecemos el texto que, con motivo de la exposición nos ofrece el artista “Josetxo”, suministrado por la Galería.

Prohibido jugar a pelota. Por Josetxo.

 

 

La esencia del trabajo de Javier Brizuela es proponerse retos aparentemente imposibles de ser llevados a cabo. Es un caminar hacia el absurdo de una manera consciente. Esto es lo que puede extraerse de una lectura superficial de los trabajos que componen la presente exposición. Los frontones, el alma del País Vasco, son presentados aquí de una manera tan singular que llegan a plantear interrogantes al espectador sobre si la piedra que arma el frontón es un elemento imprescindible para que la pelota atrape la retina de los espectadores y la tensión de los pelotaris o es una materia totalmente prescindible a tenor de lo visto en este conjunto de frontones que poco tienen que ver con una sucesión de instalaciones deportivas.

 

Hay piedra, hay chapa, como en todo frontón que se precie de serlo, pero los frontones de Javier Brizuela nacen del bosque. Es la combinación de numerosos elementos regulares lo que hace que estos frontones adquieran su gran peculiaridad. ¿Elementos regulares? ¿Como en un frontón donde el sudor se dosifica tanto a tanto? No, el bosque transformado en pequeños dados que ponen en cuestión si en todos ellos se han de jugar tantos para justificar su existencia o con hacernos plantear la existencia de otras posibilidades estéticas ya tenemos suficiente.

 

Obviamente este conjunto artístico es un camino. Pero un camino lejos del absurdo. Es cierto que aquí no podemos poner en juego la pelota. Eso sería lo desatinado. Lo que este conjunto coherente de espacios vacíos nos posibilita es alcanzar la certeza de que otros frontones también son posibles. Piedra y chapa, pero madera por encima de todo. Lo absurdo sería creer que para Javier Brizuela los frontones se agotan con la chapa y la piedra.

 

Pero hay más que frontones singulares en la obra de Javier Brizuela. Una parte importante de la muestra está compuesta por una serie de piezas con una evidente conexión formal con lo comentado más arriba donde la superficie es quebrada por brechas definidas o insondables de variadas formas. En algunos casos estos elementos, deudores de los espacios nemorales, son los que se yerguen de modo inequívoco para imponerse sobre la tersura del fondo. Aquí la madera es la que conquista la esencia de la pieza dejando que las superficies brillantes acompañen de una manera sosegada a una comprensión siempre amable de un mundo donde lo etéreo de los tonos claros siempre gana la partida a los matices profundos.