Los tejidos artísticos españoles. I. Época Antigua y Medieval. Por: Virginia Seguí.

 

El arte textil se puede contemplar como medida tangible de la cultura de un pueblo, así aquí se estudiará  su desarrollo, sus técnicas y su representación a través de los artistas bizantinos, romanos, árabes que le dieron fama y esplendor en tapices, paños, relicarios… muestras distintas de cultura y sincretismo.

Los Tejidos Artísticos Españoles. I. Época Antigua y Medieval. Por: Virginia Seguí.

El estudio del arte o la industria de los tejidos se incluye dentro de las llamadas Artes Decorativas o Industriales al tratarse, normalmente, de artículos o productos creados con fines utilitarios, circunstancia que no exime a su artífice de intentar combinar esto con el mayor grado de calidad artística posible. Pedro Miguel de Artiñano en su prólogo al catalogo realizado, en 1917, con ocasión de la Exposición de Tejidos Españoles anteriores a la introducción de Jacquard, define la industria textil como:”… un compendio de la historia cultural de nuestra patria, ya que el arte textil, más que las restantes artes industriales, resume en cada instante, a la vez, el estado productivo, el industrial, el intelectual, el artístico y el social de un pueblo, constituyendo la medida tangible más valiosa y que mejor permite graduar la cultura de su época.”; confiriendo así al arte del tejido una importancia capital para el estudio del desarrollo cultural de los pueblos. 

Teniendo en cuenta que estamos hablando de un arte, en cierto modo, efímero; ya que, salvo escasas excepciones, la mayoría de las telas realizadas en Europa Occidental con anterioridad a la Edad Media, con el paso del tiempo y las condiciones climatológicas de la zona, han quedado reducidas a polvo; a lo que habría que añadir la escasa atención que, hasta prácticamente el siglo XX, se les prestó; puede decirse, y el caso español no es diferente del de países de la zona, que los primeros restos de tejidos conservados que pueden clasificarse como artísticos están datados a partir del siglo VII de nuestra era. Debiendo considerar además que, en España, será a partir de la instalación en la península de los pueblos árabes cuando realmente la producción adquiera características definidas. Por otro lado añadir la frecuente dispersión de las piezas existentes ya que inicialmente fueron coleccionistas y entidades extranjeras las que se interesaron por ellas un primer momento; adquiriéndolas para sus colecciones particulares o Museos.

  ( Fig.1. Letra capital. Telar musulmán)

La península Ibérica antes de la invasión musulmana era una parte del Imperio Romano con la consiguiente influencia Bizantina que eso acarreaba; a partir del siglo V sufrió las diferentes invasiones de los pueblos bárbaros, siendo los visigodos los que desde el 410 se instalaron en la zona iniciando la formación de un estado nacional que acabó siendo políticamente dominante en el territorio, aunque culturalmente no pudo sustraerse al influjo tardorromano, ni al  bizantino que entraba en la península a través del comercio con Oriente; dado que la producción textil peninsular en esa fecha no parece ser significativa, y la existente no estaba dedicada a la realización de telas lujosas; o al menos esto es lo que parece desprenderse del texto de las Etimologías de San Isidoro de Sevilla en sus Etimologías, quién al hablar de los talleres textiles existentes en la península habla solamente de telares de lino y lana, sin citar ni referirse a otros en los que se confeccionaran telas más lujosas; lo que, sin duda hubiera hecho de haber existido estos.  

Los yacimientos visigodos excavados, como la necrópolis de Castiltierra (Segovia), los de Carpio de Tajo (Toledo) o los de Turuñuelo (Badajoz), en los que aparecieron ajuares funerarios demuestran, sin embargo, el uso de hilos de oro y trabajos textiles que presentan características que pueden hacer pensar en una intencionalidad artística y decorativa por parte de sus ejecutores; permitiéndonos deducir la existencia de algunos talleres textiles en los que se trabajaban telas de carácter más lujoso que las producidas en épocas anteriores.

El catálogo de Artiñano divide el estudio de los tejidos españoles en tres etapas: la primera abarca básicamente desde que empiezan a destacar los tejidos musulmanes, con su mayor esplendor durante la época califal, hasta el inicio del reinado de los Reyes Católicos, donde comenzaría el segundo período que a su vez finalizará con la entrada de los gustos franceses iniciándose entonces el tercero.

  ( Fig.2. Friso Visigodo.S. VII-VIII)

Aunque hoy día puede intuirse una etapa anterior marcada por los gustos bizantinos vigentes en la península con anterioridad a la entrada de los musulmanes, a los que estos últimos añadirán nuevos motivos iconográficos procedentes de su propia cultura y a su sincretismo, gracias al cual irán asimilando temas y formas procedentes de cualquier cultura con las que se relacionaban, como ocurre con la escita, la persa, la sasánida y/o la copta, etc.

El origen de los musulmanes invasores es variado, pero en un primer momento hay que destacar la presencia de una buena parte de sirios seguidores de Abd-al Rahman, único superviviente de la matanza realizada por los Abásidas, durante la celebración de un banquete en Damasco, en el que pasaron a cuchillo a todos los Omeyas asistentes a él, y del que únicamente Abd-al Rahman logró huir; instalándose finalmente en el valle del Guadalquivir donde fundó el Emirato de Córdoba, independiente políticamente de Bagdad, convirtiéndose en su primer emir: Abd-al Rahman I; desde esta posición envió a Damasco a Moaviah ben Salehi, quien regresó en el año 140 de la hégira, acompañado de descendientes de los Omeyas y un buen número de seguidores; siendo este grupo, de procedencia siria, en el que se apoyó para organizar la administración del Emirato, adquiriendo así un gran desarrollo la industria textil y la comercialización de sus productos contribuyendo grandemente al enriquecimiento y prosperidad del emirato, y permitiendo que poco tiempo después, Abd-al Rahman III, pudiera convertirse en Califa Independiente.

Los conocimientos agrícolas e industriales del pueblo árabe superaban con mucho los existentes en la península y por ello su llegada supondrá una revolución en la producción de tejidos. Aumentarán las fibras vegetales que se reducían prácticamente al lino a la que añaden sobre todo el algodón. La producción derivada del mundo animal se reducía a la lana, la mejorarán introduciendo nuevas razas procedentes del norte de África dando así mayor calidad a los tejidos; y sobre todo introducirán el cultivo y la producción de la seda, ya que poseían el conocimiento y los medios necesarios para la instalación de factorías. De este modo se iniciará una especialización por zonas destacando, la lana de Chinchilla, Cuenca y Bocairente; el algodón en el valle del Guadalquivir; y la seda, sobre todo, en Málaga, Almería y Murcia.

Los tintes utilizados eran el quermes, cuya producción destacaba en España desde la Antigüedad, y algunas plantas nuevas desarrolladas por los musulmanes como; la garancia (Rubia tinctorum) con plantaciones en Sevilla, Córdoba y las Alpujarras; el cártamo (Carthamus tinctorius Linne) que tiñe en rojo anaranjado, cultivado en Niebla y Sevilla; la henna y el azafran (Crocus sativus) en Tortosa, Valencia, Sevilla, Úbeda, Jaén, Ronda, Toledo y Guadalajara que tiñe amarillo anaranjado; los tintes en azul se obtenían de la hierba pastel (Isatis tinctoria) que también se conseguía con el índigo, el negro se obtenía de las hojas del zumaque (Rhus coriaria); y el verde era el resultado de oxidar el cobre con vinagre. Además de esto mejoraron las técnicas del hilado y el tejido ya que los musulmanes tenían un conocimiento mucho más sistematizado, introducen el telar horizontal con un sistema de lizos y pedales; del que con el tiempo irán derivando otros que van mejorando la producción o especializándola; conociéndose de tres tipos: el de varillas, el de lazos o al tiro y uno sin pedales ni lizos únicamente de tiro y lazos. (Fig.1)

  ( Fig. 3. Almaizar. Hissam II. 976-1013)

 Después de esta descripción somera de la implantación y evolución de la industria textil en esta época entraremos a valorar el sistema iconográfico y decorativo que los tejidos artísticos presentan; ya que puede observarse en ellos diversas influencias y procedencias como iremos viendo.

De época visigoda los restos que se conservan no permiten apreciar sus decoraciones aunque cabe suponer que al igual que como en el resto de sus manifestaciones dominaría en ellas el influjo bizantino (Fig.2), presente y dominante en la península ya a finales de la dominación romana; manteniéndose incluso en época musulmana dada la proximidad, en origen del mundo árabe con Bizancio, con presencia también del influjo persa y sasánida del que los emperadores bizantinos no pudieron sustraerse llegando a adoptarlo, incluso en su indumentaria.

El telar de lazos permitía abaratar el sistema de producción mediante el planteamiento simétrico de la decoración que, partiendo de un eje central y mediante un sistema de espejos, permitía la realización del  tejido completo y en duplicado; líneas horizontales y dibujos enmarcados en espacios cuadrados o circulares, estos últimos las pallie rotate sasánidas; de animales reales o fantásticos enfilados y enmarcados en círculos o roleos, de forma individual o por parejas afrontadas y separadas, en muchos casos, por un hom (árbol de la vida persa); ciervos, leones, y de variadas aves como águilas y todo tipo de gallináceas.

Desde la época del Emirato de Córdoba (756-929) comienza la implantación y desarrollo de talleres de tejidos que irán alcanzando un gran desarrollo y florecimiento; conservándose ejemplos, que prueban la llegada de una nueva influencia iconográfica: el gusto copto, que los musulmanes trajeron a la península aprendido; tanto en su recorrido inicial camino hacia Al-Andalus, como por el tradicional viaje que todo buen musulmán siguiendo las leyes coránicas debe hacer a La Meca. Hexágonos en los que se inscriben figuras humanas y/o de animales.

Al parecer fue Abd-el-Rhaman II (825-852) quien introdujo en España el uso del tiraz, que en principio se define como una pieza de tele costosa en la que estaban inscritos los nombres de los sultanes, príncipes y otros poderosos individuos; derivada por metonimia con la inscripción que todos ellos contienen como alabanza al califa; y que a su vez pasará como nombre de los telares en los que se realizaban este tipo de prendas, normalmente talleres reales en los que se realizaban este tipo de tocados destinados a los más altos dignatarios de la corte; el tocado a su vez se denominó almaizar o almaizal.  El arabista inglés R. B. Serjeant considera que el tiraz, como taller, derivaría de sus equivalentes sasánidas, aunque otros expertos lo asocian a los talleres textiles bizantinos o gineceos; siendo, al parecer las técnicas de confección de tejidos muy similares en ambos casos y, dado su valor material y artístico, con frecuencia fueron utilizados, como moneda de cambio en transacciones comerciales, siendo un secreto bien guardado los procedimientos utilizados para su creación.

( Fig. 4. Tejido copto. Colección Vives)

De los talleres hispanomusulmanes salieron muchas piezas de este tipo considerándose como una de las más valiosas, considerada por ello paradigmática, la encontrada en la iglesia de Santa María de Rivero en San Esteban de Gormáz (Soria), y conservada en la Real Academia de la Historia; conocida bajo el nombre de Tiraz de Hixen o Hisam II; realizada con técnicas de tapicería y confeccionada en seda, oro y tafetán; su decoración, de influencia copta, como  puede apreciarse si lo comparamos con la pieza perteneciente a esa cultura, encontrada en Antinoe, perteneciente a la colección Vives (Fig.3-4). El tocado de Hisan II está además enriquecido con una inscripción caligráfica en letra cúfica, algo muy habitual en todas las manifestaciones artísticas musulmanas, en la que puede leerse una leyenda exaltando al personaje: En el nombre de Dios Clemente y Misericordioso, la bendición de Dios y la prosperidad y la duración para el califa, el imán Abd Allah Hisam favorecido de Dios y emir de los creyentes.

Otra pieza interesante es la encontrada en un relicario conservado en el Instituto Valencia de Don Juan, fechado por Gómez Moreno en el siglo IX y que ha sido también calificado como de un fragmento de almizar; así como otra pieza conservada por el mismo Instituto procedente de una iglesia del Pirineo aragonés, de período califal en la que se combinan las iconografías de mayor influencia en los tejidos españoles de la época. (Fig.5)

  ( Fig. 5. Iglesia Pirineo Aragonés. S. X.)

 Ya en época Taifa (1031-1086), que supone el desmembramiento del poder califal, los telares cordobeses perderán su hegemonía, y cada taifa creará su propio taller real o tiraz, aparte de los privados ya existentes como el existente en Sevilla fundado, según el relato de Al-Bayan-al Mughrib, en el año 899. Esta descentralización supondrá también una diversificación de los centros de producción y, aunque perduran los de Córdoba, despuntarán también los de: Málaga, Sevilla, Valencia, Murcia y sobre todo Almería debido la producción de seda y sus exportaciones, con más de ochocientos talleres textiles dedicados a la fabricación de tejidos de lujo.

De este período existen varias piezas interesantes; el forro del arca de las reliquias de San Isidoro, fechado por Gómez Moreno en el 1063, que algunos expertos asocian a la tela con la que el rey Almotamid envolvió las reliquias del santo para enviárselas a Fernando I; se trata de un tejido confeccionado en lino, y ricamente bordado con motivos orientales zoomorfos (Fig.6) 

La tela del Relicario de San Pelayo conservada en la Real Colegiata de San Isidoro de León (Fig.7), creación relacionada por Gómez Moreno con la repoblación mozárabe de la zona iniciada a partir del 1024. Con una tira central de roleos vegetales en la que inscriben animales que recuerda las decoraciones visigodas de Quintanilla de las Viñas, y comparables a los frescos existentes en el harén real de Samarra. (Fig.8)

 ( Fig. 6. Relicario de San Isidoro. 1063)                                   ( Fig.7. Relicario de San Pelayo)

 

 

 

 

 

 

   ( Fig. 8. Frescos Harén Real de Samarra. S. IX)

La pieza conocida como de los Elefantes, encontrada en una pequeña iglesia del Pirineo aragonés, deja patente la continuidad de las tendencias sasánidas y bizantinas de la época, pues es patente su similitud con otros tejidos conservados clasificados como procedentes de ambas culturas, por otro lado tan interrelacionadas entre sí. (Fig.9-10)

Otro tejido destacable por este tipo de iconografía lo tenemos en el encontrado en la Iglesia de Santa María de L’Estany, nuevamente samito de seda, reforzado con un fondo de sarga, decorado con hileras de animales vinculados a ambos mundos: caballos alados, senmurv o simurgh y una tercera con elefantes. Se conservan varios trozos de esta tela, que debía ser de gran tamaño probablemente utilizada como frontal de altar, conservados en distingos lugares y museos catalanes. (Fig.11-12)

   ( Fig. 9. Tejido de los elefantes. Reconstrucción)         ( Fig.10. Tejido Persa)

 

 

 

 

 

   ( Fig. 11. Santa Mª de L ´Estany. )                                             ( Fig. 12. Tejido sírio.S XV.)

 

 

   ( Fig. 13. Palio Trapo de las Brujas. S. X)

Quizás una de las mejores piezas de la serie sea el frontal de altar del monasterio gerundense de Sant Joan de les Abadesses, realizado posiblemente entre los siglos X y XI y conocido como Palio o trapo de la Brujas, samito de doble urdimbre de color amarillo y tres tramas, una roja otra verde con tendencias al negro y otra con variantes entre blanco amarillo; su iconografía presenta pavos reales afrontados simétricamente partiendo del hom central, cuyas colas se transforman en sistro, y otra hilera de animales fantásticos de cuerpo y cabeza de león, alas de águila, patas de harpía y colas de serpiente de las que surgen cabezas de pantera; clasificada inicialmente como de ascendencia siciliana atribuida ahora a talleres hispano árabes. (Fig.13)

Este tejido considerado de transición entre los Reinos de Taifas y el periodo siguiente almorávide nos sirve de cierre de este primer trabajo dedicado a los tejidos artísticos españoles que continuaremos próximamente, viendo las novedades que presentan tras la conquista de Al-Andalus por los Almorávides a partir del año 1086.